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¿Con qué autoridad moral pondrán a la humanidad de nuevo en guerra?

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"Cuál es más de culpar

aunque cualquiera mal haga,

el que peca por la paga

o el que paga por pecar"

Sor Juana Inés de la Cruz[1]

Porque el pedazo de planeta que me vio nacer se llama Colombia, debería estar reflexionando sobre cuanto pasa en este exuberante, rico y afligido territorio; sé que los campesinos y otros gremios rebasaron el nivel de tolerancia y ante el cinismo de un sistema económico que pone en jaque la dignidad humana, hoy realizan diferentes expresiones de protesta. Soy solidaria: para mi familia compro productos colombianos por ejemplo, y expreso en el lenguaje natural cuanto he aprendido en la academia, para que la gente de a pie pueda participar a conciencia en la construcción de una sociedad diferente. Sin embargo elijo reflexionar sobre lo que se juega la humanidad en Siria.

Viene a mi recuerdo la invasión a Irak. El intimidante estribillo después del 11 de septiembre de "lucha contra el terrorismo" y el amenazante anuncio de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak... En consecuencia dolor y drama, más una nueva forma de presentar las noticias, aproximadamente brutal, para que anide el miedo, estado propicio para dominar. Recuerdo también la extraña muerte del científico David Kelly... Luego los anuncios de la inexistencia de dichas armas; los intereses económicos, con nombre propio, para no llamarnos a ingenuidades, creyeron embaucar a la comunidad humana que, a sabiendas de la estupidez, no puedo hacer nada ante las reales armas de quienes prevenían contra el terror.

10 años después se crea otro enemigo. Sin cambiar la formula se nos viene anunciando peligrosidad y, sin poder tener la certeza de la utilización de sustancias químicas por parte del gobierno sirio contra su pueblo, el gobierno de Estados Unidos y algunos otros gobiernos cortesanos, asumen la función planetaria de defensores del pueblo, refiriéndose a la tragedia como una masacre indiscriminada y una obscenidad moral. Vale la pena hacer hincapié en el asunto de la certeza pues a juzgar por la experiencia (en Colombia aprendimos a dudar, cuando los llamados “falsos positivos” nos hicieron espabilar), los medios de comunicación nunca nos van a entregar certezas; quizá verdades a medias que suelen ser más peligrosas que las mentiras enteras.

Es una masacre indiscriminada y una obscenidad moral el hecho de que haya comunidad humana padeciendo o muriendo de hambre y desnutrición -el Sol alumbra a todos-; es una masacre indiscriminada y una obscenidad moral que haya pueblos impedidos de vivir en sus territorios, porque tienen bajo sus pies riquezas que ansían los bancos u otros pueblos; es una masacre indiscriminada y una obscenidad moral que a pesar de los avances científicos para mejorar la calidad de vida y la salud, haya personas que mueren porque no tienen dinero para pagar esos servicios; es una masacre indiscriminada y una obscenidad moral que hombres jóvenes vayan al campo de batalla, cuando podían estar expresándose en alguna de las bellas artes, o disfrutando de la familia, de los deportes, del amor y de la academia.

Estoy convencida que lo anteriormente mencionado ofende la conciencia de la humanidad; vulnera derechos fundamentales por lo cual se les ha dado la categoría de delito, es decir, son delitos de lesa humanidad. Dado que el gobierno sirio hubiera cometido la masacre, ¿que decir de lo enumerado en el párrafo que precede éste por donde ahora están pasando sus ojos?

Es de repudiar la muerte cuando acontece porque otro alguien decide que cese una vida y por supuesto el repudio se hace extensivo al sufrimiento. Ahora bien, como el acontecimiento o masacre indiscriminada con su característica de obscenidad moral fue ocasionado con sustancias químicas, parece pertinente esculcar un poco el asunto.

Las sustancias químicas pueden ser fabricadas por la naturaleza o por la especie humana. Algunas de las primeras pueden ocasionar daño; baste recordar la condena a muerte de Sóçrates, el filósofo que debió beber cicuta, sustancia proveniente de un grupo de plantas muy venenosas. Pero muchas otras sustancias químicas dan energía a toda la comunidad animal, incluida la especie humana, como es el caso del trigo, de las papas... ¡hasta de la leche! pues la vaca o la cabra han comido pasto para transformarlo en ese líquido nutricio.

