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Escenarios impensables para la mente decorosa de los pueblos

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Leyendo atentamente las noticias que circulan por Internet, y en sitios que bien pueden denominarse fiables sin matices tramposas de opinión, me lleno de estupor al comprender que la diplomacia internacional enarbolada por las grandes potencias en la alborada del siglo XXI, es la de los cañones y las invasiones.

Primer escenario

El caso de Libia merece un especial análisis, no sólo por la gravedad de la invasión imperialista, ni siquiera por la terrible guerra civil que allí se desató por la necesidad histórica o como producto de la tosudez de un régimen que yacía impasible y como momia, muy lejano a su pueblo, sino por el cariz de los hechos políticos y militares.

Haciendo un pequeño repaso de las últimas contiendas desarrolladas por los pueblos árabes, no encontramos en ninguno de los alzamientos un distintivo parecido a lo que sucede en Libia, en tanto los regímenes dictatoriales de Mubarak o de Ben Alí, tuvieron toda la paciencia de la mal llamada "comunidad de naciones" para hacerse a un lado, después, obviamente, de la cruel represión que intentaron imponer para detener lo imparable.

Tanto en Túnez como en Egipto, la represión inicial llevó a cientos de muertos y nada sucedió. La tal comunidad internacional no apareció sino para llamar a la cordura, en la espera de recomponer la situación que cada vez más parecía no tener un retorno a su justo canal, al justo camino occidental. Las cosas en este momento siguen sin definirse, aunque a ojo de buen cubero, parecería como si las clases tradicionales y el imperialismo hubieran puesto orden en su casa. Se dice que en Egipto ya tienen leyes más "democráticas" en donde se castiga el paro, el motín y todo lo que huela a revolución. Y cómo no va a ser distinto a ello, si el aparato militar se encuentra intacto y el tirano todavía anda en su casa de campo, como si nada hubiera ocurrido.

En Bahrein, las cosas andan peor que en la Libia de Gadafi antes del mansalvero ataque de la gavilla imperialista. Las masacres ayudadas por la Casa de Saud, esto es, del régimen fascista de Arabia Saudita, no son puestas en escena por ninguna multinacional de la información. Nadie se encuentra en condiciones de sostener una crítica con hechos tangibles, desde la óptica de CNN o de Fox News, a la aparatosa represión contra el pueblo chiíta en ese país dominado por una corrupta monarquía. Pero claro, allí aparca una de las grandes flotas del imperialismo norteamericano, por tanto invisibilizan este conflicto que exige, para apaciguarlo o terminarlo, de la expulsión del Khalifa, hecho político que nunca va a aceptar el imperialismo yanqui.

¿No tiene el régimen de Ali Abdullah Saleh, en el Yemen, suficientes crímenes para que este gobernante estuviera en prisión, o como mínimo expulsado de su país, o quizás, y con la misma óptica, bombardeado? No parece ni nadie lo sabe, salvo su pueblo, el mismo que está muriendo bajo la plomacera que aún se oye en ese país. Tampoco vemos a diario las atrocidades de ese tirano, puesto que es amigo de Europa y Norteamérica.

¿Y quién acaso respira libertad en la monarquía nefasta de Arabia Saudita, en donde la mujer es un objeto sin derechos, en donde lo que más brilla por su ausencia es la democracia burguesa? ¿Acaso hemos escuchado noticias del fascismo practicado por esa nefasta dinastía? Pero claro, se me escapa una sola cosa: tienen en su haber el mejor petróleo del mundo, el más liviano y aún el más abundante, salvo que Venezuela le quite el récord.

Las noticias pues fluían ágilmente: primer día: se produce el alzamiento en el Oriente de Libia. La respuesta conlleva a cientos de muertos. Segundo día: interviene la aviación y el mercenarismo, y aumentan las víctimas. Tercer día: Trípoli es bombardeada, la tragedia humanitaria se parece a la implementada por la Serbia de Milosevic contra la población de Bosnia Herzegovina y de Kosovo. A partir de allí emerge el papelón de la Unión Europea, anterior socio de Gadafi y uno de los grandes depositarios de sus capitales. Y, claro, no podía faltar el señor Obama y la Hillary canturreando en los escenarios políticos mundiales la necesidad del cambio de régimen. Ya surgió en la escena el malo, el perverso, cuando meses atrás comían en el mismo plato.

