Esto se debe a la aceleración del ritmo de estrés de la vida profesional y alto costo del tratamiento de los problemas sexuales psicológicos comprar-rx.online


Acuerdos de Paz en Colombia: Una semana en el Macondo referendario

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

photo_auteur_non« Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. »
Cien años de soledad - Gabriel García Márquez

Domingo 2 de octubre: algo prevalece, así como la impresión de tener una cita con la historia colombiana, de ver la tenue luz del alba penetrar al final de esta larga guerra, de vislumbrar la posibilidad de aligerar ese país que cargamos a la espalda. Seamos francos: ¡estábamos optimistas! El « sí » tenía que ganar y eso a pesar del discurso de odio que había desatado la nefasta campaña uribista del « no ». Nos encontramos reunidos delante del consulado colombiano en París observando con ternura las familias colombianas pronunciándose por la « paz en Colombia», viendo a los niños introducir en la urna el boletín de voto de sus padres « por un país nuevo ». Son esas imágenes entusiastas que nos llevamos, cuando al caer la tarde volvíamos a casa con cierta impaciencia en espera de los resultados. Hacia las 10 de la noche nuestro optimismo toma forma: el « sí » gana en Francia con 82,53%, lo mismo ocurre en la mayoría de las mesas de votación de los colombianos en el exterior... Sigue después el escrutinio de las urnas en Colombia, el «sí » comienza tomando una ligera ventaja, el « no » pisándole los talones; retenemos la respiración, en seguida el pánico, la angustia nos agarran ante la realidad fría de la victoria del « no ». Sin duda, una victoria por una pequeña diferencia de 53.894 votos pero igual una derrota de nuestro « sí mayor ». Entonces las cifras revolotean, van y vuelven: 50,21% por el no, 49,81 por el sí, 62,57% de abstención, 13’066.047 personas se desplazaron a las mesas de votación por un total de 34’899.376 inscritos en el padrón electoral. En compañía de estas cifras nos vamos a la cama pensando ingenuamente que durante la noche que nos arrullará se van a corregir.

Al día siguiente vivimos eso que en Colombia llamamos un « guayabo» nacional. La incomprensión, la tristeza, ese gusto amargo de habernos estúpidamente arruinado el placer, de haber malogrado la cita. Sigue después la sorpresa de nuestros amigos franceses ante ese resultado que nos estrangula: ¿Cómo explicar esa Colombia que amamos pero con ese carácter que se nos escapa por sus paradojas y contradicciones? ¿Cómo explicar la violencia que se aferra sin descanso a sus muñecas esposándola mientras que al mismo tiempo desborda la alegría de vivir?

Una crisis política se trama: mientras que los acuerdos de paz se habían erigido en la columna vertebral del mandato de Santos, el « no » constituye un verdadero revés político, que en un instante exalta las ambiciones electorales de Uribe que ya se ve en 2018 como el portavoz, el salvador de esa Colombia decepcionada por la política de Santos. Sin embargo, son los territorios más afectados por la guerra los que votaron con aplastante mayoría por el « sí ». El « no »  ganó principalmente en las zonas urbanas. Sin caricaturar, la imagen de los campesinos en botas de caucho murmurando en voz baja « hemos perdido» y de las clases más acomodadas sentadas tranquilamente frente al televisor exclamando « hemos ganado » es muy significativa.

 

Résultats de recherche d'images pour « caricaturas plebiscito colombia ganamos hijo perdimos »

Más aún cuando Uribe y los amigos del « no » tienen una sola ambición: torpedear los acuerdos acudiendo con cinismo a la calumnia y a la mentira, cuyos efectos no hacen más que exacerbar los odios y las divisiones. Para alimentar el espectáculo de la política colombiana, una entrevista del director de campaña del « non », Juan Carlos Vélez, hace algunas revelaciones tras bastidores,  que lo llevaron a retirarse del Centro Democrático (partido de Uribe). Esta crujiente información confirma lo que ya sabíamos: que la campaña por el « no » apuntaba a desviar el debate del mismo contenido de los acuerdos, instigando el miedo, acudiendo a fórmulas sentenciosas como la amenaza «castro-chavista» en las regiones más afectadas por esta «problemática» venezolana, que generaba impuestos que conducirían los colombianos a «sacrificarse» por la reincorporación de las FARC-EP, que diabolizaba a los insurgentes, a esos «terroristas» que gozarían de impunidad.

 

A esto se puede agregar el tratamiento mediático de la campaña que sin duda no aventajó al « sí », por ejemplo los micrófonos y cámaras se detuvieron ampliamente sobre la masacre de Bojayá sin difundir paralelamente el acto en el cual las FARC pedían justamente perdón a las víctimas.

La fuerte abstención es igualmente otro factor importante que no puede sorprendernos. Aparte de la dificultad real para desplazarse sobre el terreno a los lugares de votación, el inmovilismo político de algunos no puede dar en ningún caso justificación de inocencia.

No obstante, nosotros, los defensores del « sí », a lo mejor hemos tenido nuestra verdad por sola y única. Pero, ¿hemos tenido un sentido real de la verdad? ¿Hemos sabido escuchar las voces de los que no se movilizan para ir a votar, aquellos que tienen todavía miedo? Uno de los desafíos de la reconciliación parecería ir en ese sentido: lograr ver el mundo con ojos nuevos, los ojos de las víctimas, de los dolores mudos, de las esperanzas rotas, de los desencantos. De lo contrario, no veremos nada.

