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Argentina: Relámpagos- Ensayos crónicos en un instante de peligro

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Capture_APU_relampagosBisEl coraje del pueblo: Ceo-democracia y las formas de la revuelta por Sebastián Russo

“El fantasma del 2001 volvía a aparecer con otro de sus momentos míticos. Si los gases lacrimógenos, el diciembre caldeado y la represión sistemática el jueves pasado nos lo había traído a la memoria de nuestros cuerpos, la reunión espontánea, clasemediera, festiva y acumulativa en caminata al Congreso hizo que el espectro reencarnara”.

Nuestros cuerpos fueron compelidos a vivir una jornada refundacional. La de un nuevo engendramiento del nosotros. Reinvención y herencia en una escena que fuimos construyendo, en marchas, discusiones, producciones y agobios cotidianos. Compelidos y arrojados a dibujar un nuevo trazo, una nueva mueca, un nuevo gesto. Gesto que puede cambiarlo todo, ya que contiene fibras de las más preciadas de lo comunal. He aquí algunos esbozos, crítico-vivenciales, de un largo día, 18 de diciembre, preludio sintomático del recordatorio del emblema último de revuelta popular:

Al cierre de una jornada exhausta un inesperado regalo a la historia de las luchas populares otorgaron lxs porteñxs, lxs mismxs del 52% a Carrio. Luego de la masiva marcha y la violenta represión, grupalidades heterogéneas, sin banderías políticas, pareciendo no haber estado en la movilización, corridas y ahogamientos del mediodía se comenzaron a aglutinar en esquinas de la ciudad, desafiando el estado de intimidación y terror que el brazo armado de la ceo-cracia quiere implantar. El fantasma del 2001 volvía a aparecer con otro de sus momentos míticos. Si los gases lacrimógenos, el diciembre caldeado y la represión sistemática el jueves pasado nos lo había traído a la memoria de nuestros cuerpos, la reunión espontánea, clasemediera, festiva y acumulativa en caminata al Congreso hizo que el espectro reencarnara.

En jornadas donde la palabra en la calle, la protesta, reencauzó el silencio angustioso del oprobio macrista y sus imágenes y voces compradas, una suerte de refundación, o cuanto menos un desempolve vibrante y afirmativo de la palabra en alto, pidiendo un alto, haciéndose escuchar, tomó las calles. Con gente emocionada, alegre, entre los que se encontraban con seguridad muchos votantes macristas, incluso entre los que pasaban con sus autos y bocineaban en señal de apoyo. Algo que el macrismo, la ceocracia corporativa no puede leer. Y se podría creer que esa no lectura podría condenarlo. Pero una condena actúa sobre aquel que tiene algo para perder. Y a los CEOs, nada de lo que les importa (el dinero) les está en juego en esto. Llegado el caso, levantan sus petates e invierten en otra cosa, en otro lugar. No tienen arraigues y eso los hace invencibles, cínicos, despreciables sobre todo cuando enuncian “gente”. Pueden de hecho decir: “nos duele el dolor del que sufre”. Pero es pura retórica estratégica de managment político. El bienestar del otro, el pueblo, la patria, el veredicto de la historia los tienen sin cuidado. No está dentro de su universo de intereses, no está dentro de su razón instrumental.

Daniel Santoro caracteriza al CEO por su voracidad impiadosa. El “dueño”, el “patrón”, dice, pueden tener algún momento de piedad. Incluso deben tenerlo para su propio sostenimiento y construcción de afectiva fidelidad para con sus mandados. El CEO no. Y su impiedad en el poder es desplegada y transmitida a sus acólitos y sistema de empleados. Los que deben responder de modo sumiso e inmediato, con la esperanza siempre trunca de ser reconocidos por más que una palmada: bien hecho, seguí así. Abyectos ceo-dependientes que ponen en palabras los que el CEO no hace, ni puede, ni quiere.

