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Chile:La cultura del robo

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aut_4335Bis“Si robas 10.000, quiere decir que vales cien veces
más que aquel que gana 100 honestamente”
Vilfredo Pareto, economista, teórico del liberalismo

robo

Robar es cosa buena… robar es un arte… robar es casi una profesión, un modo de vida. Eso es lo que han estampado en la mente de millones de personas las cofradías políticas y empresariales

Ha circulado a lo largo y ancho de nuestro país el rumor, travestido en certeza a fuerza de reiteración, que “el chileno” (así, en general y al voleo) es ladrón por antonomasia y por idiosincrasia, vale decir, “por excelencia” y “por raza”.

Se cuentan historias que apuntan a la “característica delictual del chileno”, que luego llegan a lejanos territorios. Uno de esos chismes –no sé si es mito o realidad– asegura que en un supermercado sueco hay un cartel –lienzo o pizarra– donde puede leerse una frase como esta: “Si sorprendes a un chileno robando, déjalo, no lo molestes, es su naturaleza”.

Convengamos que lanzas, carteristas, monreros, escaladores, cogoteros, eran y siguen siendo la fauna que conforma desde siempre la delincuencia común, a la cual se han agregado nuevas ‘especialidades’ como asaltos a viviendas (con y sin moradores), portonazos, atracos a locales comerciales y voladuras de cajeros automáticos.

¿Ha aumentado la delincuencia común en los últimos años, o existe una percepción errada de su volumen dado que existe mayor y permanente cobertura de prensa para esos delitos?

Hace muchos años, a fines de la década de los 50 y comienzo de los 60, una radioemisora santiaguina (¿Radio Yungay?, ¿Radio Prat? ¿Radio Del Pacífico?, no lo recuerdo con exactitud) tenía un programa que se emitía pasada la medianoche y se llamaba: “La hora de la crónica roja”. Duraba casi dos horas. Allí –todos los días– se informaba de crímenes, violaciones, robos, asaltos, riñas con resultados trágicos, etc., ocurridos en el país en las 24 horas anteriores. Era espeluznante… dos horas de información periodística dedicadas exclusivamente a la crónica roja. Pero, ello era informado sólo por ese programa, en esa radioemisora y a esa hora.

Este problema de la delincuencia común no es exclusivo de estos tiempos; la diferencia radica en que ahora tales hechos son parte importante y rutinaria (excesiva) de la agenda informativa de todos los canales de televisión, diarios y radioemisoras.

En las décadas comentadas los delitos eran sancionados duramente por la justicia y por la sociedad. Hoy la cosa es diferente: la delincuencia cambió de status social y cuenta en sus filas a ‘honorables’ personajes de la política y de los negocios, de las fuerzas armadas y de la iglesia, del mundo académico y de los sindicatos, quienes, a través de leyes ad hoc aprobadas por sus cofradías políticas, le pavimentaron el camino a la nueva delincuencia.

Su delincuencia. Revestida de esa insana legalidad que se cobija bajo el paraguas de lo ‘respetable’, de lo pretendidamente ‘honorable’. Herencia y corolario de las llagas provocadas por la dictadura en materia de robos en descampado.

La cultura del robo, o nueva delincuencia, fue instaurada, inaugurada y puesta en práctica por los mismos que hoy proponen terminar con ella. Ellos no asaltan de día claro ni echan abajo a fierrazos la cortina metálica de un local comercial. No, claro que no. Son más elegantes en sus fechorías, no aplican la violencia física, pero los delitos son de mayor calado. Los robos, malversaciones, fraudes y desfalcos perpetrados por esos ‘respetables y honorables ciudadanos’ son de volúmenes cuantiosos, reiterativos, e incluso permanentes.

