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TTIP-TAFTA: Nuestra democracia en venta

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Seguramente ya habrán oído hablar del intento más reciente de crear una zona de libre comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos. O quizá no. Poco se ha informado sobre este tema en los medios dominantes y los ciudadanos europeos apenas saben nada del explosivo contenido del proyecto del acuerdo de libre comercio.

Si se indaga algo más en los medios alternativos y uno se entera de lo que realmente está en juego, el enfado es monumental. Si nuestros representantes políticos se tomaran en serio su trabajo y les quedara algún resto de integridad, harían sonar todas las alarmas, pues este “acuerdo de libre comercio” supone un ataque frontal a nuestra democracia, o a lo queda de ella.

 

En julio de este año se iniciaron las negociaciones oficiales con vistas al llamado “Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversión” (TTIP, por sus siglas en inglés), entre la UE y los EE.UU. El propósito declarado es firmar antes de finales de 2014 un acuerdo para crear un Área Transatlántica de Libre Comercio (Transatlantic Free Trade Area, TAFTA) entre los EE.UU. y la UE.

La propaganda oficial señala que mediante este acuerdo se armonizarán los estándares normativos (que serán concretados por las grandes compañías e inversores). Armonizar los estándares significa llanamente entrar en una espiral descendente hacia los estándares más bajos, de manera que las compañías estadounidenses puedan vender en el mercado europeo sus productos genéticamente modificados, sus pollos clorados y sus cerdos y vacas hormonadas. Y si estos estándares no se cumplen, los Estados se arriesgan a enfrentarse a sanciones ilimitadas en el tiempo o al pago de indemnizaciones multimillonarias. Vuelvo sobre ello más adelante.

El “acuerdo de libre comercio” consiste sobre todo en la eliminación de cualquier posible “traba al comercio”, como suele llamárselas, aún existente (los aranceles entre EE.UU. y la UE han desaparecido ya en su mayor parte), esto es, cosas para el gran capital tan molestas como los derechos laborales, las leyes de protección social y seguridad en el trabajo, las normas de seguridad de los productos y alimentos, las normas de protección medioambiental o la regulación de los mercados financieros. En suma, todo lo que hace llevadera la vida de las personas trabajadoras corrientes.

Las negociaciones se llevan a cabo a puerta cerrada, a fin de que el pueblo llano no se entere de lo que realmente está en juego. Por otro lado, 600 “asesores” oficiales de las grandes compañías tienen acceso privilegiado a las negociaciones para exponer sus ideas.

Lori Wallach sostiene: “Hay una sencilla razón para el secretismo. Un tratado como este obligaría a los Gobiernos nacionales e incluso a las administraciones locales a adaptar sus políticas internas actuales y futuras a un detallado marco legal. Este acuerdo fijaría requisitos legales negociados a nivel diplomático que, a petición de las empresas, se aplicaría también a muchos ámbitos no relativos al comercio, tales como la seguridad alimentaria y el etiquetado de alimentos, los niveles máximos de contaminación química y tóxica, el sistema sanitario y el precio de los medicamentos, el derecho a la privacidad en internet, el suministro de energía y los 'servicios' culturales, las patentes y los derechos de propiedad intelectual, el uso de la tierra y de los recursos naturales, los derechos y el acceso al empleo de los inmigrantes, las adjudicaciones de contratos públicos y muchas otras cosas”.1

Lo más escandaloso de este acuerdo es probablemente que las empresas podrán demandar a los Estados y autoridades que infrinjan las estipulaciones del acuerdo y hacerlos comparecer ante un tribunal de arbitraje dominado por una pequeña camarilla de abogados corporativos. Las empresas podrán exigir a Estados y autoridades el pago de indemnizaciones cuando los tribunales juzguen que, debido a determinadas medidas como requisitos medioambientales y derechos sociales, los “beneficios futuros esperados” se hayan visto disminuidos. En virtud de los acuerdos de libre comercio con EE.UU., grandes compañías han recibido ya en indemnizaciones más de 400 millones de dólares de los contribuyentes por sus demandas contra la prohibición de sustancias tóxicas, el régimen de concesión de licencias, la legislación sobre protección de las aguas y aprovechamiento de los bosques y otras regulaciones “antiinversión”2. Así, por ejemplo, el fabricante de un aditivo cancerígeno para la gasolina reclamó al Gobierno canadiense una indemnización de 250 millones de dólares por las “oportunidades de negocio perdidas y trabas al comercio”, debido a la prohibición de dicho aditivo. El Gobierno canadiense, ante el temor de perder la demanda, levantó la prohibición, declaró el aditivo como “seguro” y abonó al fabricante una indemnización de 10 millones de dólares.3

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Si este acuerdo entra en vigor, los derechos de los inversores prevalecerán sobre las leyes para la protección de nuestra salud, el medioambiente o los derechos sociales. Los derechos de las empresas se antepondrán a la soberanía de los Estados. En otras palabras, desaparecerán los últimos vestigios de democracia.

