La pluma dice lo que el hombre calla...

21 octubre 2017 - 11:07
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Invocaciones: Profecía

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Pier Paolo PasoliniBis“Antes de llegar a París para enseñar la alegría de vivir, antes de llegar a Londres para enseñar a ser libres, antes de llegar a Nueva York, para enseñar cómo se es hermano, destruirán a Roma y sobre sus ruinas pondrán la semilla de la Historia Antigua”.

 

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Profecía (El libro de las cruces, 1964)

A Jean Paul Sartre, que me ha contado
la historia de Alí el de los Ojos Azules

 Había en el mundo un hijo
         y un día se fue a Calabria:
         era verano, y estaban
         vacías las cabañas,
         nuevas, en forma de pan de azúcar,
         de cuentos de hadas color
         de hambre. Vacías
como pocilgas sin cerdos, en el centro huertos sin lechuga, de campos
sin tierra, de cauces sin agua, cultivadas por la luna, las campiñas.
Las espigas crecidas por bocas de esqueletos. El viento desde el Jónico
        agitaba la paja negra
        como en los sueños proféticos:
        y la luna color de hambre
        cultivaba terrenos
        que el verano nunca quiso.
        Y fue en los tiempos del hijo
        que ese amor podía
        comenzar, y comenzó.
        El hijo tenía ojos
        de paja quemada, ojos
        sin miedo, y vio todo
        lo que era mal: nada
        sabía de la agricultura,
        de las reformas, de la lucha
        sindical, de los Entes Bienhechores,
        él – pero tenía esos ojos.
       Cada oscuro campesino
       había abandonado
       esas sus cabañas nuevas
       como pocilgas sin cerdos,
       sobre áreas color de hambre,
       bajo montañitas redondas
       en vista del Jónico profético .
       Pasaron tres milenios
no tres siglos, no tres años, y se sentía de nuevo en el aire palúdico
la espera de los coroneles griegos.  Ay, ¿cuánto tiempo más, obrero de Milán,
lucharás solo por el salario? ¿no lo ves cómo estos aquí te veneran?
      casi como un patrón. 
      Te traerían
      desde su antigua región,
      frutos y animales, sus
      oscuros fetiches, para depositarlos
      con el orgullo del rito
      en tus camarotes siglo veinte,
      entre refrigerador y televisión,
      atraídos por tu divinidad,
      tú, de las Comisiones obreras,
      tú de la CGT, divinidad aliada,
      al sol seguro del Norte     En su tierra de razas
      diversas la luna cultiva
      una campiña que tu
      le procuraste inútilmente.
      En su Tierra de Bestias
      Familiar, la luna
     es maestra de ánimas  que tu
inútilmente modernizaste. Ay, pero el hijo sabe: la gracia del saber
es un viento que cambia de rumbo en el cielo. Quizás sopla ahora desde África
y tu escucha lo que por gracia el hijo sabe. Si él nos sonríe
      es porque la esperanza para él
      no fue luz sino racionalidad.
      Es la luz del sentimiento
     de África, que  de repente barre las Calabrias, ¡sea un signo
     sin significado, barriendo para los tiempos futuros! Esto es:
     Tu dejarás de luchar
     por el salario y armarás
     la mano de los calabreses

     Alí el de los Ojos Azules
     uno de tantos hijos de hijos,
     descenderá de Argél, sobre barcas
     a vela y de remos. Serán
     con él miles de hombres
     con los cuerpecitos y los ojos
     de pobres perros de los padres
sobre las barcas varadas en los Reinos del Hambre. Traerán consigo a los niños pequeños,
y el pan y el queso, en las cartas amarillas del lunes de Pascua.
Traerán a las abuelas y a los asnos, sobre las trirremes robadas a los puertos coloniales.
     Desembarcaran en Crotone o en Palmi,
     en millones, vestidos de andrajos,
     asiáticos, y de camisas americanas.
     Inmediatamente los calabreses dirán,
     como los malandrines a los malandrines:
     "¡He aquí a los viejos hermanos,
     con los hijos y el pan y el queso!"
     De Crotone o Palmi subirán
     a Nápoles, y de allí a Barcelona,
     a Salonica y a Marsella,
     en las ciudades de la Malavida.
     Almas y ángeles, ratas y piojos,
     con el germen de la Historia Antigua,
     volarán delante a las vilayas.

