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Breve teoría de la actual crisis

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La CalderaBisEste artículo es un resumen y un desarrollo del argumento que he estado escribiendo en la revista Critique, tanto en las Notas de Critique como en un conjunto de artículos. He omitido dos temas discutidos en Critique, el argumento contra la tasa decreciente de ganancia como la causa única y fundamental, y por qué la clase dominante ha optado por la austeridad(1).

 

 

La teoría marxista de la crisis ha languidecido en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, en gran medida porque no hubo ninguna crisis real hasta ahora. Como Marx célebremente dijo, “Las crisis del comercio mundial deben ser consideradas como la concentración real y el ajuste forzoso de todas las contradicciones de la economía burguesa”(2).

Hoy hay una crisis estructural real del sistema mismo, no sólo una recesión/recuperación cíclica particular. Lo segundo ha ocurrido varias veces en el período de posguerra, más reciente y notablemente en 1981-5 y en 1989-93, seguidos por el denominado colapso puntocom en marzo de 2000.

Éste último, sin embargo, fue diferente porque la recuperación fue muy limitada, y en gran medida afectada por el 11/9 y las guerras que le siguieron. La crisis de 2007 es efectivamente su continuación. Pero la diferencia entre las recesiones previas y la de marzo de 2000/2007 no radica sólo en la duración de la recuperación, la profundidad de la recesión, y su alcance global.

La diferencia más fundamental está en el cambio de largo plazo en las relaciones de clase, con muy altos niveles de desempleo, combinados con formas directas de ataque al estándar de vida de la clase trabajadora, ya sea a través del alojamiento, los impuestos, los salarios o las prestaciones. En Gran Bretaña el ataque ha sido total. En Irlanda y Grecia no sólo ha sido total, sino implacablemente vicioso. 

Estamos viviendo en verdad un período en el que las contradicciones de la economía burguesa están siendo desatadas, luego de ser mediadas en el período de posguerra por la Guerra Fría y últimamente a través del capital financiero.

Históricamente, el capitalismo desde finales del siglo 19 ha usado sucesivamente el imperialismo/capital financiero, la guerra, la represión/fascismo, luego el estalinismo/Guerra Fría combinados con el estado de bienestar, y finalmente, un retorno al capital financiero, como estrategias de contención de las fuerzas que amenazan con sustituir el capitalismo.

Aquí argumentaré que estas formas han cesado de existir o han implosionado, forzando a la burguesía a retornar a las formas clásicas de capitalismo.

Trasfondo: el punto de inflexión

El punto de inflexión crucial vino en los setenta cuando quedó claro que el estado de bienestar y el pleno empleo volvían al capitalismo inestable. Los trabajadores a los que se les da una estabilidad de por vida en el empleo con salarios crecientes reclaman control sobre su trabajo y sobre la sociedad. Dado que los trabajadores son la mayoría de la sociedad, incluso la burguesía puede ver que no pueden ser contenidos bajo condiciones que mantengan los fundamentos del capitalismo. Además de la fuerza, que normalmente permanece en la trastienda hasta que el sistema mismo es directamente amenazado, el capital, como valor que se autoexpande, usa la forma del fetichismo de la mercancía (“consumismo”), tanto ideológica como prácticamente, como su medio de control directo preferido.

El creciente rol de los gobiernos y las corporaciones en la organización de la economía ha erosionado el mito de que las empresas no pueden ser conscientemente planificadas en lugar de ser manejadas por el omnipotente capitalismo. Al mismo tiempo, el sector público y el estado de bienestar no pueden ser manejados sobre la mera base del valor (es decir, la obtención de ganancias). El intento de manejar la educación, la salud, las prisiones, etc., sobre la base del mero valor no funciona. El hecho de que las alternativas burocráticas con frecuencia sean pobremente manejadas no altera este punto.

Los Estados Unidos han sido diferentes al tener menos estado de bienestar y un sector público más pequeño que Europa Occidental, pero la diferencia es de grado. El rol de un enorme sector militar, que es en esencia una división nacionalizada de la economía que terceriza gran parte de su producción, junto con un aparato de salud burocrático controlado por las compañías de seguros, realizan muchas de las mismas funciones al aportar a la economía capitalista conscientemente regulada.

El rol del Banco de la Reserva Federal y del Tesoro ha sido subrayado desde la recesión. El enojo mostrado contra ambos ilustra la manera en que el capital no puede evitar ser conscientemente el blanco hoy en día.