El régimen de Gadafi les proporcionó una oportunidad única cuando desde las altas esferas del poder se empezó a hablar del papelón de Al Qaeda y de la droga por esta suministrada a los rebeldes del oriente de Libia. Las cadenas internacionales empezaron a divagar sobre la locura del dictador. Al Qaeda cumple sólo el papelón en Afganistán y en Irak para bien de los planes imperialistas. ¿Quién no sabe que Al Qaeda es quien dirige la resistencia en Afganistán? ¿Quién no sabe que el mayor número de muertos de la resistencia en Irak, pertenecían a esa temible transnacional del crimen? No podían dejarle a ese odioso Gadafi, a ese a quien nunca le perdonaron su pasado y el cual ya tenía los días contados, que usara un argumento propio de Occidente y de la CIA.

Salta a la escena Telesur, desmintiendo a varios voceros: uno, a Occidente negando los tales bombardeos en Trípoli y las tales ciudades liberadas en los territorios de Gadafi. Y también, a la vez, negando ciertas verdades de Gadafi, esto es, que en el oriente de Libia todos actuaban de la mano de Al Qaeda y de la droga por esta suministrada. Surge como por encanto, después, la televisión occidental comprobando lo anterior, pero la resolución 1973 de la ONU ya estaba en camino de convertirse, esa sí, en una tragedia humanitaria. Y para ello, las potencias agrupadas en la OTAN sabían que Rusia y China se voltearían y se taparían la nariz, pues sus intereses geoestratégicos en esta época se relacionan más con los bancos yanquis que con la desértica Libia.

Gadafi perdió minutos, días importantes para haber pasado a la historia, como mínimo, como un hombre razonable. Pudo haber detenido el conflicto desde sus inicios y haber llamado al diálogo, dando paso a elecciones libres o por lo menos a un referéndum democrático. Gadafi debió prever que vendrían por él y por el petróleo, amén de esos millones de toneladas de agua que subyacen bajo el suelo libio.

La suerte está echada. El imperialismo logró cooptar a la nefasta Liga Árabe y va de la mano ahora de Qatar, Turquía, Arabia Saudita, Egipto y de la Unión Africana. Todos a una como fuente ovejuna. Todo es cuestión de tiempo, y lo peor, los pueblos miramos, a lo lejos, lo que se nos viene encima como una maldición imparable.

Segundo escenario

Se levanta el estado del Zulia en Venezuela. El régimen bolivariano responde como debe hacerlo un estado democrático, llamando a la acción a su pueblo y a sus fuerzas armadas. Los rebeldes atacan bases militares y se suscita un contraataque de parte del pueblo en armas. CNN informa de bombardeos indiscriminados y de cientos de muertos. La oposición se declara en rebeldía y funda su bastión en los estados fronterizos con Colombia. Hay confusión y se declara un nuevo estado, lo cual empieza a ser estudiado por Estados Unidos y por Colombia.

La ONU declara su preocupación por las masacres realizadas por el régimen y cita reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad. Y así un largo etcétera en donde Rusia y China de nuevo se voltean y se tapan la nariz. Amanece un nuevo día y ya tenemos otro país invadido o como mínimo bombardeado y su petróleo puesto a buen recaudo.

¿Ficción?, no, realidades que antes eran impensables y ahora están puestas en la palestra de la diplomacia de las cañoneras del siglo XXI. La extrapolación no puede darse como en las matemáticas, es cierto, pero lo que estamos viendo ya lo vimos en Serbia, en Irak, en Afganistán, o ¿será que tendremos que esperar que destruyan medio planeta para que empecemos a actuar en consecuencia?

Vamos dando los pasos necesarios para que cuando esta diplomacia nos visite por acá en nuestro vecindario, por lo menos tengamos las botas cerca de la cama.

 

Álvaro Lopera, corresponsal de “La pluma dice lo que el hombre calla…”

Artículos de Alvaro Lopera Uribe publicados por La Pluma:

Diatriba, desde el conocimiento, contra la guerra imperialista

La insoportable sed que nos quiere vender el capitalismo

El doble rasero del imperialismo y el qué hacer en la ola del cambio

Los pueblos del Norte de África, Yemen y Jordania se sacuden de la modorra dictatorial proimperialista

Gaza: a dos años del genocidio, a 5 años de barbarie sionista

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