La pluma dice lo que el hombre calla...

22 diciembre 2014 - 14:26
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La misoginia de los dioses y la alienación de la mujer latinoamericana

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Recibí un artículo de mi amigo Jorge Ulises Casas en el cual denuncia la resistencia de todas las religiones agrupadas en coro, en Colombia, ante la decisión de la Corte Suprema de ese país, para hacer cumplir una ley que permite en determinados casos efectuar el aborto. El dictamen de la institución exige la enseñanza de la educación sexual en escuelas y colegios, en el sentido antes referido. Simultáneamente en Perú se presenta en estos momentos otro conflicto del mismo carácter. En esa nación se suspendió la distribución gratuita de “la píldora del día después”, por parte del Estado, como consecuencia de una decisión de la corte constitucional que consideró la vieja ley que otorgaba el beneficio al margen de la concepción jurídica. El procedimiento es el resultado de una maniobra de los grupos cristianos.

A primera vista, lo anterior aparece como un problema de salubridad pública. Sin que pierda este carácter, el fenómeno es mucho más complejo porque tiene implicaciones de concepción de vida y de sociedad.

La primera vez que abordé esta problemática fue en la década del 60; la de los años románticos. Tiempo aquél en que los jóvenes sometíamos todos los valores individuales y sociales a una crítica despiadada, que dio como resultado una evolución en el pensar y en el actuar. ¡Feliz ocasión! porque la ciencia militaba con nosotros hombro a hombro. Ella liberó de un solo tacazo, como dicen los billaristas, a todas las mujeres de la servidumbre de la presunta fidelidad. La píldora anticonceptiva en el goce del amor entregó más libertad a la mujer que en los 10.000 años precedentes. La pesadilla de la preñez que como felino hundía las garras en su cuerpo sensible impidiéndole ser feliz, desapareció sin dejar el menor rastro. El cambio afectó todo. En el vestir femenino apareció la minifalda. Se hacía el amor en el parque, en los inodoros, colegios, universidades; todos los lugares eran aptos y agradables. Las casadas se convirtieron en infieles. En los paredones junto a las consignas políticas aparecieron los graffiti eróticos: “La virginidad produce cáncer”, “Un marido sin cuernos es como un jardín sin flores”, el más célebre, el de la guerra de Vietnam: “Hagan el amor y no la guerra” y el de la carga de profundidad que estremeció los cimientos de la concepción burguesa de la familia, “Arrejuntaos y multiplicaos”. Desde entonces un nuevo tipo de pareja fue posible en América Latina, en razón de su aceptación social y jurídica, “La unión libre”, en la cual los hijos usufructúan de todas las prerrogativas del derecho de familia. En este enraízaje germina también el derecho a la pareja homosexual, que en el territorio que nos ocupa penosamente se ha ido abriendo camino lento y seguro.

Como toda acción trae una reacción, los retrógrados, los tradicionalistas, moralistas y los censores, se lanzaron a la batalla atacando en todos los frentes con inusitado vigor y determinación. Tronaban los púlpitos, las facultades de Ciencias Sociales se encabritaron alcanzando en su paroxismo verdaderos encrespamientos. La lengua escrita salió con un turbión de boletines, periódicos, panfletos y libros.

De nuestra parte vivíamos saboreando nuestra inocencia intelectual, éramos seres cerebralmente vírgenes. Pensábamos que las religiones, agorerías y los múltiples dioses se enmarcaban en el plano de la civilización como expresión de la cultura de los pueblos y de los individuos. Concepción que vehiculaba un discurso filosofista, sociologista y antropologista de la izquierda subjetiva.

La situación en lo que a Colombia corresponde, nos exigió encarar seriamente el tema. Hacerlo significaba investigar a profundidad. Abordamos el asunto por la vía indicada. Desde el ángulo cognitivo, descubriendo que se enmarca en lo subjetivo, en oposición a lo objetivo en el sentido de lo categorial. Como aquí lo que interesa es su objetivación, en tanto que práctica social concreta y no teórica, trataremos el tema desde la perspectiva de la aprehensibilidad directa.

