La pluma dice lo que el hombre calla...

17 febrero 2018 - 23:04
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¿Y quién invitó a Kant a Oslo?

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Con los recientes eventos de Oslo en que se dan inicio a las conversaciones entre las Farc y el gobierno colombiano, los colombianos hemos podido nuevamente observar las artes ilusionistas que ejercen los medios de comunicación; esto ya por ser reiterativo nos puede generar algunas reacciones parecidas al enojo, aunque en no pocos casos la escasa reacción de los que carecen de tiempo para pensar el mundo colectivo, más allá de la supervivencia, contribuya a establecer los juicios en los que se quiere sustentar la verdad de los hechos.

Con todo lo que nos pueda preocupar el hecho de que los dueños de los medios de comunicación, sean los mismos dueños de las tierras ensangrentadas por “los dieciocho mil muertos del gobierno de Uribe”, como se le escuchó decir a Santrich en Oslo; se nos debe acontecer un malestar filosófico, sobre todo en tiempos en que Neokantianos avasallan no solo la academia, sino al mundo que habitamos. Ante las maniobras de la televisión nacional (Caracol y RCN) para no dejar ver ni escuchar a las Farc, o las de NTN24, para impedir que se televisaran las preguntas de la prensa alternativa, los colombianos quedábamos con poco material, pero el suficiente para establecer los juicios a posteriori, sobre los que los juicios a priori encontraban un acomodo perfecto. La paz de Colombia depende de que las Farc entreguen sus armas, paguen en las cárceles lo que le deben a pueblo colombiano y no se metan con asuntos que afecten el modelo económico nacional, a no ser que se vinculen a la vida política y logren ganar elecciones, a ver si entonces pueden lograr alguna pequeña modificación. Eso de una reforma agraria real, no se dejó ver más que como una herejía terrorista contra los que ostentan el derecho actual sobre estas tierras, con el que el iusnaturalismo racionalista de Kant queda plenamente demostrado: “durante las discusiones de la Ley 107 de 2010 sobre reparación integral de las víctimas y restitución de tierras, los ataques más enconados vinieron de la extrema derecha representada por tres personajes fundamentales a saber: Luis Fernando Londoño Hoyos, Andrés Felipe Arias y José Obdulio Gaviria Vélez, quienes desde entonces argüían que los “propietarios y poseedores de tierras de buena fe” no estaban obligados a devolver las tierras, anunciando que las defenderían aún a precio de una guerra civil, según lo advertía el abogado Luis Carlos Dominguez Prada, miembro del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos.1

Algunos podrán saber que los asuntos de que tratan las conversaciones tienen otro tenor, pero eso no se deja alcanzar a la experiencia de las mayorías. El presidente del Congreso afirmaba en la noche de ayer que Iván Márquez “se salió del libreto”, mostrando a las Farc como una marioneta del gobierno a la cual se le dice qué puede y qué no puede decir. El hecho que importa acá no es si esto acontece o no en realidad, sino la experiencia a que se obliga el juicio mayoritario. Ese juicio empírico que nace por la vía de los medios de comunicación en cada individuo sentado frente a su televisión, constituye el juicio a posteriori que se funde con los juicios a priori, de validez universal en los que no queda lugar a una disidencia, ni a una sospecha, ni siquiera a que la realidad aparezca con su candidez simple a desvirtuar todo error en el juicio. Se nos dirá que finalmente no existe una verdad que no sea subjetiva, se nos alimentará la posibilidad de hacerla cada vez más personal e intrasferible, como podría parecer esa experiencia de la mónada leibniziana, se nos alentará a creer firmemente en que la verdad de cada quien es la verdad y que por fuera de ella no hay nada que pueda siquiera fracturarla. Así se construye este mundo virtual en el que Kant resultaría siendo el padre de los posmodernos. Tal vez entonces los pocos entiendan que no era Nietzsche el que animaba los sofismas posmodernos; él que alcanzó a decir de la verdad asuntos más loables, como que la verdad es mujer y no se cuelga más que del brazo de un guerrero o que la verdad es perspectivesca, con lo que alcanzaríamos a extrañar las perspectivas desde las cuales podemos mirar. Acá no hay alternativa, Nietzsche que se vaya a freír espárragos, no se pueden permitir otras perspectivas, una y la única verdad mostrada desde la única perspectiva posible. Kant al mando del mundo actual y las Farc mostradas como niños desobedientes que acuden prestas a poner su trasero para ser castigadas y que con patadas de ahogado “se salen del guión”! Esto es lo que entendimos?, si señores, con pesar hay que admitir que nuestros medios de comunicación son tan posmodernos como kantianos y que así está concebido el mundo de hoy. La realidad seguirá siendo ocultada porque carece de nobleza para asistir a eventos tan aristócratas, no ha vivido jamás la investidura que la traiga al mundo de la filosofía. Si quieren, pueden seguir pensando que lo que nos falta es comprender mejor a Kant, pero entiéndase esta como una invitación a desconfiar de todo Neokantiano, porque de seguro estará buscando refugios nobles para argüir que posa de filósofo, allí donde se esconde un negador de la realidad.