Como era de esperar, la burguesía ha intentado hacer retroceder el reloj con una creciente mercantilización. La segunda forma usada para controlar a los trabajadores, entonces, es la del ejército de reserva del trabajo, que había sido efectivamente abolido en Europa Occidental en los años de posguerra. La restauración del desempleo masivo ha sido más difícil, pero esencial para la restauración de la estabilidad capitalista.

Hacia los años 60 y 70, para volver al punto inicial, la clase trabajadora estaba reclamando tanto concesiones como un mayor control sobre las corporaciones y la economía. En país tras país hubo huelgas y manifestaciones que condujeron a la clase capitalista a reevaluar su estrategia de posguerra. El capitalismo adoptó una serie de medidas, que se han hecho conocidas como neoliberalismo, pero que se entienden mejor como las consecuencias del viraje al capital financiero.

El análisis

Las referencias de Marx a las contradicciones de la economía y la sociedad capitalista proveen el verdadero punto de partida de cualquier análisis de una recesión, pero son particularmente relevantes en la actualidad. Fue Trotsky quien argumentó que todos vivimos en un período transicional entre el capitalismo y el socialismo. Eso no significa que tengamos formas socialistas, pero sí significa que las formas capitalistas están experimentando un cambio rápido e incontrolable, que la clase capitalista está haciendo lo mejor que puede por volver atrás.

Dicho de otra forma, el crecimiento combinado de la organización gubernamental de la economía/sociedad, las grandes corporaciones, el monopolio, y el creciente rol de las burocracias de las compañías de seguros, las grandes corporaciones y el sector público refleja la creciente socialización de la economía/sociedad, pero en un marco capitalista en resquebrajamiento.

El efecto es que el dominio del valor (un “libre mercado” orientado por la ganancia) es limitado en su alcance, y la toma de decisiones con frecuencia es más importante, pero la clase capitalista ha estado intentando hacer retroceder la historia. Habla ad infinitum de las PyMES (pequeñas y medianas empresas) y de la denominada clase media. Intenta privatizar todo lo posible y lo imposible. El problema es que estas medidas no tienen el efecto deseado y esperado: la clase media es cada vez más exprimida y proletarizada, la pequeña empresa es controlada por la gran empresa y su independencia es ilusoria, y la privatización es limitada por la regulación gubernamental.

Desde este punto de vista, el viraje a la dominación del capital financiero tomó la forma aparente de una serie de burbujas, seguidas por una enorme burbuja que implosionó. La realidad fue que la burbuja fue una táctica dilatoria para evitar la recesión inevitable. Alan Greenspan no estaba equivocado ni fue un idiota, ya que sabía que subir prematuramente las tasas de interés habría abortado la recuperación de los 90 y de los primeros años del nuevo siglo.

Se transfirió el capital de los sectores que crean valor al capital financiero. Parte de él fue exportado, conduciendo en un ejemplo particular a la burbuja asiática de 1997, pero la mayor parte de él fue usado para la especulación. Las compras para apalancamiento se transmutaron en acciones privadas, y las hipotecas fueron revendidas como CDOs (“obligaciones de deuda colateralizadas”) mientras que el mayor riesgo fue compensado por los CDSs (“permutas de incumplimiento crediticio”). Traducidas en valor, estos denominados “derivados” se reducen a la transferencia de valor de la industria y de los salarios.

Todas las crisis terminan con una crisis bancaria, ya que el capitalista o trabajador endeudado intenta obtener préstamos mayores que en definitiva no pueden pagar. La suba de las tasas de interés en este punto hace estallar la burbuja.

Causa detrás de la crisis

Algunos marxistas atribuyen la crisis al subconsumo y otros a la tasa decreciente de ganancia, y aun otros a la desproporcionalidad (desbalances que constriñen los caminos para la inversión productiva). Un cuarto punto de vista pone énfasis particular en la falla financiera como causa fundamental. Una quinta visión combina las cuatro anteriores. Todas las crisis, desde mi perspectiva, combinan todos estos elementos, pero siempre hay un disparador y una causa dominante o crucial.

Esto, sin embargo, no termina la discusión, dado que es bastante obvio que los gobiernos han jugado un rol central en las crisis modernas. Es probablemente más correcto hablar de la clase dominante, y los varios gobiernos, como centrales en la crisis. En este sentido, es claro que la clase dominante ha desplegado una estrategia particular en este tiempo, que ha fallado espectacularmente: la del capital financiero, que involucró una política particular y una relación particular con la clase trabajadora.