“Grupos violentos, terriblemente violentos, organizados”, no se cansó de repetir el empleaducho disfrazado de periodista en la madrugada de C5N entre discurso y discurso de diputadxs. Decía y repetía ante un grupito de imágenes que se repetían a su vez incansablemente. Unas pocas, de las miles que un día como ayer arrojó. Y que de a ratos matizaba, pero casi sin imágenes, con algunos “excesos” que la policía “también” (aclaraba) había cometido. Hablando de y sobre las imágenes seleccionadas, permitidas por los ceo (mediáticos, gubernamentales o pinches editores ceo-introyectados -que hacen lo que creen que a los CEO les va a gustar: con palmadita incluida) Generando un estado de doble repetición magnificada y saturante del sentido. Una saturación reverberada, desbordante: palabra sobre imagen, violencia dicha sobre violencia mostrada. Y en loop, una y otra vez. Repetición de repeticiones.

Habiendo estado 16 horas (desde las 12pm a las 4am) viendo y sintiendo secuencias emotivas, terribles, alegres, tristes, me voy a dormir con el rostro del gordo de rastas que tira un cohete. La capacidad de impregnación de las imágenes espectaculares es potente. Si a mí me pasa eso, luego de las intensísimas horas vividas en la calle, el imaginario implantado en el que solo desde su casa “vivió los hechos” es impenetrable.

Imágenes “a favor” y “en contra”, así las plantea, sin tomar explicita posición, el payasesco trajeado de C5N (y en él todxs los periodistas coptados, es decir casi todxs lxs periodistas de alto alcance) En contra del pueblo, al que refiere como a un coro pacífico que sufre la presencia de “grupos violentos”, a los que ni siquiera los vincula en la posibilidad de que hayan sido infiltrados: algo demasiado complejo para el binarismo espetado. A favor de las “fuerzas del orden”, sea policías, sean diputadxs, sean ceo-asimilados.

Imágenes que no retienen, ni registran lo que no pueden (ni quieren), las que escapan a la lógica del cálculo político-mediático. Como la de la emoción de la señora mayor que baja de su edificio ante el avance de la columna y aplaude con felicidad en su rostro. O la de la piba treintañera que llora contenida mientras a su lado se canta “si este no es el pueblo el pueblo dónde está” (cántico-estandarte que retorna cada vez, enunciando lo tan difícil y facilista de enunciar: pueblo, con indudable firmeza identitaria.) O la de la felicidad de los muchachos de la UOM ante su sinfonía bombista en trance. O la de la tranquilidad y el coraje de una piba de ATE con pechera y cámara fotográfica en mano, que luego de parársele de frente a una cuadrilla de motos de la cana, vuelve y ofrece armarme un cigarrillo. O la del guardia de seguridad del edificio Barolo, que aunque sintiéndose desbordado ante el masivo ingreso de ahogados por los gases lacrimógenos y la avalancha que generaron en una plaza repleta (con gente pisoteada y otros arrojándose a las bocas del subte) les permitió entrar y esconderse ante el comienzo de la cacería motorizada. O el “ahí vienen” del pibe en cuero que se expone y oficia de arriesgado vigía ante los que empiezan a recuperarse de los gases, que aterrados porque entre la cana también le gritan que tenga cuidado. O la señora con su hijita que viven en Ituzaingó que le ofrece agua a un pibe tirado de espaldas en el hall del Barolo con sus ojos explotados de gas. O lxs legisladores (Cabandie y Moreau, de los que alcance ver) pidiéndoles que bajen de las vallas, ante una policía exhausta, sádica y sedienta, a pibes en la madrugada (y porque todxs son/somos esos pibes, que van al frente, que sufren el ajuste, que carne de cañón lo dejan todo por todxs) O la de lxs muchxs otrxs que intentaban contener a los más exaltados, diciéndoles que había chicxs y abuelxs, y estos entendiendo, aplacando sus desbordes, también solidarios. O la de la murga pobre, compuesta de tachos, botellas, tapas de olla abolladas, desheredados y trasnochados, que hasta las cuatro de la mañana tocaba en Congreso, con ímpetu y alegría.