La alienación que trataremos no es en el sentido de enfermedad mental, nos referiremos únicamente a ese contenido que hace parte del pensamiento; que es inherente a los individuos en su singularidad y al conjunto, en tanto que sociedad y que afecta el pensar y el actuar.

La alienación tiene existencia frente a lo verídico, ahí se encuentra su razón de ser, frente a la verdad es donde toma cuerpo, no como la parte que está en frente, sino que es movimiento destructor, transformador. Es fuerza que destruye la veracidad. De ahí que es confrontación decisiva, movimiento. Si en el enfrentamiento resulta victoriosa, se trasforma convirtiéndose en anulación. Anulación que la cambia en la otra, en la parte adversa. Ahora aparece como verdad. Por ello, su primer efecto es de obstáculo. Se cumple realizándose como lo que no es. Ella es ahora sustitución con múltiples efectos, uno de ellos impide el acceso y el ascenso a la libertad, en razón de que es estructura de la mentira, esencia de ella. Al reemplazar la verdad, la cual es premisa necesaria para que el individuo y el grupo puedan ser verdaderamente libres, su consecuencia es la esclavitud en el ejercicio del pensar. La alineación se origina en el concepto para luego ser alineación física. En el concepto se encuentra la causa y en lo físico el efecto.

La sociedad o el individuo, al estar alienados pierden esencia. Una de ellas corresponde a nuestro tema. Es una pérdida real porque tiene palpabilidad que le da objetivación. La alienación se objetiviza a través de la enajenación. El fenómeno de la enajenación es el que permite la presencia de la misoginia de los dioses. Demostrar la enajenación y la misoginia de los dioses resulta hoy un acto elemental, basta echar una mirada a tierras donde domina la burka o aquéllas donde se prohíbe el aborto, la transfusión sanguínea, o se practica la extirpación clitoriana, etc., etc.

Teus para apoderarse del cuerpo femenino lo hace empezando por el órgano sexual al que le tiene una verdadera fobia. A través de la historia lo ha perseguido mediante la codificación normatizada hecha ley; donde no escapa ni siquiera el momento del orgasmo. Luego lo mutila, destruye, veja y en ese orden toda la inventiva entra en acción, de la cual puede hacerse un tratado del horror. Son millones de mujeres las que han perdido la vida apedreadas, acuchilladas, colgadas, incineradas por adúlteras a lo largo del tiempo, cumpliéndose así la orden emanada de los distintos sacerdotes. En las ingles femeninas se ha instalado el poder divino, sitial de dominio donde se elevan las columnas del bien y el mal, premisa con la cual todas las religiones y todas las agorerías se han apoderado del cuerpo femenino, convirtiéndolo en su propiedad, y uno de sus pasos fundamentales es estigmatizar el placer para luego codificarlo. Por esta vía la mujer empieza a dejar de ser ella, puesto que su cuerpo no le pertenece, y al no ser suyo ha dejado de ser libre porque si está en posesión de su propio cuerpo, dispone plenamente sobre él. Disposición que le permite la absoluta libertad del placer y de la reproducción. Su voluntad es soberana, lo mismo que su deseo. Se desprende de esto que, nada ni nadie está por encima de su voluntad total y plena. Sus hijos son la consecuencia del cuándo, del cómo y el con quién ella así lo decida. Esto es lo que mide su auténtica dimensión humana, que es la verdadera belleza; continuada en la vida del hijo, producto de la satisfacción sexual y la felicidad convertida en caricia infantil.

Lo anterior, que es claro en razón de su simplicidad, resulta un fenómeno complejo en la realidad diaria del día a la noche, puesto que son millones de mujeres latinoamericanas y también del norte que rigen su sexualidad y reproducción por los dictámenes de las múltiples religiones hoy existentes en esa parte del globo. Sin embargo, su sumisión es mucho más profunda, ellas son el piso sustentatorio de las millares de creencias que las anulan, puesto que son fenómeno de enajenación. Lo anterior es una descripción de la situación que no resuelve nada. La esencia se encuentra en el descubrimiento de la causa que genera la situación. El fenómeno religioso es por esencia un fenómeno político, y al serlo representa una fuerza que se manifiesta social e individualmente, presentando una realidad bien definida en la estructura y superestructura del Estado. En el aparato del Estado su primera presencia se encuentra en el espacio de la superestructura. Allí se erige como un instrumento al servicio del Estado, cumpliéndose como un factor de dominación, no sólo de las mujeres, sino también de los hombres en el plano erótico.