Como fue mencionado anteriormente, existen también sustancias elaboradas por la especie humana, dado que la finura de su cerebro le permite indagar, analizar y transformar. Tales sustancias son extrañas a la naturaleza, razón por la cual se les denomina xenobióticas; una vez ingresan al ecosistema tardan en ser asimiladas puesto que éste no halla la forma de hacerlo.

A su vez cabe, tanto para las sustancias químicas naturales como para las sustancias químicas xenobióticas, que los organismos vivos pueden relacionarse con ellas; si la cantidad supera la capacidad de asimilación en un momento determinado, entonces se habla de reacción aguda; pero si se está expuesto a la sustancia repetidamente y por tiempo prolongado, se denomina reacción crónica; en este caso puede suceder que los efectos sean tan distantes en términos de tiempo, que parezca difícil relacionar el efecto con la causa.

Disiento de quienes tengan la autoría de la masacre realizada en Siria con sustancias químicas; pero disiento también de aquellos que hablan de masacre indiscriminada y de obscenidad moral, cuando quienes en esos términos se expresan, han hecho exactamente lo mismo que están criticado. ¿Tendrán autoridad moral los autoproclamados paladines de la justicia?... tienen solo autoridad, pero apuntalada en el miedo y las en mismas armas que cuestionan y critican.

Tomemos por ejemplo el caso de la guerra de Estados Unidos contra Vietnam. Se calcula que aproximadamente 80 millones de litros de herbicidas (sustancia xenobiótica) fueron vaciados sobre la selva vietnamita; se calcula además que aproximadamente 400 kilos de dioxina (la molécula más tóxica inventada por la mente humana) fueron empleados contra el mismo pueblo; a su vez 45.68 millones de litros de agente naranja fueron asperjados allí. ¿Acaso no eran estas sustancias químicas armas de guerra? ¿Quién dio la autorización para utilizarlas? ¿No fue ésta una masacre indiscriminada de personas presentes y futuras y de todo cuanto organismo se hallaba en el ecosistema? ¿Existe algún argumento que se oponga al calificativo de obscenidad moral en este caso? ¿Qué Se puede decir del uso del napalm en diferentes guerras?

Tanto las dioxinas como el agente naranja hacen parte de uno de los grupos de sustancias xenobióticas más dañinos que se han fabricado; por tanto la preocupación que se desprende de su uso ha sentado a la humanidad a dialogar para establecer un convenio conocido como el Convenio de Estocolmo. Sin entrar en detalles pero para ilustrar acerca de la perversidad de estas sustancias, vale resaltar su capacidad para originar cáncer, provocar daño fetal y daño en la estructura genética, así como alteraciones en el comportamiento hormonal. Pero cabe resaltar también un agravante: no solo padece las afectaciones mencionadas la persona directamente sometida a la exposición, tanto aguda como crónica, sino que pueden padecerla sus descendientes, pasa de una generación a otra.

El DBCP, otra sustancia del grupo mencionado anteriormente, con la que fue bañada toda la región Caribe de América Latina en la búsqueda de una perfecta producción de bananos y suelos perfectos para el propósito, ocasionó no sólo malformaciones y enfermedades difíciles de soportar, sino que también dejó estériles a muchos de los hombres que jornaleaban en los monocultivos de la fruta. La ciudadela Nemagón de Nicaragua es un testimonio desgarrador de la situación en las que se encuentra otra parte de la comunidad humana, que a pesar de sus luchas tampoco le ha sido posible paliar el dolor con la huidiza figura de la indemnización. Que unos pueblos produzcan para que otros consuman no importa a qué precio, es el mandato del capital.

El 3 diciembre 1984 en Bhopal, India, por mal mantenimiento de la planta de producción de una sustancia xenobiótica, perecieron inmediatamente después de liberado el tóxico, entre 6.000 y 8.000 personas; en los días siguientes murieron aproximadamente 12.000; las personas que conservaron la vida pero que se encuentran afectadas se contabilizan en 600.000 de las cuales 150.000 tienen secuelas graves. ¿Un accidente? quizás; pero entonces ¿no es una obscenidad moral por parte de la empresa saber que miembros de una comunidad humana, padecen las consecuencias de un acto ajeno a su voluntad y se resista a paliar el dolor aun cuando sea en dinero?