« El entusiasmo referendario» es igualmente cuestionable en el caso colombiano. Efectivamente, este mecanismo de consulta ha permitido liberar una palabra beligerante exacerbando las tensiones y los odios. Al diabolizar  sistemáticamente las FARC, los defensores del « no » contribuyeron a la agonía del debate vaciándolo de todo contenido social. Sin embargo, como lo explicita el artículo 22 de la Constitución colombiana, « la paz es un derecho y un deber cuya aplicación es obligatoria ».

 

La paz con o sin referendo es entonces un derecho de política pública. En ese sentido el consejero jurídico de las FARC en la mesa de negociaciones ha recordado acertadamente que los acuerdos conforme al derecho internacional tienen efecto jurídico. Pero incluso en el caso de que el « sí » hubiera triunfado, ¿no estaríamos enfrentados a demonios similares? A uribistas enfurecidos con ganas de sabotear y, en consecuencia, la necesaria e infatigable defensa de los acuerdos?

En esta sombría incertidumbre en que los resultados del plebiscito parecen habernos hundido, la luz sin embargo logra penetrar. Desde el miércoles las mareas humanas de jóvenes y menos jóvenes se congregan en las principales ciudades del país lo mismo que en el extranjero en defensa de la paz. El viernes 7 de octubre es el turno del departamento de Antioquia, un bastión del uribismo, de manifestar ampliamente su apoyo a la paz.

Los plantones, las ocupaciones de plazas se multiplican, en particular la plaza de Bolívar, rescatando así la voz y la legitimidad de la calle. La fórmula: « Paz a la calle » resuena y vuelve a encender nuestra esperanza. Incluso, hasta los colombianos que votaron « no » dicen querer la paz. Podríamos preguntarnos ¿quién, aparte de Uribe y sus fieles aliados, quiere la guerra?

Además, tanto del lado de las FARC como del Gobierno la apertura al diálogo prima. Los dos han reconocido y entendido los resultados del plebiscito y se dicen dispuestos a escuchar a los colombianos que se pronunciaron por el « no ». En un comunicado conjunto reafirmaron en ese sentido el compromiso de mantener el cese al fuego y solicitan a las Naciones Unidas que mantengan la misión de observación. Paralelamente, las conversaciones entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) parecen decidirse.

Una posición delicada se perfila para Uribe, que le ha apostado todo a la aventura militar. Este no podrá seguir respondiendo con beligerancia a los numerosos votantes del « no » que al parecer no están por la guerra. Mientras que se le invita al diálogo, sus propuestas para modificar los acuerdos, más allá del hecho que muchas ya figuran en los acuerdos -prueba del desconocimiento de estos-, no parecen en modo alguno querer desviarse de su constante dialéctica, peligroso compromiso de la guerra y la mentira cuyo único objetivo se halla en un statu quo que beneficia siempre a los mismos.

Que la « mano dura» de la política de seguridad de Uribe se haya metamorfoseado por encanto en blanca paloma de la paz es poco creíble, y es justamente sobre ese terreno que aparece uno de nuestros mayores desafíos: demostrar su impertinencia y rechazar las concesiones a la extrema derecha si queremos seriamente lograr la esencia reconciliadora de los acuerdos.

Ahora que esta semana en el corazón del Macondo referendario en la cual el permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto actúa y le hace cosquillas a nuestra fibra emocional, una vía parece sin embargo esbozarse: la defensa de los acuerdos de paz que de lla cumbre de sus 297 páginas busca construir un amplio pacto social y político y dar un tono de reconciliación nacional.

En un horizonte turbio en el cual promesas y amenazas se entrelazan, el gran desafío de la paz es un duro y largo camino, un combate continuo que nos exige una mirada atenta al futuro, allí donde nadie arriesga poner los pies. Tendremos que afirmar nuestra voluntad de ver esos acuerdos respetados e implementados, desde el exterior acompañar la concreción de la justicia social verdadera, esa que incluirá a las comunidades marginadas, esas diversas verdades que sin embargo expresan toda la realidad colombiana.

Sólo será en esta construcción de una sociedad nueva en donde aquellas voces excluidas podrán encontrar un eco social y político que el futuro nos será restituido, que nuestras esperanzas inquebrantables triunfarán, que veremos al final esa tenue luz del alba penetrar en esa Colombia y más allá.

París, octubre 2016

Maria Baresch  

Original: Accords de paix en Colombie: Une semaine au « Macondo » référendaire

Traducido por  Manuel Salamanca Huertas

Publicado por Agencia Prensa Rural, 23 de octubre de 2016

Lea en La Pluma:

Colombia : Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños...

Santos, Nobel de Paz: Bofetada a las víctimas de los falsos positivos

El plebiscito en Colombia: una oportunidad perdida

La atribución unilateral del Premio Nobel de la Paz es un escándalo absoluto

 

Especial Colombia tras el "NO pero SI"




 

Palabras clave:Acuerdos de Paz en Colombia  crisis política  FARC-EP/gobierno  plebiscito  referendo  cita con la histórica  Santos  Uribe  Maria Baresch  

Actualizado ( Miércoles, 26 de Octubre de 2016 22:31 )  

Otros artículos relacionados

Colombia : Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños...   

 Colombia: Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños

Existe en el corazón de América un refugio humano abrazado a tres cordilleras, arrullado por exuberantes valles, frondosas selvas, y bañado por dos océanos... Leer / firmar manifiesto

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy37272
mod_vvisit_counterAyer90017
mod_vvisit_counterEsta semana37272
mod_vvisit_counterSemana precedente476327
mod_vvisit_counterEste mes1500274
mod_vvisit_counterMes precedente2045571

We have: 699 guests, 18 bots online
Tu IP es: 54.196.47.145
 , 
Hoy es el 22 de Abr de 2018