     Ellos siempre humildes
     ellos siempre débiles
     ellos siempre tímidos
     ellos siempre ínfimos
     ellos siempre culpables
     ellos siempre súbditos
     ellos siempre pequeños,
ellos que nunca quisieron saber, ellos que tuvieron ojos sólo para implorar,
ellos que vivieron como asesinos bajo la tierra, ellos que vivieron como bandidos
en el fondo del mar, ellos que vivieron como locos en medio del cielo,
    ellos que construyeron
    leyes fuera de la ley,
    ellos que se adaptaron
    a un mundo bajo el mundo
    ellos que creyeron
    en un Dios siervo de Dios,
    ellos que cantaron
    a las masacres de los reyes,
    ellos que bailaron
    en las guerras burguesas,
    ellos que rezaron
    por las luchas obreras...

    ... deponiendo la honestidad
    de las religiones campesinas,
    olvidando el honor
    de la mala vida,
    traicionando el candor
    de los pueblos bárbaros,
    tras su Alí
de los ojos azules - saldrán de debajo de la tierra para asesinar -
saldrán del fondo del mar para agredir - descenderán
de lo alto del cielo para robar - y antes de llegar a París
    para enseñar la alegría de vivir,
    antes de llegar a Londres
    para enseñar a ser libres,
    antes de llegar a Nueva York,
    para enseñar cómo se es hermano
    - destruirán a Roma
    y sobre sus ruinas
    pondrán la semilla
    de la Historia Antigua.
    Luego con el Papa y cada sacramento
    subirán como gitanos
    hacia el noroeste
    con las banderas rojas
    de Trosky al viento...

Pier Paolo Pasolini


Profezia
da «Alì dagli occhi azzurri»

A Jean-Paul Sartre, che mi ha raccontato
la storia di Alì dagli Occhi Azzurr

Era nel mondo un figlio 
        e un giorno andò in Calabria:
        era estate, ed erano 
        vuote le casupole, 
        nuove, a pandizucchero, 
        da fiabe di fate color 
        della fame. Vuote.
Come porcili senza porci, nel centro di orti senza insalata, di campi 
senza terra, di greti senza acqua. Coltivate dalla luna, le campagne. 
Le spighe cresciute per bocche di scheletri. Il vento dallo Jonio
        scuoteva paglia nera 
        come nei sogni profetici: 
        e la luna color della fame 
        coltivava terreni 
        che mai l'estate amò. 
.        Ed era nei tempi del figlio 
        che questo amore poteva 
        cominciare, e non cominciò. 
        Il figlio aveva degli occhi 
        di paglia bruciata, occhi 
        senza paura, e vide tutto 
        ciò che era male: nulla 
        sapeva dell'agricoltura, 
        delle riforme, della lotta 
        sindacale, degli Enti Benefattori, 
        lui - ma aveva quegli occhi.
        Ogni oscuro contadino
  
       aveva abbandonato
 
        quelle sue casupole nuove
  
       come porcili senza porci,
  
       su radure color della fame,
  
       sotto montagnole rotonde
  
       in vista dello Jonio profetico.
 
        Tre millenni passarono 

non tre secoli, non tre anni, e si sentiva di nuovo nell'aria malarica
l'attesa dei coloni greci. Ah, per quanto ancora, operaio di Milano, 
lotterai solo per il salario? Non lo vedi come questi qui ti venerano?
 
         Quasi come un padrone.
  
        Ti porterebbero su
  
        dalla loro antica regione,
  
        frutti e animali, i loro
  
        feticci oscuri, a deporli
  
        con l'orgoglio del rito
  
        nelle tue stanzette novecento,
  
        tra frigorifero e televisione,
  
        attratti dalla tua divinità,
  
        Tu, delle Commissioni Interne,
  
        tu della CGIL, Divinità alleata,
  
        nel sicuro sole del Nord.

