La pluma dice lo que el hombre calla...

12 diciembre 2017 - 10:01
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¿Un "terrorista despreciable"? Un pueblo beduino en el sur de Israel llora a su maestro querido

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aut_71BisLa reciente demolición de casas del poblado beduino de Umm al-Hiran, en el desierto del Negev, para la construcción de un nuevo poblado judío, que ha ocasionado la muerte de un policía y de un profesor beduino, ha indignado a la comunidad palestina en Israel y a sectores significativos de la comunidad hebrea, que se han solidarizado con ellos.

Pocos días antes, había tenido lugar una huelga de la comunidad árabe en Israel contra el recrudecimiento de la política de demoliciones y la construcción de nuevos asentamientos, una manifestación en Wadi Aras y una caravana de coches de Kalansua a la Knesset. Al amparo de la impunidad que cree tener en la Administración Trump, el gobierno Netanyahu sigue aplicando un programa de extrema derecha que amenaza ahora a un sector de los ciudadanos de Israel, la comunidad árabe palestina, dentro de la “línea verde”. (Sin Permiso)

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Yakub

 

Raba al-Kiyan deambula entre las ruinas. Anda en silencio, sola, sin emitir un sonido. Una mujer en un vestido tradicional y una sudadera de color rosa desteñido que camina en silencio en la arena del desierto entre los restos de su casa, su mirada herida y abatida. Así es como recuerda sus últimos momentos con Yakub, dice su sobrino, Akram, que estudia medicina en Moldavia. Su hermana, Shifa, cuenta que se despertó a las 4 de la mañana del lunes, el día que fuimos a visitarla, y la encontró sentada junto al fuego, triste.

La misma Raba casi no ha hablado desde la tragedia de la última semana. Los signos del shock son evidentes. Está de luto por su marido.

A pocos kilómetros de distancia, en el patio de una casa de piedra decorada en la ciudad de Hura, otra mujer, Amal, también está de luto por su marido. Estaba casada con el hermano de Abu Yakub al-Kiyan, que murió hace unos años de una enfermedad; siguiendo una tradición abominable, se casó inmediatamente con Yakub y se trasladó a la casa de su suegra con él. En el patio, que está lleno de mujeres que han venido a consolarla, Amal habla en voz baja acerca de la persona que fue su segundo marido.

Amal. Foto Eliyahu Hershkovitz

Amal es una mujer impresionante, independiente. Se convirtió en profesora de la Kaye Academic College en Beer Sheva a la edad de 24. Su primer marido fue el primer beduino en Israel que obtuvo un Doctorado en Química. Ella misma tiene un doctorado en pedagogía de la Universidad Ben-Gurion en Beer Sheva. Su tesis fue sobre la enseñanza de la ciencia y la medicina, en especial sobre la manera de enseñar a la gente las implicaciones genéticas de matrimonio entre parientes en la sociedad beduina. Con seis niños de sus dos maridos, Amal ahora dirige el programa de formación de maestros de preescolar de la comunidad beduina en el Colegio Kaye. Tiene 42 años; Yakub tenía 47.

El martes pasado, el día antes de su muerte, Yakub llegó a su casa en Hura por la noche y le dijo a su madre y esposa que se había alcanzado un acuerdo para las casas de la familia en Umm al-Hiran que estaban señaladas para la demolición. "No se preocupe", le dijo a su madre, "vamos a firmar en breve". Otros en el pueblo también han dicho esta semana que tenían la impresión de que se estaba cerca de alcanzar un acuerdo sobre todas las casas afectadas . Ahora están convencidas que las autoridades les tendieron una trampa, para calmarlos antes de que los equipos de demolición comenzaran su trabajo. Amal también recuerda que cuando empezaron las obras de la nueva comunidad judía de Hiran, planificada sobre las ruinas de su pueblo , Yakub le dijo: "No podemos hacer nada. Los obreros sólo están haciendo su trabajo".

Umm Al Hiran, 18 de enero de 2017. Foto Menahem Kahana/AFP

En la última noche de su vida, Yakub salió de la casa en Hura a las 11 pm - sus hijos ya estaban durmiendo - y volvió a su casa en Umm al-Hiran. Le dispararon matándole a la mañana siguiente antes del amanecer unos agentes de policía que afirmaban que deliberadamente atropelló y mató a su compañero Erez Levi . El ministro de Seguridad Pública a etiquetado a Yakub como "terrorista" y el comisionado de policía lo calificó de "terrorista despreciable."