Lógicamente, la dificultad para ubicar la inversión apunta a la desproporcionalidad como la cuestión técnica, en la actualidad, en un contexto en el que el final de la Guerra Fría eliminó la estabilidad básica del sistema. No podemos ver a las crisis simplemente en términos de las contradicciones innatas del capitalismo. Tenemos que entender también la respuesta de la burguesía y los gobiernos para entender la naturaleza de esta crisis particular.

En otras palabras, tenemos una serie de elementos de la actual crisis que también constituyen la forma de extracción de plusproducto o plusvalor. La forma misma refleja la declinación del capitalismo como sistema. Hay dos aspectos de esta declinación; uno es el capital financiero y el otro es la intervención directa de la clase dominante, como clase, ya sea a través de los gobiernos o de otros medios.

En lo que respecta a lo segundo: a medida que la sociedad se aproxima a su superación, se muestran formas del futuro pero de una manera distorsionada, en este caso a través del control consciente de la economía capitalista. La “invasora sociedad socialista” notada por Friederich Engels ha sido convertida en una ventaja para el capital, en la medida en que eso es posible. Rudolf Hilferding (el teórico del “capital financiero” de principios del siglo 20) estaba en lo correcto al apuntar a la manera en que el capital financiero provee una forma organizativa para la clase dominante. No abole la competencia, pero el interés colectivo de la clase dominante puede expresarse cuando lo necesita, particularmente cuando es amenazado.

Durante la Guerra Fría, tal expresión se mostró a través de las acciones de los Estados Unidos como el poder imperial dominante, que efectivamente coordinó a la clase dominante a través de una serie de instituciones. El final de la Guerra Fría y la declinación de los Estados Unidos ha creado problemas para la clase dominante en este aspecto.

En lo que respecta al primer punto, el capital financiero fue efectivamente la estrategia adoptada desde fines de los setenta en adelante y ahora se ha desenmarañado.

El problema, en el momento de irrupción de la crisis, era que el capital es valor que se autoexpande y una expresión del tiempo de trabajo empleado, pero las enormes aglomeraciones de capital que se habían construido no podían ser reinvertidas excepto como capital ficticio, en la forma de varios tipos de préstamos y sus derivados. El dinero no puede producir más dinero por sí mismo, o producir valor sin la intervención del trabajo productivo. El dinero, sin volver al trabajo, no puede completar el circuito para producir más capital.

Concretamente, la burguesía no pudo invertir porque había salidas insuficientes en las cuales invertir, por lo que vertieron el dinero en el capital financiero mismo: los derivados, la bolsa, bienes raíces, bienes raíces comerciales. Una vasta inflación de los valores le sucedió.

El argumento económico burgués es que los chinos y otros asiáticos adquirieron y expandieron un excedente externo correspondiente con el déficit de EE.UU. Los chinos perversamente se negaron a gastar su dinero en subir el estándar de vida de su propia población. Este argumento es dudoso, o más correctamente, un sinsentido. 

Hubo y todavía hay una enorme pila de dinero guardada en las instituciones financieras por los depositantes adinerados: en 2007 llegó a 18 billones de dólares, nueve veces el nivel de las propiedades externas chinas. Hubo algo así como 100 billones de dólares en manos de instituciones financieras como fondos de pensión, compañías de seguros, accionistas privados, etc., que tenían (y tienen) que ser invertidos. La tasa de crecimiento industrial en Occidente es demasiado baja para absorber este dinero. El resultado ha sido una serie de burbujas: primero la burbuja asiática, luego la implosión de Long-Term Capital Management, seguido de la quiebra de las puntocom.

Las guerras recientes proveyeron un breve alivio para el sistema hasta que finalmente colapsó. El dinero ha fluido al tercer mundo, particularmente a China, pero sigue por debajo de su potencial. El capital sigue siendo receloso de invertir dinero en países sobre los que tiene un control limitado. Las naciones de Asia, África y América Latina ya no son colonias, y pueden tener y tienen propiedad nacionalizada o (p. ej. Argentina) rechazaron pagar sus deudas.