¿Puede una derrota albergar una victoria? ¿Puede acaso una letal derrota, que nos condena a una economía aún más pauperizada incluso a los más pauperizados de nuestro pueblo, contener victorias igual de contundentes y fundamentales? La ignominia de una votación, bajo los designios del capital trasnacional y los intereses de organismos internacionales pro imperialistas, no debe opacar los núcleos siempre precarios de rearme de una solidaridad popular, de un coraje indómito que se macera y emerge en momentos inesperados, de un nosotros reinventado y orgullo de sí mismo: formas de una vitalidad popular que un CEO nunca vivenciará y he ahí su mayor condena. Y a los tibios (ceo-asimilados) que los vomiten de su boca.

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La reacción serena, por Lucas Saporosi

“¿Dónde queda “lo sereno” de una reacción ante las diferentes formas de la violencia del poder? La evocación corporativa que sostiene que la violencia proviene del que arroja piedras es, en efecto, el resultado de una estrategia ideológica orientada a criminalizar la protesta social y a redefinir el concepto mismo de violencia”.

Hace dos semanas, la voz de una dirigente clamó por una reacción...serena. Era otro contexto (¿lo era?): la evidencia de una persecución política y un intento de proscripción como hacía tiempo no se veía en la esfera política nacional. En ese marco, CFK llamó a una “reacción serena” [1].

Hoy, esa contradictoria evocación hace serie (yo la fuerzo, admito) con el acontecimiento político del lunes y martes: la masiva expresión popular en contra de la reforma previsional. La crónica de la movilización nos ubica en esa escena de interpelación por el significante “sereno” y nos posiciona ante el gesto de reconfigurar esa ética de la reacción. Ello implica que, de ahora en más, será fundamental asumir la tensión entre el cuidado y la puesta del cuerpo pero, sobre todo, implica traducir el acto de la reacción en un acto de intervención política que amplíe el horizonte de lo posible.

Quiero decir, el hecho de tomar aquellas palabras e insertarlas en otra cadena de sentidos - materializar un montaje- es un modo de hacer hablar a la dirigente: nos hemos reapropiado de su llamado, lo hemos tergiversado y lo hemos hecho carne y voz. No (sólo) se reaccionó ante el desvarío judicial, sino que, ante todo y en una articulación amplia y compleja , se reaccionó ante un saqueo a los sectores populares. En este marco, la correlación de fuerzas del campo popular permitió que la configuración de lo sensible deviniera en el acontecimiento ingestionable de la ocupación de la calle. Allí, y como se venía gestando desde hace ya unos meses, se contribuyó al proceso de construcción de un arco político movilizado, alerta ante el instante de peligro. Se puede pensar que La Corriente Federal es el modo en que se institucionaliza, pero, efectivamente, trasciende sus límites. Se vio durante la marcha y durante los estallidos de cacerolas por la ciudad y las provincias.

Resulta interesante pensar, entonces, una reacción no reaccionaria. En esto, resuenan los aportes de Sara Ahmed, quien afirma que “la política es el espacio que queda entre las superficies de reacción y la necesidad de una decisión sobre lo que hay que hacer” (Ahmed, 2015: 264). Todas nuestras intervenciones son acciones motivadas por el contacto con otrxs, de modo que no existe una acción original y creativa per se. Nos movemos en zonas complejas, atravesadas por múltiples factores de presión y de posibilidad, a partir de los cuales elaboramos nuestros repertorios de acción. La acción y la reacción no son caras opuestas de una misma moneda sino modos de la agencia que se configuran en las escena de disputa política. Por ello, “la decisión de lo que hay que hacer” - inquietud leninista, si las hay- debe redefinirse en el marco del colectivo de lxs trabajadorxs y esa decisión debe perforar los capas sedimentadas de burocracias a fin de llegar a las esferas de enunciación y de producción de poder. Y eso, nuevamente, se logra en la calle.