Quienes recibieron un mandato popular para administrar el país resultaron ser los peores delincuentes conocidos en la Historia de Chile. Es más que probable que en la tramitación y aprobación de TODAS las leyes de los últimos 10 años, algunos parlamentarios hayan cometido graves delitos, dejándose sobornar o cediendo inmoralmente a la presión de empresarios interesados en contar con una legalidad insana para seguir estafando al público y al país.

La corruptela que nos encharca no es sino la continuidad de la repartija del botín que inició la dictadura, aunque ahora se la revista de cierta “legalidad”.

Es posible llenar más de una página mencionando los casos de corrupción en los cuales hay involucrados políticos, uniformados, megaempresarios, autoridades eclesiásticas, pseudo académicos, dirigentes sindicales y toda suerte de ‘autoridades’ venales.

He aquí un listado no exhaustivo:

Venta de armas a Croacia / Traspaso de empresas fiscales a manos privadas / Ley de amarre / Caso RIGGS / Caso CHISPAS / MOP-GATE / CORFO-INVERLINK / Caso TOLDOS / Chiledeportes / PUBLICAM / Caso COIMAS / SQM / PENTA / CASCADAS / AFP’s / CAE / Colusión del Papel (o del ‘confort’) / Colusión Avícolas / Colusión de las Farmacias / Milico Gate / Panamá Papers / JOHNSON’S / CAVAL / ANFP (caso Jadue, quien llegó al cargo de Pdte ANFP apoyado por empresarios derechistas y por el mismo gobierno de Sebastián Piñera) / EXALMAR-BANCARD / Ley de Estacionamientos / DOMINGA / Paco-GATE/ etc.

Robar es cosa buena… robar es un arte… robar es casi una profesión, un modo de vida. Eso es lo que han estampado en la mente de millones de ciudadanos las cofradías políticas y empresariales. Si el patrón, si el senador, si el general, si… todos roban, ¿por qué no puedo robar yo?

Las leyes, dictadas por parlamentarios de más que dudosa probidad, apuntan a sancionar a los pobres, a los chilenos de a pie, nunca a los poderosos… y jamás a ellos mismos.

Es la “cultura del robo” en la que la ignorancia y la incultura a las que apuntan los legisladores en materias de educación, benefician la supervivencia de un sistema social y económicamente injusto, en el que el 80% de la población es mano de obra barata, desechable y fácilmente reemplazable, sin capacidad de reflexión ni de crítica.

Lo que recuerda las palabras de un cierto Karl Marx: “El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, sólo de hombres formados en un terreno ultra específico que se ciñan al sistema productivo sin cuestionarlo”.

En este esquema prosperan el robos, el narcotráfico y la corrupción. Resulta un hecho mil veces confirmado que el capitalismo no puede mantenerse como sistema sin la existencia de esas llagas. En ellas se genera y se nutre también la ‘cultura del robo’.

Una “cultura” que en nuestro país ha destapado lo peor que puede mostrar la sociedad.

No se agota en ello este drama. Cada día vamos topándonos con hechos graves que muestran el nivel de profundidad que esta “cultura” ha alcanzado. Ejemplos.

Contraloría General de la República ha detectado que 2.400 ‘autoridades’ no hicieron este 2017 declaración de intereses a tiempo, y se exponen a fuertes multas. La mayoría de esas autoridades son alcaldes y concejales, alumnos de cursos menores en la institucionalidad de la corruptela y el robo, donde los maestros frecuentan el Congreso Nacional, “la sala de profesores”.

Arturo Alejandro Muñoz

Editado por María Piedad Ossaba

Fuente:  Politika, 16 de marzo de 2017

Artículos de Arturo Alejandro Muñoz publicados por La Pluma



 

Palabras clave:Chile / cultura del robo / delincuencia común / cambio de status social / nueva delincuencia repetable / políticos / uniformados / pseudo académcios / autoridades eclesiaticas / sindicales / megaempresarios /corrupción / narcotráfico / robo / Arturo Alejandro Muñoz  

Actualizado ( Lunes, 20 de Marzo de 2017 15:37 )