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Lecciones de Godofredismo en 343 páginas

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Juan Manuel RocaIba a decir unas palabras sobre el excelente libro de humor satírico de Antonio Morales, “Godofredismo”, pero al momento de zambullirme en la pantalla y por argucias de algún chuzógrafo (cabe recordar qué profesión tan prestigiada fue la chuzografía en los dos cuatrenios anteriores), ocurrió lo que de seguro ya imaginan: alguien se coló en mi correo y deslizó con seguridad casi democrática esta carta enviada por el mismísimo Godofredo Cínico Caspa. Les comparto entonces esta pieza memorable:

Antonio Morales

Antonio Morales

“Por ahí dizque anda de mano en mano, manos apátridas sin recato, un folletín escrito por un espurio y desgualetado periodista en el que me veja a mí, Godofredo Cínico Caspa y en mi noble humanidad a todos los Godofredos que amamos en tres tiempos la bandera azul, la patria y el chocolate con queso. Cuando me vejan, me befan, me escrupulan, me empequeñecen, también vejan, befan, escrupulan y empequeñecen a todos los Godofredos de la Colombia inmortal. Lo hacen, a fe, porque amamos Convivir con nuestro glorioso pasado, con Laureanos y Marianos, hombres de cromagnon de nuestra sacra doctrina que anunciaban con clarines el ubérrimo advenimiento de Uribe, el grande.

Loado sea ese hombre sano de mente y más sano de cuerpo, un portento mental al que nunca, ni en las peores endemias, se le bajan las autodefensas.

El insolente de marras se atreve, como lo hizo un calanchín circense llamado Jaime Garzón, que Dios lo tenga en la paila mocha con Gabo, como dijera una grandiosa pensadora, a lanzar su desafinado cuac empastado, su anarcocantaleta contra mis pares, contra la legión mariana de los Godofredos viriles y bien bragados, forrados en Cristo.

A un insigne creador de pirotecas, que echó al fuego eterno un bulto de libros inmundos como el de Morales, habría que rogarle en un exorcismo ritual, que quemara también ese volumen relapso, y ojalá los atizara con algunos otros de Iván Cepeda, de Alfredo Molano y otras hierbas indeseadas, de su misma laya sediciosa.

No es otro el propósito del levantisco Antonio Morales que avalar la horrible asonada contra la guerra, que avalar la indeseable vesania de la paz. A los bandidos y a los execrables defensores de los derechos humanos no hay, padre nuestro, que avalarlos, hay que abalearlos como bien se lo merecen.

Celebren su aquelarre. Nada se me oculta, mequetrefes. Se que se reunirán a ecuchar música de negros en una Casa de Citas y a darle palmaditas al zángano señor Morales. ¡Sé que el castro-chavismo baila mambo y hasta hace cabriolas con una pollera que, ideológicamente, para ellos tiene que ser “colorá”!

Los que celebra su libraco son los descarados impulsores de la paz. Gentes sin heráldica ni señorío que nos concitan a los auténticos adalides del nacionalismo a practicar el tiro al blanco de la paz. Ya nuestros heroicos defensores, en otras calendas ejercieron su tino en las siluetas móviles de unos que se decían unidos y se decían patrióticos.

No olvidemos que la realidad es de facto y el poder para no soltarlo. No olvidemos que a nombre de la objeción de conciencia quieren desvalijar nuestro glorioso ejército, ¡oh júbilo inmortal!

Invito a los hombres probos del país, que no son los debiluchos agremiados en el pandemonium LGBT ni mucho menos fantoches que joroban todo el tiempo por el deterioro ambiental, cuando son ellos los que tornan el aire mefítico, intolerable, a que no acepten ni regalado el folletinesco libro perversamente titulado “Godofredismo”. O qué caray, que lo reciban pero lo pongan de inmediato en las manos ígneas del procurador.

Queremos que el país siga bien, tal y como va, y que no nos vengan con las argucias y madedicencias de la paz. Queremos que el país siga como en los versos recamados de Silva, viviendo una noche toda llena de chanchullos y de música de balas.