Históricamente la religión ha sido parte fundamental de todas las formas de Estado que han precedido al Estado de la sociedad de mercado. En el actual, ella se funde con la esencia del mismo. Es por esto que la creencia no es otra cosa que un poder que determina la acción de la conducta del ciudadano en concordancia con los dictámenes del Estado. En su papel de superestructura, ella es dominio que en ocasiones está por encima del Estado y desde luego, de la sociedad. Ejemplo de ello son los Estados teológicos como Irán. La connivencia entre poder político y poder religioso, es posible en razón de que confluyen intereses comunes. Hay una razón económica. La existencia de la idea teológica no es un asunto de la existencia o inexistencia de Dios. La gran tragedia moderna es que Dios no existe; y de ahí que la religión sea una simple mercancía, y en tanto que mercancía se corporiza a través de los distintos negocios que son los mercadillos, mercados o supermercados, sean minúsculas capillas, sinagogas, mezquitas o catedrales. Pensar que la sociedad de mercado prescinda del templo, es una quimera. Hoy por hoy, ni siquiera la célebre frase de Marx, “La religión es el opio del pueblo”, tiene vigencia; puesto que Teus sólo es poder terrenal.

Para que la mujer, no solamente latinoamericana, sino también la del mundo, pueda acceder a su libertad erótica, que es la de ser la dueña absoluta de su cuerpo, tal como antes lo hemos anotado, le es indispensable en el campo del pensamiento, llevar a fondo una crítica que permita una sustitución de su concepción filosófica, que es la que en últimas define si ella deternima o es determinada; es decir, alienada o enajenada. Al hacer un análisis del pensamiento femenino en Latinoamérica en esta dirección, la reflexión se hunde en una perplejidad. Mujeres tan lúcidas, como Michelle Bachelet y Cristina Fernández de Kirchen, han declarado repetidas veces su agnosticismo militante, término usado por primera vez en filosofía en 1869 por T.H. Huxley, en el campo de la metafísica, y que en términos filosóficos simples, es la suspensión de la creencia por carecer de evidencia demostrable en el plano de lo inconmensurable. Concepto que permite un espacio donde se instala la duda, cualquiera que ella sea, en contraposición al conocimiento epistémico que demuestra plenamente que el conocimiento humano avanza en un movimiento inagotable de descubrimientos permanentes, como lo demuestran hasta la saciedad las ciencias del cosmos. Los descubrimientos de la ciencia son pilares de la auténtica liberación del pensamiento, sintetizados filosóficamente, el cual nos permite alcanzar nuestra plena libertad porque el saber vence a la ignorancia lugar donde se acunan las religiones

París, 5 de noviembre de 2009

*Efer Arocha: escritor y periodista colombiano, residente en París. Autor de cuentos, novelas, ensayos y poemas. Director de la revista Bilingue Vericuetos. Colaborador de “La Pluma dice lo que el hombre calla…”

Artículos de Efer Arocha publicados en La Pluma:

Escritores a destajo

Colombia mira por primera vez hacia sus atuténticas raíces

Una opinión de dulce inocencia

Las conmemoraciones de la victoria son ardientes alegrías con manchas descoloridas si no hacen presencia los perdedores

Medidas de guerra en tiempo de paz

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MEDIDAS DE GUERRA EN TIEMPO DE PAZ

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EL PUEBLO INERME DE HONDURAS SE DEFIENDE EN LAS CALLES POR LA DIGNIDAD DEMOCRÁTICA DE AMÉRICA

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Actualizado ( Jueves, 02 de Diciembre de 2010 23:21 )  

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