Si existen los juicios a priori, porqué hay que controlar tanto la producción de juicios en cada individuo? No será porque aquello que funge de universal no es más que una necesidad de conservación de verdades?. Si alguno hoy teniendo cerca la realidad en su experiencia, hallara lógico que a quien se le han arrebatado las tierras, no sólo hay que devolvérselas sino dotarlo de las condiciones para conservarlas, como de alguna manera lo quiere la defensa a ultranza de la propiedad privada en la cual se basan los fundamentos del capitalismo (y que casualmente es una de las propuestas de las Farc); a ese ser no dudarían en callarle la boca, como acontece en estos momentos con los periodistas de prensa alternativa perseguidos. Tal vez sea esta la razón para que no ingresen en los juicios a posteriori preocupaciones que nos vendrían del apresamiento de Fredy Muñoz, periodista de Telesur, condenado a 15 años de prisión por hablar desde otras perspectivas, por todo delito. Y por sobre todo, que esto acontezca precisamente en los momentos de conversaciones con las Farc. Al juicio a priori se está obligado, ver la realidad de otra manera está proscrito. Un juicio a posteriori que habría que poner de relieve es que con las palabras de las Farc ante el mundo, se cae de todo peso su denominación de terroristas, porque lo que defendían ayer en Oslo, es lo mismo que un ciudadano del mundo podría esperar de un país democrático, con lo que podría entenderse que Colombia no es la democracia más antigua de América Latina, sino la dictadura más encubierta del mundo. Pero justamente esto no se quiere dejar como experiencia para los colombianos ni para el mundo. El juicio a posteriori es tan plástico que puede ser inducido al sujeto pasivo que consume medios de comunicación por toda posibilidad de sentirse parte del mundo. Siento decirle señor Enmanuel Kant que sus aportes no agregan mucho a las pesquisas del señor René Descartes, porque ambos parecen ensoñarse con que el mundo es sólo el mundo pensado, pero verán, la mayoría de los habitantes del mundo, no encuentran al mundo en su pensamiento, se los arrojan allí!

1Fernández, Marta. La colonización antioqueña del norte colombiano: el fin del mito paisa. La pluma 10 de septiembre de 2012.

Marta Lucía Fernández Espinosa especial para La Pluma, 19 de octubre de 2012

*Marta Lucía Fernández Espinosa: Licenciada en Historia y Filosofia, Universidad Autonoma Latinoamericana, Medellin ; especialista en Planeamiento Educativo, Universidad Catolica de Manizales. Colombia. Corresponsal de La Pluma

Artículos de Marta Lucía Fernández Espinosa publicados po La Pluma:

La colonización antioqueña del norte colombiano: El fín del mito paisa

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Palabras clave:Marta Lucía Fernández Espinosa  conflicto colombiano  terrorismo de estado  FARC  Juan Manuel Santos  acuerdo  diálogo de paz  La Habana  Cuba  

Actualizado ( Martes, 23 de Octubre de 2012 23:37 )  

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