Sería una grave omisión no mencionar la guerra contra las drogas; una vez dotadas éstas de la calidad de “enemigo”, puede hacerse uso de la industria de las armas mecánicas y químicas. Menudo negocio hizo Monsanto con la venta del glifosato y aquí vale aclarar que el glifosato es el ingrediente activo pero éste está complementado con otras sustancias tan dañinas como él y que lo potencializan. Mencionemos ligeramente los efectos de tan promocionada mezcla; en los mamíferos, grupo animal al cual pertenece nuestra especie, causa por ejemplo irritación digestiva, merma de peso en ratas, perros y vacas; tumores de la glándula tiroides, el páncreas y el hígado; en esta víscera se presenta daño genético en ratones, y en conejos se han notado que el esperma se reduce a la mitad.

Como no es posible desconocer el hecho del cordón umbilical que ata a cada uno de los seres vivos con la naturaleza, debemos comprender los efectos de glifosato y sus coadyuvantes en el ecosistema; al respecto vale plantear lo siguiente: el glifosato es un hervicida, es decir, mata vegetales; puede colegirse entonces que ante una disminución de la población vegetal tendremos disminución de oxígeno para respirar, máxime cuando se trata de aplicarlo en la selva; habrá a su vez disminución de energía química para transferir a los eslabones siguientes de las cadenas tróficas. El glifosato también afecta la población de las baterías encargadas de fijar el nitrógeno atmosférico en el suelo, con lo cual la calidad nutricia de éste también se ve menguada; las micorrizas, hongos cuya función en el ecosistema es poner a disposición de las plantas otros nutrientes del suelo, también perecen al contacto con esta sustancia xenobiótica. Todo lo anterior redunda en que la calidad de la alimentación será bastante menor con lo cual los organismos quedan predispuestos a ser presa fácil de enfermedades. Respecto a los insectos y animales polinizadores, también son afectados lo que equivale a decir que las cosechas merman porque no hay quién transporte las células germinales de una planta a otra. Como consecuencia de todo lo expresado, la nutrición se torna de menor calidad y se presenta en menor cantidad.

Pero aun hay más; los científicos llaman carga corporal a la cantidad de sustancias químicas que están presentes en el cuerpo humano y calculan que  tenemos al rededor de 700 contaminantes... son involucradas en el cuerpo al respirar, al comer, al vestirnos, en fin casi en todas las actividades cotidianas ¿se ha esmerado la industria por mermar la carga corporal? ¿qué puede decirse de la explosión de Chernobil, del uranio empobrecido aplicado en IraK, del desastre de Fukushima, de los vertidos de petróleo...?

¿No es todo lo dicho una sucesión de masacres indiscriminadas y una sucesión de obscenidades morales, habida cuenta de que la industria, incluida la industria de la guerra, en no pocas ocasiones, sin escrúpulos, hacen caso omiso de los valores éticos para mantener sus topes de ganancia, cueste lo que cueste en términos de bienestar humano?

¿Con qué autoridad moral pondrán a la humanidad de nuevo en guerra? Es bastante claro, a falta de argumentos sensatos no queda más que estrategias manidas, ejércitos, espías, sangre y miedo.

Lía Isabel Alvear Ramírez especial para La Pluma, 30 de agosto de 2013

______________

Notas:

[1] Religiosa y escritora mexicana.

Lea en La Pluma:

Los pesticidas armas de guerra, productores de cáncer y de mutaciones genéticas

Siria: el gas tóxico de la mentira

Siria antiimperialista está a la altura de lo que indica la historia y sabrá responder en caso de agresión

*Lía Isabel Alvear Ramirez: Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. Estudios y experiencia tanto en Agroecología como en Complejidad, Educación y Transdisciplinariedad. Corresponsal de “La Pluma”

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Palabras clave:Lía Isabel Alvear Ramírez especial para La Pluma  luchas y resistencias  las comunidades en resistencia  Siria  Estados Unidos  enemigo común  Colombia  masacre indiscriminada  terrorismo  “falsos positivos”  agente naranja  Convenio de Estocolmo  

Actualizado ( Lunes, 16 de Septiembre de 2013 10:13 )  

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