La situación hoy

La situación no ha cambiado básicamente. Por lo tanto el dinero está fluyendo a las denominadas economías emergentes, donde las tasas de interés son relativamente altas, como en el caso de Sudáfrica, donde las tasas de interés están en un 8%. De hecho, a las corporaciones les ha ido excepcionalmente bien el último año porque tuvieron un permiso para despedir trabajadores y bajar salarios, elevando así la productividad y las ganancias.

La reciente expansión adicional de la oferta de dinero en los Estados Unidos, llamada “quantitative easing” o QE2, es técnicamente superflua dado que las compañías tienen fondos excedentes. Obviamente, la razón por la cual el Banco de la Reserva Federal está emitiendo dinero yace en el hecho de que saben que las corporaciones no están gastando el dinero y esperan que la QE2 proveerá un empuje adicional a la oferta de dinero. Sin embargo, a menos que alguien realmente invierta o gaste el dinero productivamente, no servirá al propósito necesario.

Los críticos argumentan que la emisión de dinero causará una inflación global. Algunos, tanto en la izquierda como en la derecha, aceptan el argumento. No tiene, sin embargo, ninguna base. El dinero que fluye a los países subdesarrollados del mundo desarrollado va en gran medida a inversiones en carteras de valores o bonos gubernamentales más que a la inversión directa. Las tasas de interés son altas en esos países y podemos esperar que el dinero fluya de regreso cuando las tasas de interés sean reducidas. También está yendo a la inversión especulativa en commodities. En efecto, hay una nueva burbuja en precio de las materias primas y los alimentos, que con certeza estallará.

¿Por qué hay capital que no es capital, es decir, por qué la clase dominante no está invirtiendo? Un editorial en el Financial Times lo expresa de esta manera: “Al mismo tiempo, las corporaciones están en buenas condiciones. Están forradas con efectivo, al haber usado la recesión para acumular liquidez barata y racionalizar sus modelos empresariales, despidiendo trabajadores o mejorando su productividad: de ahí los 18 meses de crecimiento y ganancias, pero sin nuevos empleos”.

¿Entonces por qué no están usando su dinero para incrementar su capital? El FT luego dice: “Los negocios ciertamente se alimentan de sí mismos: mientras las corporaciones más posponen las inversiones hasta poder ver primero el regreso de la demanda, más deberán esperar para que la demanda se materialice. En la economía, como en cualquier parte, lo único más grande que el miedo es el miedo mismo.

Hay razones para esperar que las empresas estadounidenses puedan estar nuevamente olfateando el riesgo”(3).

Entonces el problema, de acuerdo con los escritores del Financial Times, es que los empresarios tienen temor de arriesgar su capital. La “incerteza” es demasiado grande. Por supuesto la economía burguesa argumenta absurdamente que las ganancias son el premio por el riesgo. Entonces la clase capitalista, de acuerdo con ella, tiene miedo de arriesgar su capital, aunque esa sea la función del propio capital. En realidad, los capitalistas reducen su riesgo al mínimo absoluto, en lugar de perder su capital u obtener ganancias potenciales. ¿A qué tienen miedo entonces?

El FT parece implicar que es una cuestión del momento y sólo de este momento, pero de hecho fue esta misma cuestión la que condujo a la recesión. Mirado superficialmente, por supuesto, los bancos estaban haciendo lo mejor que podían para prestar a todo el mundo, lo que no sólo es arriesgado sino estúpido. Entonces la historia oficial es que los bancos eran codiciosos, y no sólo codiciosos sino estúpidamente codiciosos. Tomaron altos riesgos porque las retribuciones eran altas.

Incluso un niño de 10 años puede ver que esto no tiene sentido. Los bancos no invirtieron en la industria sino en hipotecas y derivados (en otras palabras, en préstamos y derivados de préstamos), y la economía tuvo bajos niveles de inversión fuera de las finanzas. Una vez que uno saca las finanzas de las estadísticas, la tasa de crecimiento es muy baja.

¿Entonces por qué la clase capitalista en Occidente prefirió invertir sólo en el sector improductivo y exportar su capital al Este? Como se ha mencionado, los países del Tercer Mundo como Brasil están sufriendo un exceso de capital occidental yendo a inversiones en carteras de valores en sus países. En consecuencia, están dando pasos para limitar ese influjo.

Hay dos puntos a resaltar aquí. Primero, es claro que hay enormes sumas de dinero que están buscando un sitio, como había antes de la recesión; y segundo, la mayoría, aunque no la totalidad de los inversores no están preparados para poner su dinero en inversión directa, en compañías de producción real.