En este planteo, se intuye entonces que no debe primar la sensación de derrota ni de desazón ante la aprobación de la reforma previsional. Y, en efecto, la reforma que se aprobó afecta directamente a la actualización de los haberes jubilatorios. En el caso de los docentes, por ejemplo, constituye un saqueo a nuestras conquistas como trabajadores de la educación, reconfigurando regresivamente la jubilación de incentivo y, consecuentemente, el 82%, algo que comenzó a perfilarse con la mal llamada “reparación histórica”
 
Aun así, la reacción ha invocado un modo de activación que llevó a miles y miles de personas a manifestarse en las esquinas, a poblar la noche del Congreso y a colmar el aire veraniego con el sonido metálico de las cacerolas. Ello no fue una acción espontánea, fue parte de ese linaje transmitido a lo largo de los años, que muta y se activa según los momentos de la historia.  ¿Resuena el “ocupar y resistir” de fines de los 90 y principios de los 2000? Tal vez, la distancia no es tan lejana.  

¿Dónde queda “lo sereno” de una reacción ante las diferentes formas de la violencia del poder? La evocación corporativa que sostiene que la violencia proviene del que arroja piedras es, en efecto, el resultado de una estrategia ideológica orientada a criminalizar la protesta social y a redefinir el concepto mismo de violencia. El cinismo de esta alianza neoliberal de gobierno contribuye a fetichizar todas las otras formas de la violencia que implican la “redistribución” regresiva de los recursos, la “reducción” de haberes jubilatorios y las “reformas” laborales, impositivas y/o educativas. Eso, a las claras, tiene efectos violentos y materiales sobre la población. Y si a eso se le suma una escalada represiva por parte de las fuerzas del Estado, el monopolio mediático de (des)información y la persecución político-judicial, lo que queda al descubierto es el carácter profundamente violento del modo de gestionar este modelo de acumulación.

Por tanto, resulta imperioso habitar colectivamente esas superficies de reacción y decisión con el objetivo de invocar y reforzar nuestros espacios de contención y solidaridad, sin perder la capacidad de activación política en la esfera pública.

1 - “Un llamado a la reacción serena, muy serena. A responder por la vía política a este inédito e increíble desvarío judicial” (CFK, 8 de diciembre 2017)

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Esa Plaza, por Natalia Torrado

“Están los compañeros y este riesgo es preciso. Todo va a salir bien. Como sea, los hijos van a estar bien. Hijos de su tiempo, hijos de la lucha, amados en la lucha. Los hijos van a estar bien”.  

El dolor físico no es aterrador. Después de los partos y los golpes, sabemos que ese dolor no nos quiebra. El dolor físico abrupto, el arrebato inesperado, del palo, del gas o la bala, no nos quiebra. Otra cosa es el dolor de la tortura, sostenido y sistemático. Ese, ya no se llama dolor. No hay nombre para eso. Y nuestros compañeros torturados colmaron su ser compañeros, y se volvieron santos, justamente porque su dolor no tuvo nombre.

Pero al dolor de la piedra o la trompada o la caída, al dolor de la patada, no le tuvimos miedo en la plaza. Lo verdaderamente aterrador fue pensar  en no volver a ver a los que se ama. No volver a ver a mi hijo. Si me llevan o me matan, pensaba, no voy a poder ver a mi hijo ni él va a volver a verme, nunca más. Esa fue mi mezquindad. Mi corto sentido burgués de la vida. Porque ese hijo ni siquiera es mío, es hijo de su tiempo, es decir, un hijo del peligro, y yo mejor defiendo su vida y su porvenir si me llevan o me matan.

En la Plaza, un hijo es un hermano, y en breve un compañero. Pero la sola idea aterraba, y ahí nomás uno buscaba donde resguardarse o por donde salir. Se trataba de una mezquindad  humana, y justo ahí el espíritu, en lo humano, encontraba la confianza y se convencía, como podía, de no temer. Están los compañeros y este riesgo es preciso. Todo va a salir bien. Como sea, los hijos van a estar bien. Hijos de su tiempo, hijos de la lucha, amados en la lucha. Los hijos van a estar bien.  

