El que puedan votar en el País Vasco los incalculables cientos de miles de “exiliados”, y podrían ser cientos de miles más, que según los últimos sondeos del Partido Popular abandonaron Euskalherria por causa de un conflicto que los mismos populares tildan de inexistente, no tiene porqué ser la única reforma electoral prevista.
Otras medidas podrían adoptarse cuanto antes de manera que los próximos resultados electorales en el País Vasco respondan fielmente a las expectativas que el Estado español contemple.
Y entre ellas, ninguna más justa y comedida que implementar el voto de aquellos caídos por Dios y por España, como una manera de honrar sus cívicas trayectorias manteniendo, al mismo tiempo, vivos sus ideales. Este voto, que bien podría denominarse patriótico, sería depositado por el partido o movimiento al que esos caídos hubieran respaldado en vida y con independencia de que hubieran o no ejercido el voto alguna vez.
Otra imprescindible medida que podría instaurarse sería la de aplicar la fórmula 3 por 1, variable electoral que consistiría en facultar a los miles de ciudadanos insignes triplicar su capacidad electiva, (podría quintuplicarse si las cuentas siguieran sin cuadrar los resultados esperados) porque de ninguna manera puede aceptarse que, en aras de una pretendida representatividad democrática, puedan equipararse los votos de eméritos demócratas de intachable conducta con los de intolerantes violentos, incluso, desempleados y hasta sin estudios.
Y podría también considerarse, para ejercer el voto, la obligatoriedad de que todos los electores compulsen, vía administrativa, una declaración jurada de condena a la violencia, acompañando la misma de un certificado de pasiva conducta expedido por la administración correspondiente y avalado por siete garantes que den fe de la varacidad de esa certificada acreditación, demostrando no haber tenido nunca nexos de ningún tipo ni con entornos sospechosos ni con equívocos contornos susceptibles de ser considerados entornos, mucho menos umbrales.
Igualmente, sería recomendable la instalación de polígrafos junto a las urnas, capaces de detectar la verdad o mentira de la declaración citada que, caso de cualquier duda, siempre dejara su interpretación al libre albedrío de la Junta Electoral.
Y que todo sea por la patria.
Koldo Campos Sagaseta, Columna Cronopiando, para La Pluma, 4 de junio de 2012
*Koldo Campos Sagaseta: natural de Pamplona (País Vasco) se nacionalizó dominicano en 1981, país en el que residió hasta el 2005 en que regresó al País Vasco, en concreto, a Azkoitia donde reside actualmente. Obtuvo el premio Gregorio Aguilar Barea (Nicaragua 1984) en poesía; el premio de teatro Casa de Teatro (Rep.Dominicana, 1988) por su obra "¡Hágase la mujer!"; el premio "La tacita de té" (Rep.Dominicana 2001) por su poemario "Amargue de lunas rotas"; el premio de literatura infantil "Letras de Ultramar" por su cuento "El rey necio", (Rep. Dominicana, 2012). Su columna periodística "Cronopiando" se publica actualmente en Gara ( www.gara.net ) (País Vasco) así como en los periódicos digitales españoles www.rebelión.org , www.insurgente.org y en el periódico brasileño www.desacato.info . En los últimos 4 años ha publicado "Diario de Itxaso" (Tiempo de Cerezas); "Cronopiando en verso y otras vainas (Tiempo de Cerezas), "Diario íntimo de Jack el Destripador" (Tiempo de Cerezas); y la novela "La Estatua" (Ediciones Clandestinas)Se ha desempeñado como actor en teatro: "Hágase la Mujer" "La verdadera historia del descubri-miento de América", "La Dama de las Camelias parte atrás" y en algunas películas como "La maldición del padre Cardona" o "Haiti cherie".
Colaborador de La Pluma
Artículos de Koldo Campos Sagaseta publicados en La pluma:
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