Nadie en Umm al-Hiran cree que Yakub Abu al-Kiyan tuviera la intención de matar al policía. Su cuñada, Shifa, lo vio en el lugar cargando su ordenador, televisor y unos cuantos efectos personales más en su nuevo jeep Toyota para evitar su destrucción, y luego empezó a conducir alejándose, lentamente. Una persona que protege su propiedad no está a punto de embestir a nadie con su coche, nos señalaron cuando les visitamos.

Subió por la pendiente de arena que comienza en su casa hasta que el jeep se detuvo, donde la policía estaban de pie – a sólo unas pocas docenas de metros de distancia. Mientras conducía, la policía le disparó, posiblemente antes de que atropellase a nadie. Salim Abu al-Kiyan , el cuñado de Yakub y uno de los dirigentes de Umm al-Hiran, que nos hospedó en su casa hace dos años y medio en el momento álgido de la lucha por la suerte del pueblo, escuchó la bocina sin parar de Yakub. La bocina quizás sonó cuando cayó sobre el volante, herido, o tal vez la tocó deliberadamente. Si tocas la bocina, no estás a punto de atropellar a nadie, dice Salim.

Una tristeza opresiva flotaba en el aire sobre Umm al-Hiran esta semana. El cuerpo del fallecido aún no había sido devuelto por las autoridades para el entierro - que tendría lugar el día siguiente - las ruinas del pueblo se amontonan como un monumento, y en dos grandes tiendas de campaña que se levantaron en medio de las ocho casas demolidas, las mujeres y los hombres se sentaron por separado, en duelo por Yakub y su pueblo diezmado.

Una joven pareja de Nazaret trajo mantas, productos higiénicos y cosméticos para la tienda de las mujeres en su pequeño coche. "Es lo menos que podemos hacer", dijo el hombre.

El padre de Yakub, que tiene unos 100 años y vive en Umm al-Hiran, fue testigo de los derribos de las casas y de la muerte de su hijo. Le han llevado a un médico. La madre, Sarah, que tiene aproximadamente 80 años, se sentó en su casa en Hura y lamenta la muerte de su hijo. "¿Es legal matar de esa manera?", pregunta. Hussam, el hijo de Yakub, que estudia medicina en Odessa, llegó a tiempo para el funeral de su padre, que tendrá lugar al día siguiente, martes. Su hermano, Nur, es un estudiante de la Facultad de Ingeniería Sami Shamoon en Beer Sheva.

La cajera de la tienda -gasolinera en el cruce de Hura, Jihad Abu al-Riash, nos habla del profesor de matemáticas que admiraba. Yakub era el maestro de Jihad en el Instituto Isaac Rabin para las clases 10 y 12. E incluso después de graduarse, el profesor de matemáticas la ayudó a decidirse estudiar contabilidad. En los últimos años, Yakub había enseñado en otra escuela en Hura.

Nos acompaña en Umm al-Hiran el activista Haya Noah, que ha estado ayudando a la beduinos del Negev de manera totalmente comprometida en sus luchas de muchos años. Todo el mundo en el pueblo es de la familia Kiyan.

Salim, cuyo salón rosa visitamos la última vez que estuvimos aquí - su casa aún no ha sido demolido – está sobreexcitada.

"Lo que sucedió aquí es una guerra", dice. "Vinieron a matar. Querían que nuestros hijos se despertasen con el sonido de los disparos. Después de haber pagado con [la vida de] Yakub, no tenemos nada que perder. Nuestra situación no es mejor que la situación de Yakub. Ahora estamos perdidos".

Salim y otros residentes locales cuentan que escucharon a Yakub decir que si su casa fuese demolida, dejaría el pueblo para no tener que ver las ruinas, y que en ningún caso había que recurrir a la violencia, por temor a más derramamiento de sangre. "Si van a demoler la casa, al menos que nadie salga herido. Esas fueron sus palabras", recuerda Salim. Cuando cientos de policías allanaron el pueblo al amanecer, Salim llamó a Yakub y le sugirió que retirase su vehículo nuevo ( "lo acababa de estrenar") para que no lo dañasen. Esa fue su última conversación. Poco después, Salim escuchó los disparos.

