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24 septiembre 2018 - 04:18
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Una lectura de Los Riberas de Briceño Iragorry

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Julio BoromeBisA través de la Historia de Venezuela podemos comprobar la permanencia de los conflictos sociales, más o menos visibles según la época. Podemos comprobar, igualmente, esa presencia en los cambios o alteraciones del orden político conocido. Podemos, finalmente, deducir que la sociedad venezolana de finales del siglo XIX y del siglo XX es la oposición, la renovación y la transformación de dicha sociedad y de su proceso histórico.

Los temas fundamentales interpretados por Mario Briceño Iragorry en ese devenir —valores, educación, cultura, historia, estética, crítica, pueblo, soberanía, petróleo, independencia, patria chica— están analizados en Los Riberas(1952). Nuestra intención es poner de relieve, la relación concreta entre la historia, la sociología y la cultura, en la oposición y el conflicto que de ahí derivan, la sociedad venezolana se manifiesta en tanto idea, movimiento y desarrollo, desplegada en las diversas formas culturales de donde emana el vínculo y las contradicciones más profundas del ser venezolano.

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Mario Briceño Iragorry escribe un extenso « retablo novelado »donde narra el nacimiento, el auge y la decadencia moral de una familia de los Andes venezolanos. Esta familia con pasado agrícola y genealogía colonial olvida su lugar de origen por el encanto del poder en la Venezuela gomecista.

El recurso de narrar la evolución social de la familia Ribera, dentro de ese sentido dominante, se puede efectuar con miras críticas: para levantar un diagnóstico de la decadencia de una familia provinciana o para denunciar las formas de penetración extranjera o el proyecto de entrega del país a las concesiones petroleras y al capital foráneo. También para interpretar episodios históricos a través del pathos del sentido de la unidad e integración nacional, y por supuesto, el contraste, siempre manifiesto en la obra de Briceño Iragorry, de la transición de la Venezuela decimonónica, regida por la economía del café y la Venezuela emergente caracterizada por la cultura del petróleo.

Además de pronunciarse moralmente, de desentrañar las causas de la crisis de la sociedad venezolana del siglo XX, Briceño Iragorry traza acciones, pasiones y retratos de personajes representativos cuyas personalidades encarnan subjetividades, tipologías y discursos. Descubrir en la historia social de Los Riberas la crisis de pueblo es describir el materialismo, la formación de la burguesía criolla, el olvido de la tierra, la sustitución de lo nacional por las culturas foráneas; tal es, en general, el sentido mismo de la filosofía del progreso. Esta búsqueda del materialismo de la sociedad opulenta venezolana se fundamentaba en la convicción de estar viviendo en el cenit de la marcha de las tendencias europeizantes y estadounidenses. En ese mismo contexto argumental del progreso, Briceño Iragorry habla de la necesidad de interpretar la novedad como expresión de la modernización del país, en calidad de legitimar un proyecto de colonización como principio ductor del capitalismo mercantil.

II.

Mario Briceño Iragorry describe en Los Riberas tipos burocráticos encarnados en personajes que detentan poder, dominio, conductas y acciones. Alfonso Ribera sostiene un discurso instrumental al servicio de la razón burocratizada. Necesitamos tan sólo reconocer la sucesiva transformación de Alfonso Ribera de comerciante provinciano a empresario moderno para entender lo que puede llegar a ser objeto de anclaje de dicha razón y de los valores que han sido creados y asimilados rápidamente por un sujeto que emplea una catarsis de la memoria para quitarse de encima los ancestros y obtener una inocencia de acciones y prácticas políticas consustanciadas a las nuevas realidades del país.

Alfonso Ribera revela e intensifica una creciente insensibilidad hacia los aspectos sociales del pueblo y una creciente indiferencia hacia las necesidades de las grandes mayorías explotadas. Él es el exponente y el guardián de una razón burocratizada y la función de su estructura constituida en torno a los modos del capitalismo ha sido la de promover y cuidar dichos antivalores: el individualismo y el egoísmo, y dar continuo testimonio, en símbolo y doctrina de la cultura foránea. Tales aspectos reconocidos y manejados por el gobierno de Gómez deben ser sustento de la burguesía y deben buscar su origen en las relaciones de poder entre lo que es un acontecimiento histórico (la explotación del petróleo) y lo que prescribe la injerencia de las potencias extranjeras (pueblo-dependiente-colonizado).