Michael Parenti lo resume a la perfección refiriéndose a los acuerdos ya existentes: “Repitámoslo una vez más: lo que también se elimina es el derecho a tener tales leyes. Este es el punto más importante y con frecuencia pasado por alto por personas de todo el espectro político. En virtud de los acuerdos de libre comercio, los derechos de los inversores de las corporaciones alcanzan una supremacía imperial que les permite prevalecer sobre todos los demás derechos, incluido el derecho a un medioambiente limpio y habitable, el derecho a unos servicios públicos asequibles y el derecho a algún resto de democracia políticoeconómica. Bajo el estandarte del 'libre comercio', los derechos de propiedad de las empresas se colocarán por encima de todos los derechos democráticos”.4

¿Y todo esto para qué? La creación de un área transatlántica de libre comercio se apoya en el sempiterno e indemostrado mantra del crecimiento económico, la creación de puestos de trabajo y el bienestar para todos. Sin embargo, el beneficio económico pronosticado es mínimo. Según las estimaciones de la Comisión Europea –optimistas y probablemente sacadas de la manga–, el presupuesto de una familia media de la UE dispondría de 500 euros anuales más.5 Eso representa 42 euros mensuales, que seguramente se los llevará enseguida el aumento del coste de la vida. Toda una broma.

Tras el acuerdo se esconden otros intereses muy distintos. Para muchos productos y servicios del sector privado los mercados están saturados. Por ejemplo, Monsanto se encuentra con que el mercado estadounidense para la soja y el maíz transgénicos está prácticamente agotado. ¿De dónde obtendrá entonces el crecimiento constante de los beneficios necesario para satisfacer las expectativas de rentabilidad de los codiciosos accionistas? De nuevos mercados en los que vender sus productos, naturalmente. El capital tiene que buscar constantemente nuevos nichos de inversión, hasta llegar a todos los rincones del mundo y transformar esas inversiones en mercancía. Para la población mundial y el medioambiente eso supondría una catástrofe de dimensiones gigantescas. Sólo podremos detener esta deriva si tomamos conciencia de esta amenaza, si por así decir nos des-engañamos, y nos oponemos enérgica y decididamente. Debemos valorar todos los espacios públicos y los bienes y servicios públicos de los que (aún) disponemos y defenderlos con uñas y dientes. Es una lucha crucial, así que peleemos y hagamos oír nuestra protesta.

Notas:

1 Lori Wallach, TAFTA – die große Unterwerfung, Le Monde Diplomatique, 8.1.2013 http://www.monde-diplomatique.de/pm/2013/11/08/a0003.text

2 Lori Wallach, TAFTA – die große Unterwerfung, Le Monde Diplomatique, 8.1.2013 http://www.monde-diplomatique.de/pm/2013/11/08/a0003.text

3 Michael Parenti, The Face of Imperialism, Paradigm 2011, p. 64

4 Ibíd, p. 71

5 Silvia Liebrich, Es geht um mehr als nur Zölle, Süddeutsche Zeitung, 11.11.2013 http://www.sueddeutsche.de/wirtschaft/freihandelsabkommen-zwischen-usa-und-eu-es-geht-um-mehr-als-nur-zoelle-1.1815472

Susanne Schuster سوزان شوستر

Original: TTIP-TAFTA – der Ausverkauf unserer Demokratie

Traducido por  Javier Fernández Retenaga

Traductions disponibles : English Français فارسی

Fuente : Tlaxcala, 26 de noviembre de 2013

Artículos de Susanne Schuster publicados por La Pluma:

Papúa Occidental: la guerra olvidada

Colombia- El Cerrejón: las catastróficas consecuencias de la extracción de carbón y los movimientos de resistencia

Falsas soluciones contra el hambre y la pobreza

Palabras clave:Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio  EE.UU  Unión Europea  capitalismo  democracia  Susanne Schuster  

Actualizado ( Lunes, 16 de Diciembre de 2013 16:49 )  

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