Puntualiza que, al ser un empleado del Ministerio de Educación, Yakub evitaba estar en la vanguardia de la lucha por el futuro de su pueblo. "Si hubiera sospechado de la planificación de un acto terrorista, habría sospechado antes de mí que de él. Todo el Negev dirá lo mismo. Y así lo harán los maestros del Norte y del Triángulo que lo conocieron. Simplemente lo hemos perdido. Le dije al comisionado de la policía: Usted demolió nuestros hogares, eso no me preocupa. Pero ¿asesinar a alguien a sangre fría cuya ausencia todo el mundo sentirá? ¿matar a un policía que también tiene una esposa e hijos y una familia y echarnos la culpa a nosotros? ¿llamar a alguien un "terrorista despreciable”? Le digo, comisionado, ni usted ni yo ni ningún ministro del gabinete es más digno de respeto que ese hombre".

Yakub tenía 13 hijos, 10 de Raba y tres de Amal. Después de casarse con Raba, se fue a Alemania a estudiar medicina, pero regresó después de un año.

Umm al-Hiran, 25 de enero de 2017. Foto Alex Levac

En el borde de Umm al-Hiran, las autoridades han levantado una valla para ocultar las obras de construcción de la nueva ciudad de Hiran, que se erguirá sobre las ruinas del pueblo beduino creado hace 62 años. Cuando lo visitamos nos dijeron que los niños no han ido a la escuela esta semana como consecuencia de la conmoción, y porque sus mochilas, libros de texto y cuadernos fueron aplastados por las excavadoras, junto con el resto de las propiedades perteneciente a las ocho viviendas en la parte occidental de la localidad. A los residentes ni siquiera se les permitió salvar nada antes de arrasar sus casas.

"Compartimos el dolor por el policía muerto y el dolor de su familia", dice la cuñada de Yakub, Akla, cuya casa también fue destruida. Su hijo, Akram, el estudiante de medicina en Moldavia, añade, "creo que no hay ningún lugar que ame más que este, donde nací y crecí."

En Hura, la viuda, Amal, lamenta su pérdida. "No entiendo cómo hemos llegado a esto", dice. "Nunca imaginé que iban a venir para demoler y utilizar munición real con el fin de matar. Esta no es la primera vez que han venido a demoler. A veces la violencia se desata después de que ocurra, pero ¿disparar con munición real desde el primer minuto? No tengo ninguna explicación para eso. Sé que Yakub le dijo a su madre: "Si van a demoler la casa, me voy."

"Quiero decirle al pueblo de Israel que despierte", dice Amal. "No queremos llegar a una situación en la que nos convirtamos en enemigos. Nuestro destino - al igual que el destino de Yakub o el destino del policía - es vivir en el mismo suelo, en la misma tierra, y es obligación de cada gobierno santificar la vida humana".

A Yakub le gustaban las ovejas. Tenía un pequeño corral - ahora también destruido - en el que las criaba, junto a su casa en Umm al-Hiran. Yakub se sentía más cómodo con las ovejas, dice Amal. Le gustaba su silencio.

Todos sus recuerdos han sido enterrados en Umm al-Hiran: su álbum de boda y las fotos de la ceremonia de la universidad en la que se le concedió el título de doctora y fotos de familia irremplazables, los recuerdos de su vida con los dos hermanos con los que estuvo casada y que están ya muertos.

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Lo que queda de Umm al-Hiran. Foto Alex Levac

Gideon Levy جدعون ليفي גדעון לוי

Original: Despicable terrorist? Bedouin village in Israel's south mourns a beloved teacher

Traducido por Enrique García

Traductions disponibles : Français 

Fuente : Tlaxcala, 7 de febrero de 2017


 

 

 

Palabras clave:Yaqub Musa Abu Al Kiyan | Umm Al-Hiran | Pueblos beduinos no reconocidos | Negev | Ocupación sionista | Palestina/Israel | Gideon Levy جدعون ليفي גדעון לוי  

Actualizado ( Martes, 14 de Febrero de 2017 23:15 )