En todo caso, eso no fue lo hermoso. Lo súbitamente hermoso del 18 de Diciembre fue que le dimos la vuelta a la otra mezquindad, la mezquindad inhumana, la que no reconoce a otros y hace que cada quien se sienta tan solo. La que trascendimos el 18 fue la mezquindad del sálvese quien pueda, de cuidar cada uno su  quintita, de ver en el rostro hermano un rostro siempre enemigo. De esa mezquinad, no hubo. La del 18 fue una Plaza generosa, viva y sensual. Algo se nos separó, algo ya no era nuestro, ni de cada uno ni  de todos. Algo en esa Plaza se nos fue y se elevó, fue un puro otro, un otro del que  hicimos parte. Lo libre, lo que es libre y soberano, se manifestó. Y esa sola visión, y esa sola vivencia extraordinaria y cruel, nos dejó sin retorno.

Ahora, un dolor tierno de adiós, de despedida. Porque ya no somos aquellos, los de antes de esa Plaza. Por fortuna, compañeros, de esa Plaza no se vuelve. Aparecimos otros, queda por decidir si somos tales.

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La batalla por la defensa de las jubilaciones, por Rodrigo Lugones

"La humillación y la violencia desatada por el macrismo encontró un límite. El lunes organizaciones populares de vanguardia, hartas de recibir represión, respondieron. Explicar exclusivamente la violencia desatada en el Congreso por infiltrados en columnas del campo popular es subestimar las consecuencias del largo alcance de la política represiva y económica del gobierno".

La hipocresía de la indignación de los medios hegemónicos que declamaron su incomprensión y sorpresa por la violencia desatada en la jornada de protestas del lunes solo puede ser entendida en el marco de la enorme distorsión de estos medios en relación a la violencia sufrida por el campo popular en los últimos dos años. 

La batalla de Congreso el día de la votación de la reforma previsional no empezó el lunes pasado, comenzó con la política represiva del macrismo para aplacar el conflicto social hace dos años. La cotidiana pero brutal represión de la protesta, la criminalización de la militancia y el reclamo social, el mando de Bullrich habilitando a todas sus fuerzas de seguridad a llevar adelante violaciones a los derechos humanos: los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en la Patagonia, los records de gatillo fácil en los barrios de la patria, las torturas policiales a militantes, las razzias, los encarcelamientos de los dirigentes de la Tupac y otros referentes del kirchnerismo, el armado de causas a militantes de bases por participar en manifestaciones. Es síntesis: la degradación absoluta del Estado de Derecho, digitada con precisión por el oficialismo, construyó ladrillo a ladrillo la batalla del lunes.

La humillación y la violencia desatada por el macrismo encontró un límite. El lunes organizaciones populares de vanguardia, hartas de recibir represión, respondieron. Explicar exclusivamente la violencia desatada en el Congreso por infiltrados en columnas del campo popular es subestimar las consecuencias del largo alcance de la política represiva y económica del gobierno. Los efectos sociales de las políticas del macrismo se vieron cristalizados en la calle. Esto no es la negación de la existencia de infiltrados. Sino entender que la represión de Bullrich esta vez encontró una respuesta por parte de las organizaciones que fueron sometidas a represión, persecuciones y demonizaciones mediáticas y judiciales.

Sin duda que esto nos abre a otra discusión. En torno a si la respuesta de los compañeros que pusieron el cuerpo en el enfrentamiento con las fuerzas de seguridad  terminó siendo estratégica en la lucha por defender los haberes jubilatorios. Será una discusión en torno a la legitimidad de la violencia. Claro, que siempre será negada por el Establishment mediático del Poder empresarial en la Argentina que termina borrando las coordenadas históricas en relación al origen real de la violencia. 

El gobierno utilizó la discusión sobre los hechos violentos para tapar la discusión de fondo sobre los haberes jubilatorios. A su vez, el indignometro selectivo de las grandes corporaciones de la comunicación construyeron ese discurso a la par del oficialismo. Esta situación obligará a las organizaciones populares a discutir en torno a un uso estratégico de la violencia defensiva.

