Esto se debe a la aceleración del ritmo de estrés de la vida profesional y alto costo del tratamiento de los problemas sexuales psicológicos comprar-rx.online
Inicio Articulos Opinion


La crisis maliense. El jurista maliense Ousmane Sidibe analiza la trayectoria de Malí desde su independencia en 1960

E-mail Imprimir PDF

Una de las consecuencias más llamativas, aunque poco comentadas, de la intervención de la OTAN en Libia ha sido la turbulencia que provocó al otro lado del Sáhara. A raíz de la caída de Gadafi, expatriados tuaregs fuertemente armados regresaron al norte de Malí procedentes de Libia, lo cual dio lugar a una rebelión a principios de 2012.

Esto provocó una serie de crisis: al derrocamiento del gobierno de Bamako por un golpe militar en abril le siguió la toma de la enorme mitad norte del país por una coalición de nacionalistas tuaregs y fuerzas islamistas. En enero de 2013, François Hollande lanzó la Operación Serval, supuestamente dirigida contra “terroristas” en el norte de la antigua colonia francesa.

En julio, Naciones Unidas envió también una “misión de estabilización” a Malí, formada en gran parte por soldados de otros países del África Occidental, para proteger la apresurada organización de elecciones presidenciales, las cuales se celebraron en julio y agosto, mientras que unos 500.000 malienses seguían desplazados, más de un tercio de ellos fuera del territorio nacional. En un país orgulloso de su soberanía como Malí, que en su momento estuvo a la vanguardia del panafricanismo, esta dramática y dolorosa secuencia de acontecimientos puso de manifiesto la profunda fragilidad del Estado poscolonial, y ello incluso si se debió al derrocamiento del régimen libio. El jurista maliense Ousmane Sidibe analiza aquí la trayectoria de su país desde su independencia en 1960, los legados de sus gobernantes, los resultados del ajuste estructural en la década de los ochenta y de la democratización desde la de los noventa. Para Sidibe, una concatenación de causas –la corrupción, el deterioro moral y material de las fuerzas armadas y el mal funcionamiento de las instituciones públicas– arrastraron al Estado maliense a una profunda decadencia interna que lo volvió vulnerable a los choques provenientes del exterior.

Con la investidura de Ibrahim Boubacar Keita en el palacio presidencial de Koulouba en septiembre de 2013 y la elección de un nuevo Parlamento en noviembre-diciembre, la "Transición posterior al conflicto” prevista por París y la elite de Malí parecían adecuarse a las previsiones, incluso si por entonces Francia había puesto en marcha una segunda intervención militar en la República Centroafricana, su antiguo dominio colonial. Sin embargo, los enfrentamientos entre fuerzas francesas y salafistas continúan en el noreste de Malí y persisten las graves tensiones interétnicas bajo el fuego cruzado de la MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí) y los nacionalistas tuaregs. Si la crisis que estalló tan perceptiblemente en Malí en 2012 tardó más de la cuenta en apaciguarse, no parece que sus secuelas vayan a ser menos duraderas.

*     *     *

Puede contarnos algo sobre sus antecedentes y su formación?

Nací en 1954 en Kirchamba, un pueblo al norte de Malí situado a unos sesenta kilómetros de Tombuctú. Procedo de una familia de pastores de la etnia fulani. Terminé mi escolaridad en Tombuctú y luego fui a estudiar Derecho en la Escuela Nacional de Administración de Bamako, la capital. Tras mi graduación, a finales de los setenta, me doctoré en Burdeos y luego regresé a Malí, donde pasé inicialmente dos años trabajando en un proyecto de desarrollo rural cerca de la frontera con Mauritania y, luego, volví a la Escuela Nacional de Administración para enseñar. Allí fui director de estudios durante seis años, desde 1985 hasta 1991, y tras la democratización de Malí a principios de los noventa, fui en dos ocasiones ministro de Trabajo durante el gobierno de Konaré: la primera en 1994 –dimití cuando una devaluación masiva de la moneda provocó una crisis política– y de nuevo entre 1997 y 2000. Desde entonces he sido Comisionado para el Desarrollo Institucional, coordinando las reformas de las políticas públicas y las instituciones en diversos estamentos.

¿Cúal es la distribución étnica de su región de origen en comparación con la de Malí en su conjunto?

En el norte, en Tombuctú y Gao, la mayoría es de etnia songhai, seguida de una gran minoría de fulani y de un número menor de tuaregs y árabes. Conforme se va hacia el sur, hacia Mopti, mayor es la proporción de fulani. Sin embargo, en el conjunto del país el grupo étnico más numeroso es el bambara, que constituye tal vez el 35% de un total de unos 14 millones de habitantes. Junto con la etnia soninké y la mandinga, que también forman parte de la familia de las lenguas mande, representan más de la mitad de la población. Los fulani son alrededor del 15%; luego están los senufo, los dogon y los songhai, cada uno de ellos entre el 7 y el 9%, más una serie de grupos étnicos más pequeños. Los tuaregs y moros alcanzan cada uno de ellos entre el 1 y el 2%.

Desde su independencia en 1960, Malí ha tenido sólo cinco presidentes. ¿Cómo valora el legado del primero, Modibo Keita?