Ya lo saben, copartidarios, nada de dudar de nuestros principios frente a los bárbaros, además los principios hay que dejarlos para el final. Nuestro lema seguirá siendo: que mi mano derecha no sepa lo que hace mi otra mano derecha. Godofredos de todos los países, ¡uníos! Amén.

Atentadamente, Godofredo Cínico Caspa, doctor del bien decir y árbitro de la elegancia.

Juan Manuel Roca par La Pluma, 28 de noviembre de 2015

Editado por María Piedad Ossaba

Godofrodismo Grande

Godofredismo

Morales Riveira, Antonio

ISBN: 978-958-717-166-2
editorial: Alcaldía Mayor de Bogotá D.C. - Secretaria General
categoría: Tratamiento histórico y de personas del periodismo
año de edición: 2014-10-01
idioma: Español

NdE:

Periodista, antropólogo, escritor e investigador, Antonio Morales Riveira es, además, el creador del mítico personaje Godofredo Cínico Caspa, interpretado por su entrañable amigo Jaime Garzón. Morales ha sido galardonado varias veces con el premio Simón Bolívar, el India Catalina, el Premio Nacional de Cuento y el Premio Nacional de Periodismo del CPB. Morales considera que la sátira “es la profundidad de la reflexión sobre la cotidianidad. La sátira se construye desde la Grecia del siglo V y del siglo de Pericles. Todo pasa por la sátira, y el poder es el objeto fundamental de la sátira. La delicia de la sátira se consuma cuando le pega al poder, no se convierte en sátira, sino en alegría y emoción total.” Agrega que “para estructurar y diseñar el personaje de Godofredo Cínico Caspa, dice haberse inspirado un poco en un perfil general de lo que puede ser un conservadurismo extremo en el país; pero también le interesaba mucho la figura de un personaje de la política colombiana que se llama Telésforo Pedraza y de un tío segundo suyo, ya fallecido, que era un abogado, no godo ni tan de extrema derecha, sino un abogado liberal, que tenía el tono en la mirada, en la presencia, en la manera de vestir y hasta en el corbatín, igualitico a Godofredo; era un pariente lejano, de otras generaciones. Esas dos personas le dan origen a Godofredo, al que luego alimentó de toda la carga ideológica del Conservatismo en Colombia durante tantos años de historia.” La dos Orillas

Juan  Manuel Roca (Medellín, 1946). Poeta, periodista, ensayista. Coordina, desde hace 17 años, uno de los talleres de poesía que ofrece la Casa Silva. En 1997 la Universidad del Valle le otorgó el título Honoris Causa en Literatura. Ha obtenido varios premios nacionales de poesía (Premio Eduardo Cote Lamus y Universidad de Antioquia); de periodismo (Premio Simón Bolívar) y de cuento (Universidad de Antioquia). Dirige el periódico cultural La sangrada escritura. Ha realizado libros en compañía de artistas plásticos como Augusto Rendón, Antonio Samudio, Fabián Rendón, José Antonio Suárez, Darío Villegas y Patricia Durán. Libros publicados: Memoria del agua (1973); Luna de ciegos (1975); Los ladrones nocturnos (1977); Señal de cuervos (1979); Fabulario real (1980); Antología poética (1983); País secreto (1987); Ciudadano de la noche (1989); Luna de ciegos -antología- (1990); Pavana con el diablo (1990); Prosa reunida (1993), Lugar de apariciones (2000); Los cinco entierros de Pessoa (2001) y Arenga del que sueña (2002), Cartografía memoria (ensayos en torno a la poesía) (2003), Esa maldita costumbre de morir (novela) (2003). Acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía 2004 del Ministerio de Cultura.

Colaborador de La Pluma.net.


Textos y poemas de Juan Manuel Roca Publicados en La Pluma:

Alberto Rodriguez Tosca, un álbum en la memoria

El vuelo de La Pluma

Poema sin fecha de vencimiento

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Álvaro Mutis, Las tierras bajas (Bogotá, 1923-México 2013



Palabras clave:Colombia  Literatura  Sátira  Poder  carga ideológica  Godofredismo  Godofredo Cínico Caspa  conservadurismo extremo Jaime Garzón  Antonio Morales  Juan Manuel Roca  

Actualizado ( Domingo, 29 de Noviembre de 2015 23:54 )  

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