La semana pasada lo escribimos: el gobierno sufrió su primera gran derrota el jueves 14. El oficialismo perdió la batalla pero terminó aprobando la ley el lunes, no necesito utilizar el DNU inconstitucional pero tuvo que poner la carta extorsiva en la mesa. La amenaza del DNU expuso el fin de la estética republicana, como dice el compañero José Cornejo. La victoria macrista se logró pagando un costo demasiado alto que fue mostrar la potencialidad de las manifestaciones populares para presionar contra la agenda expulsiva del gobierno.  Macri consiguió lo buscado pero lo hizo con un triunfo pírrico. Cientos de miles movilizados en su contra, una represión que duró entre las dos sesiones más de 14 horas, decenas de cacerolazos en los barrios de Buenos Aires. Fue un mensaje muy claro al macrismo, el camino al ajuste será un camino de feroz resistencia.

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Perdimos pero ganamos, por Manuel Saralegui

"Quizás baje la espuma, quizás no. Nuestro objetivo es que no baje. Algo se fisuró en el régimen y es nuestra tarea que aquello que se abrió no se vuelva a cerrar, que se abra cada vez más. Lo que está por delante es incierto, pero habrá que asumir lo que venga, sea para bien o todo mal".

Hoy asume lo que venga
Sea para bien, o todo mal

La Vela Puerca

Entrado el 19 de diciembre a la mañana, se aprobó el choreo jubilatorio. La ley pasó y eso es un dato. Con aprietes a gobernadores y andá-a-saber-qué-banelcos-inventaron, lograron que opositores votaran a favor, se abstuvieran, se ausentaran o dieran quórum. Eso sucedió dentro del Parlamento, cristalizando ese 128 como el número de la infamia. Más luego, el Presidente sale en conferencia de prensa y dice que todo bien todo legal. Pero sabemos que no fue eso todo lo que sucedió. Algo se quebró en el régimen, algo se fisuró, se resquebrajó.

Las últimas semanas han sido dramáticas. Dramáticas. Una sucesión de batallas donde hemos llorado de bronca y alegría, a veces con horas de diferencia. Vimos el salvajismo policial como nunca, el cinismo mediático a pleno, tuvimos miedo por momentos, nos indignamos descubriendo nombres de diputades ignotes. Pero también fuimos protagonistas de jornadas de lucha heroicas. Fuimos pueblo en la calle. Construimos un destello de pueblo, participamos de ráfagas de potencia transformadora, fuimos unidad de les trabajadores y al que no le gusta se jode, se jode. También aplaudimos opositores de todos los colores, celebramos coincidencias con massistas, troskistas, socialistas y mucha otra gente a la que supimos tildar de gorilas y traidores. Vimos a nuestra dirigencia representar mejor que nunca. Nos emocionamos con la CGT, luego la puteamos. Como les decía, días dramáticos.

Quizás baje la espuma, quizás no. Nuestro objetivo es que no baje. Algo se fisuró en el régimen y es nuestra tarea que aquello que se abrió no se vuelva a cerrar, que se abra cada vez más. Lo que está por delante es incierto, pero habrá que asumir lo que venga, sea para bien o todo mal. Si somos inteligentes, si le ponemos cabeza y corazón, hay condiciones para la construcción de una nueva mayoría. Dale que puede escampar, va a escampar.

Perdimos

Arranquemos por lo obvio. Perdimos la votación de la reforma previsional. Enfrentamos un adversario poderoso que cuenta para sí con la artillería más pesada de la que tengamos memoria. Lograron arriar los votos que necesitaban, mostraron fortaleza en una foto con 14 gobernadores, los medios hegemónicos sostuvieron el relato macrista hasta el final (con honrosas excepciones), y las fuerzas de seguridad están preparadas, parecería, para ir a la guerra contra la sociedad si así se los pide Patricia Bullrich.

También perdimos porque ni las movilizaciones sociales masivas, las organizadas y las espontáneas, ni el repudio social generalizado pudieron torcerles la muñeca. El jueves 14, cuando parecía que flaqueaban y sacaban DNU, pararon la pelota, reagruparon y volvieron a la ofensiva. No logramos quebrarles el quórum, ni hacer tambalear su pacto extorsivo con las Provincias. Mierda que intentamos, loco. Pero no se pudo.