El enorme pool de capital está buscando retornos de corto plazo. Los números bajaron durante la recesión pero están subiendo de nuevo. Obviamente una forma de gastar dinero es dilapidarlo, como en la reciente construcción del edificio de departamentos más caro del mundo en 1 Hyde Square en Londres, donde un departamento cuesta unos 200 millones de dólares, o la vuelta a la construcción de yates.

El concepto de capital financiero

¿Entonces qué está pasando en términos más teóricos? Una manera de verlo es hablar de una huelga del capital, como algunos grupos de izquierda han hecho, pero eso implica que es una acción de corto plazo, cuando se trata de una estrategia de largo plazo. El concepto de capital financiero es crucial. Es capital abstracto (no atado a ningún emprendimiento productivo particular), que es necesariamente cortoplacista, improductivo y predatorio(4), pero ha tenido éxito en cambiar los términos de la lucha de clases a favor de la clase capitalista.

En Europa y los EEUU la lógica de una solución keynesiana o popular a la recesión apuntaría hacia una expansión monetaria y el crecimiento de las industrias nacionalizadas. Aún así la empresa privada encuentra difícil ir por inversión a gran escala por períodos de tiempo extendidos. Gobernada por el capital financiero, es necesariamente cortoplacista.

Ninguna legislación puede alterar el hecho de que los inversores adinerados, al mantener los fondos requeridos, quieren retornos inmediatos y están recelosos de tomar los riesgos involucrados en la investigación y el desarrollo por largos períodos sin asociarse con el gobierno. Por otro lado, la sección dominante del capital tiene miedo de permitir al gobierno jugar un rol creciente en la economía y teme reactivar la economía a una tasa de crecimiento mayor (es decir, “estímulo”).

Los ideólogos sostienen que el crecimiento y la innovación vienen de las compañías pequeñas y medianas, que deben ser promovidas por sobre la inversión “planificada” por el estado. El argumento no tiene mérito, ya que las PyMES verdaderamente independientes tienen poca importancia.

La industria automotriz, la industria aeronaval, la industria militar, las industrias farmacéuticas y químicas son típicas al estar dominadas por grandes compañías como General Motors, Boeing, Pfizer y similares, que tercerizan una proporción considerable del trabajo. Estas compañías más pequeñas son controladas efectivamente por sus compradores en casi todo aspecto.

Esa cortina sirve al propósito de encubrir las intenciones reales detrás del programa de austeridad permanente. El significado de la crisis es que la estrategia misma del capital financiero ahora ha implosionado, y la clase capitalista ya no tiene otra estrategia más que un regreso al capitalismo clásico, con desempleo masivo y un mínimo estado de bienestar.

Hillel Ticktin*

 Notas

[1] Hillel Ticktin, “The Crisis and the Capitalist System Today”, Critique 53, 355-371, republicada por Routledge 2011, en Hillel Ticktin (ed.): Marxism and the Global Financial Crisis. Hillel Ticktin, “The Transitional Epoch, Finance Capital and Britain”, Critique 16, 1983, 23-42 & Hillel Ticktin, “Towards a Theory of Finance Capital”, Critique 17, 1-16, 1986. También es discutido en los números recientes sobre la crisis: Hillel Ticktin, “A Marxist Theory of Capitalist Instability and the Current Crisis”, Critique 47, February 2009, 13-30, y en las Notas de Critique durante los últimos dos años.

[2] Karl Marx, Teorías sobre la plusvalía. Citado de la edición inglesa, Theories of Surplus Value, Vol. 2, Lawrence and Wishart, Londres, 1969, Progress Publisher, Moscú, 1968, 510.

[3] “Something Stirring in the US Economy”, Financial Times, sábado 8 de enero de 2011, 10.
[4] Para una discusión del capital financiero ver Hillel Ticktin, “The Transitional Epoch, Finance Capital and Britain” y “Towards a Theory of Finance Capital”, op. cit.

 

Original: Brief Theory of the Present Crisis

Traducido por Darío Scattolini,

Publicada en la Revista Teórico Política "La Caldera" Nº1, 2015/2016.

Palabras clave:Crisis  crisis estructural del sistema  colapso puntocom  capital financiero  estrategia de contención  efecto dominó  FT  Eurpa  USA  Hillel Ticktin  

Actualizado ( Domingo, 31 de Julio de 2016 04:19 )  

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