          Nella loro Terra di razze
  
        diverse, la luna coltiva
  
        una campagna che tu
  
        gli hai procurata inutilmente.
  
        Nella loro Terra di Bestie
  
        Famigliari, la luna
  
        è maestra d'anime che tu 

hai modernizzato inutilmente. Ah, ma il figlio sa: la grazia del sapere 

è un vento che cambia corso, nel cielo. Soffia ora forse dall'Africa
e tu ascolta ciò che per grazia il figlio sa. Se egli poi non sorride
  
        è perchè la speranza per lui
 
        non fu luce ma razionalità.
  
        E la luce del sentimento
  
        dell'Africa, che d'improvviso
  
        spazza le Calabrie, sia un segno
  
        senza significato, valevole
  
        per i tempi futuri! Ecco:
 
         tu smetterai di lottare
  
        per il salario e armerai
  
        la mano dei Calabresi.

          Alì dagli Occhi Azzurri
  
        uno dei tanti figli di figli,
  
        scenderà da Algeri, su navi
  
        a vela e a remi. Saranno
  
        con lui migliaia di uomini
  
        coi corpicini e gli occhi
  
        di poveri cani dei padri
sulle barche varate nei Regni della Fame. Porteranno con sè i bambini, 
e il pane e il formaggio, nelle carte gialle del Lunedì di Pasqua.  

Porteranno le nonne e gli asini, sulle triremi rubate ai porti coloniali.
 
         Sbarcheranno a Crotone o a Palmi,
  
        a milioni, vestiti di stracci
  
        asiatici, e di camicie americane.
  
        Subito i Calabresi diranno,
  
        come da malandrini a malandrini:
 
        «Ecco i vecchi fratelli,
  
        coi figli e il pane e formaggio!»
 
         Da Crotone o Palmi saliranno
  
        a Napoli, e da lì a Barcellona,
  
        a Salonicco e a Marsiglia,
  
        nelle Città della Malavita.
  
        Anime e angeli, topi e pidocchi,
  
        col germe della Storia Antica
  
        voleranno davanti alle willaye.

          Essi sempre umili
  
        Essi sempre deboli
  
        essi sempre timidi
  
        essi sempre infimi
  
        essi sempre colpevoli
  
        essi sempre sudditi
  
        essi sempre piccoli,
essi che non vollero mai sapere, essi che ebbero occhi solo per implorare,  

essi che vissero come assassini sotto terra, essi che vissero come banditi 
in fondo al mare, essi che vissero come pazzi in mezzo al cielo,
 
         essi che si costruirono
  
        leggi fuori dalla legge,
  
        essi che si adattarono
  
        a un mondo sotto il mondo
  
        essi che credettero
  
        in un Dio servo di Dio,
  
        essi che cantavano
  
        ai massacri dei re,
  
        essi che ballavano
  
        alle guerre borghesi,
  
        essi che pregavano
  
        alle lotte operaie...

          ... deponendo l'onestà
  
        delle religioni contadine,
  
        dimenticando l'onore
  
        della malavita,
  
        tradendo il candore
  
        dei popoli barbari,
  
        dietro ai loro Alì
dagli Occhi Azzurri - usciranno da sotto la terra per uccidere“ 
usciranno dal fondo del mare per aggredire - scenderanno 
dall’alto del cielo per derubare - e prima di giungere a Parigi
  
        per insegnare la gioia di vivere,
  
        prima di giungere a Londra
  
        per insegnare a essere liberi,
  
        prima di giungere a New York,
  
        per insegnare come si è fratelli
 
        - distruggeranno Roma
  
        e sulle sue rovine
  
        deporranno il germe
  
        della Storia Antica.
  
        Poi col Papa e ogni sacramento
  
        andranno su come zingari
  
        verso nord-ovest
 
         con le bandiere rosse
  
        di Trotzky al vento...

iPier Paolo Pasolini

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).

Fuente: APU (Agencia Paco Urondo) Relámpagos, 3 de marzo de 2017

 

Palabras clave:profesía / El libro de las cruces / Pier Paolo Pasolini  

Actualizado ( Domingo, 05 de Marzo de 2017 03:24 )