Perdimos porque siempre perdemos cuando el régimen nos reprime y nos persigue. La cacería policial, la militarización del Congreso, las denuncias penales contra diputades del FpV, Macri diciendo que las protestas fueron "orquestadas", el periodismo patrullero pidiendo sangre sangre sangre. No olvidar que la fisura en el régimen comenzó a abrirse el jueves 7 (o tal vez fue el 29 de noviembre en la marcha de la Corriente Federal), cuando el infame fallo Bonadío suscitó rechazos plurales y heterogéneos desde la extrema izquierda hasta la ancha avenida del medio. Ya lo sabemos: el espiral de represión y persecución tan sólo va a aumentar. Seguramente habrá una nueva tanda de prisiones políticas en los días por venir.

Son tiempos difíciles, mamita. ¿Quién no tuvo miedo en algún momento estos días? Recordemos a García Linera hablando el año pasado en Sociales, que sirve:

Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario.

Dice el compañero Álvaro: toca luchar. Luchar en tiempos difíciles es que te corra la policía. Es llevar limón y palestino en la mochila. Es leer listados de detenidos buscando gente que conozcas. Es armar un cacerolazo en la esquina de tu casa y que termines en caravana con cientos de personas yendo al Congreso. Es marchar con los sindicatos aunque no estés afiliado (igual, dale, afiliate). Pero sobretodo, luchar es la constancia de militar todos los días haciendo laburo de hormiga, sabiendo que de repente acontece algo y todo lo que le pusiste parece plasmarse en una gran gesta. Como con la reforma previsional, que perdimos pero ganamos.

Ganamos

¿Ganamos o perdimos? Las dos. Pero permítanme decir que lo que ganamos es más importante que lo que perdimos. El choreo jubilatorio que se aprobó en la mañana del 19 es pésimo, es vergonzoso, es asesino. Pero, vamos, ¿fue realmente LO PEOR que hizo Macri desde que asumió? ¿Fue lo más tremendo que empujó? No, loco. Con Macri todo es tremendo y terrible. Cada día hay algo terrible en el Boletín Oficial. Entonces el choreo a nuestres abueles es una mierda pero es parte de una gran mierda donde nos toca nadar diariamente.

¿Qué ganamos? Ganamos el debate entre la gente. Ganamos que un ajuste que parecía que pasaba sin pena ni gloria, conmocionó a la sociedad. Conmovió centenares de miles de personas que a últimas horas, cuando parecía que todo estaba perdido, salieron con sus cacerolas primero a los balcones, luego a las esquinas, y empezaron a caminar. Ganamos que el triunvirato se animó a luchar, aunque sea tímidamente y un poquito. Ganamos que construimos una foto de unidad opositora que permite pensar en una contraofensiva, que podemos golpear en conjunto para seguir tabicando los ajustes que vienen.

En muchas conversaciones en estos días entre compañeres, aparecía esta idea de "ahora que meten las reformas la gente lo va a sentir y se va a dar cuenta de la mierda que es Macri", casi como diciendo ya fue, que aprueben todo. Pero no es por ahí mis queridas kukas. No es por ahí ni en pedo. Despertamos más gente estos últimos diez días que en dos años de macrismo. Para GANAR hay que querer ganar. Para construir una mayoría, hay que ir subiendo escaloncitos.

Hay que jugar siempre a ganar. Porque incluso cuando pierdas, si jugaste a ganar, algo ganás. Tres razones:

- Porque somos peronistas por tanto bilardistas. Sabemos que tenemos razón, pero también sabemos que con la razón no hacemos un choto. Conocemos de derrotas y aprendemos de ellas, pero medimos nuestras acciones políticas en función de cumplir objetivos. Siempre jugamos a ganar.

- Porque rechazamos la gilada de cuanto peor mejor. No flasheamos que cuanto más destruyan el país más cerca estamos de volver. No, loco. No somos socies del Club del Helicóptero. Creemos en la democracia, creemos en la paz. Pero sobretodo, nos duele la injusticia y la desigualdad. Jamás festejaremos ni permitiremos convalidar el dolor popular, incluso si eso facilita un clima antimacrista.