Hacia el Nosotros

Mario Briceño Iragorry expone en la novela la evolución social y política de las clases dominantes porque el poder tiene sentido solamente con referencia a un fin más allá de sí mismo para cual es el medio. En este sentido, el poder de la familia de los Riberas es el poder de una clase social amparada por las redes burocráticas del Estado y los negocios ilícitos dependientes del manejo oscuro de la política. Y todo aumento de relaciones de poder es un aumento de la clase burguesa y de su patrimonio; puesto que dichas relaciones son realmente una dimensión de la acción política y sin ella un incremento de la clase dominante es insignificante. Briceño Iragorry escribe un «retablo novelado» donde describe los medios por los cuales la familia Ribera llega al poder, y desde el privilegio de clase, traza los destinos del país a conveniencia de los factores del capital extranjero y de la burguesía criolla.

Sin embargo, Mario Briceño Iragorry desliza por entre los pliegues de su historia, la resistencia, la poesía, las esperanzas y las acciones de las grandes mayorías explotadas, aunque solo las hayamos escuchado en sus silencios, dolores y tristezas. Las acciones del pueblo bajo el gomecismo son, de este modo, las realizaciones de una posibilidad, y como tal son elecciones históricas. Aun cuando Briceño Iragorry decide narrar la evolución de la familia burguesa, desentraña las posibilidades de transformación del pueblo en condiciones de opresión, persecución y exclusión sociales. Detrás del artificio, de las apariencias, del lujo y de las banalidades del progreso, del relajamiento de las costumbres, de la inconsistencia moral, del complejo vasconceliano que con la sangre del extranjero mejorará la raza venezolana, del olvido de la tierra, de las falsas escrituras, de los vicios mercantilizados, del robo, de la recluta, de la destrucción y no la comprensión de la naturaleza y del patrimonio cultural, está lo auténtico y originario: «Lo nuevo es el pueblo y hacia él deben dirigirse las voces de los representantes de la cultura»

En este sentido, Briceño Iragorry invierte el sentido del paradigma de la ideología foránea, de la función colonizadora de los signos culturales y de la clase burguesa dirigente de los destinos de la nación para dar significado a los valores nutricios del pueblo y a la exigencia pedagógica dirigida hacia los intereses nacionales radicados en el pueblo. Para ello, Venezuela necesita «hombres honestos, con voluntad de ampliar los valores humanos». Estos valores hay que buscarlos en la construcción creadora y afectiva del nosotros, y no en los reductos individualistas y egoístas de un Alfonso Ribera, representante de una clase social destinada a celebrar su conciencia xenofrénica y ser ellos mismos testimonios de un paradigma filosófico, político y económico agotado. Don Mario confirma esta filosofía anticartesiana en La hora undécima(1956): «¿No produce acaso nuestra conducta el efecto sombrío de que no hubiésemos superado aún el individualismo anárquico del yo, del tú, de él, negados, en consecuencia, a la realización fecunda de un nosotros como deber moral cargado de todos los frescos y fecundos valores de lo humano?

Julio Borromé*

Los Riberas

 

La voz antigua de la tierra: Los Riberas, de Mario Briceno-Iragorry (Coleccion Anauco. Letras venezolanas) (Spanish Edition) (Spanish) Paperback – 1993

 

Julio César Barromé (Varela, Venezuela 1970); Poeta, ensayista y promotor cultural. Cursó estudios de Lenguas y literaturas clásicas en el núcleo de Mérida de la Universidad de los Andes. Ha colaborado como articulista en diversas revistas y periódicos Ha publicado los poemarios Tiempos de pájaros dormidos (2002) y Genealogía del bosque (2010), ganador de la primera bienal Manuel Felipe Rugeles. Ha publicado los libros de ensayos Salmos al exilio (ganador del Concurso Certamen de las Artes y las Letras convocado por la Fundación editorial El perro y la rana (2006) y Escritos desde el monasterio ( de libros, lectores y cultura, 2009

Fuente: Letras CCS, suplemento literario del Diario Ciudad CCS, AÑO 6 / NÚMERO 308 DOMINGO 18 DE SEPTIEMBRE DE 2016

 

Palabras clave:Los Riberas  Mario Briceno-Iragorry  Venezuela  proceso histtórico  permanencia  conflictos sociales  cambios/alteraciones  orden político  sociedad venezolana  oposición  renovación  transformación  alteridad  Julio Borromé  

Actualizado ( Domingo, 18 de Septiembre de 2016 17:31 )  

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