- Porque una nueva mayoría se construye ganando cosas. Aspiramos a enamorar al pueblo, a ser útiles para la gente. ¿Sabés lo que hizo la oposición estos días? Te cuidó el bolsillo del choreo, protegió a abuelos y abuelas, custodió la AUH. Te defendió a vos. Guerra de posiciones es esto. Ganar batallas que abran otras posibilidades, mostrarle a la sociedad que te hacés cargo, que bancás los trapos. Ir avanzando pasito a pasito, suave suavecito. Aunque después en la votación pierdas, ya ganaste. En este baile el gobierno perdió votos, y nosotres sumamos, no me cabe duda.

Lo que venga

Eso que se quebró en estos días puede repararse, puede volver a cerrarse, o se puede seguir abriendo. Desplazamos la grieta de K/AntiK a JUBILADES SÍ/JUBILADES NO. Eso ha sido un enorme triunfo popular. Es importante aprovechar el momento, empujar este diciembre, ver adónde nos lleva, sacar saldos. El gobierno intentará reagrupar y recalibrar la brújula, cambiar el eje del debate público. Encanando kirchneristas, seguramente, reforzando que la violencia es opositora antes que neoliberal. Por eso la importancia de ser inteligentes. Tres puntas en ese sentido:

1) Construir oposición. No es momento de bardear troskes, ni massistas, ni nadie que como nosotres también diga que NO a esta locura. Es momento de la unidad del NO. No puteemos a la CGT, pidámosle que luche. Acompañemos y fortalezcamos las posiciones combativas ahí adentro. Yo sé que tenemos como ganitas de decir: "vieron manga de giles que al final el kirchnerismo tenía razón". Es que claro, tuvimos razón desde el principio. La caracterización que hizo Cristina y el kirchnerismo sobre Macri se tornó hegemónica dentro de la oposición. Nació la oposición, se dijo estos días, pero nació sobre la base estratégica de nuestra posición. Decir que no, no conceder nada, no convalidar, no dar quórum. Hoy esa posición cobra sentido generalizado, en la oposición pero sobretodo en grandes franjas de la sociedad.

2) Organizarse. Hay ganas entre la gente de sumarse a la lucha. Si leés esto y no estás militando activamente, es el momento de sumarte. Hay que aportar un granito de arena todos los días, hay que fortalecer las redes políticas de oposición. Buscá una organización, la que más te guste, y sumate. O afiliate a un gremio y andá a las reuniones. Si no te gusta nada de lo que hay, todo bien, armá algo nuevo. Buscá a la gente con la que caceroleaste en la esquina de tu casa, y empiecen a tejer. Que no quede ahí. Ahora que vos y tu vecine se cruzaron en la lucha, no hay vuelta atrás. Conózcanse y organícense. La nueva mayoría empieza en cada esquina.

3) Aprovechar la coyuntura. Hasta al macrista más macrista le hace ruido el saqueo jubilatorio. Hay condiciones subjetivas y objetivas para salir a convocar y convencer gente. Rompé la grieta, tendé puentes. Hablale a tu tío gorila con el que no hablás hace años. Preguntale a tu abuela si sabe lo que se votó, aunque viva mirando TN. Metamos cartelitos, mandemos mensajitos, armemos conversaciones en el laburo. Que no les sea gratis, que sea un punto de inflexión.

No nos comamos la curva, no estamos al borde de la revolución bolchevique. El macrismo sigue juntando una montaña de votos, y seguramente Carrió volvería a sacar 50 puntos en CABA si las elecciones fueran hoy. El odio clasista y antikirchnerista sigue sosteniendo al gobierno, la UCR no se inmuta, Magnetto aporta lo suyo, y las ondas de optimismo zen deben seguir seduciendo gente. Pero algo se está moviendo. Que no se corte, que no decaiga, depende de vos.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).

Fuente: APU, Relámpagos # 64, 23 de diciembre de 2017



Palabras clave:Argentina  Ajuste previsional  reforma previsional  represión macrista  Patricia Bullrich  Mauricio Macri  Cristina Fernández de Kirchner  Relámpagos  Negra Mala Testa  

Actualizado ( Jueves, 28 de Diciembre de 2017 17:01 )  

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