Keita [1] había sido maestro de escuela, estudió en la Escuela Normal Superior William Ponty, en Dakar, que era una institución de elite: los que luego serían presidentes de Costa de Marfil y Togo también estudiaron allí. Él era mandinga, una etnia ubicada en la frontera entre Guinea y Malí. Sékou Touré también era mandinga. Sundiata Keita, el fundador del imperio de Malí en el siglo XIII, era mandinga, un linaje histórico que ostentan con orgullo hasta el día de hoy; Modibo Keita decía incluso que era descendiente del primer emperador de Malí, lo cual era totalmente falso. Sólo conservó ocho años el poder antes de que lo derrocasen con un golpe militar. Uno de los aspectos más llamativos de su gobierno fue su independencia política de la antigua potencia colonial. Trató de distanciarse de Francia y, como socialista que era, estableció relaciones más cercanas con la URSS, China y los países del Este. Fue un verdadero panafricanista y tuvo una gran influencia continental; por ejemplo, en 1963 medió en el conflicto entre Marruecos y Argelia cuando acogió en Bamako las conversaciones que ambos celebraron. Intimó con Kwame Nkrumah, con quien compartía la visión panafricanista. Las relaciones entre Ghana y Malí fueron muy buenas en aquel tiempo –si hubiesen compartido frontera los dos países podrían haberse fusionado– y muchos de los vínculos comerciales que se forjaron permanecen en la actualidad.

Durante sus ocho años en el poder, Keita también organizó la economía nacional sobre la base de empresas públicas; por ejemplo, Air Mali, la compañía nacional de líneas aéreas, fue una fuente de orgullo. Se adoptó una política de sustitución de importaciones en la agricultura, el procesamiento de alimentos y, en cierta medida, en el sector textil. Hizo mucho para los estándares de la época. Su administración se caracterizó por una notable honradez: había muy poca corrupción. Pero hacia el final de su período en el cargo empezó a depender cada vez más de una milicia popular, según el modelo chino, que creó muchos problemas. Keita no se fiaba del ejército, al que consideraba un legado colonial, pero la milicia empezó a violar los derechos humanos de las personas y a dificultar la circulación de mercancías. Esto dio lugar a muchas privaciones en el país: en una economía dirigida por el Estado, la gente no era libre para vender sus productos y eso bloqueó la producción. La moneda nacional que había instaurado en el año 1962 también se vio en dificultades conforme la inflación hacía que bajara el nivel de vida. Al final, su régimen se volvió impopular.


En 1968, Keita fue derrocado por un golpe militar y reemplazado por el teniente Moussa Traoré, quien gobernó el país durante los veintitrés años siguientes. ¿Cómo describiría al hombre y a su régimen?

Traoré es un bambara de la región de Kayes, cerca de la frontera con Senegal. Se formó en Fréjus, una guarnición colonial del sur de Francia, en vez de en una de las principales academias militares, y llegó a ser instructor en la escuela de oficiales del ejército de Malí. Era un oficial disciplinado, honesto. Fue uno de los catorce oficiales que dieron el golpe de Estado y pronto se puso a la cabeza de la junta, que se autodenominó Comité Militar de Liberación Nacional. Al principio, en la junta había oficiales con más influencia que Traoré, así que durante un tiempo no tuvo las manos libres. Cada miembro de la junta tenía a su cargo un ministerio o institución, que administraba como su feudo personal. Poco a poco, Traoré logró purgar las filas de la junta y consolidó su poder. En 1974 creó la Unión Democrática del Pueblo Maliense (UDPM), único partido legal en el territorio. A partir de aquel momento tuvo el país en sus manos.

¿Podría decirse que su régimen fue la clásica dictadura militar? ¿Cómo se compara Traoré con otros hombres fuertes de la misma época en África, por ejemplo, Eyadéma en Togo o Bokassa en la República Centroafricana?

Cuando el golpe de Estado tuvo lugar en 1968, la junta militar detuvo a muchos izquierdistas y sindicalistas que se opusieron. Muchos fueron encarcelados y enviados al norte, algunos murieron allí. Así que, en ese sentido, sí, fue una dictadura militar. Pero no tan sangrienta como otras. En la junta había personas que habían cometido abusos, por ejemplo, Tiécoro Bagayoko, el jefe de los servicios de seguridad, la gente se alegró mucho cuando Traoré se deshizo de él.[2] Traoré no era así: no hay indicio alguno de que cometiese abusos por sí mismo o de que se quedase con dinero público. Había otra diferencia en el caso de Malí: aunque era una dictadura militar, los malienses nunca perdieron la libertad de expresión bajo Traoré. En otros países la gente tenía que ocultarse si quería hablar sobre el régimen. En Malí, la prensa no era libre, pero uno podía hablar con libertad, incluso en presencia de Traoré. Solía celebrar asambleas generales en los pueblos y la gente iba y criticaba en su cara las políticas de su gobierno. Es posible que esto sólo pase en Malí: sea quien sea el presidente, sigue siendo alguien cercano a la población. Ya se trate de Traoré o de cualquier otro, cuando el presidente hace una aparición pública incluso un campesino del poblado más remoto puede hablar con él y decirle lo que piensa.

File:Moussa Traoré (1989).jpg

Moussa Traoré en visita oficial en Holanda 1989

Modibo Keita fue encarcelado tras el golpe de 1968 y murió en la cárcel nueve años después. ¿Hay algo de verdad en el rumor de que Traoré mandó que lo envenenaran?

No ha habido ninguna investigación oficial, pero todo el mundo está de acuerdo en que Keita fue envenenado. ¿Quién lo hizo? Hay muchas versiones que circulan e incluso hubo un caso en contra de un médico. Es un asunto turbio. Pero el destino de Keita fue bastante típico de los presos de aquel entonces.

¿Cuáles diría que son los principales legados de Traoré?

En el frente ideológico, el régimen militar prescindió del socialismo de Keita y lo sustituyó por una especie de liberalismo económico. La gente era libre para producir, vender, distribuir, y eso logró reducir la pobreza durtante un tiempo. En cuanto a la forma en que gobernó el país, fue bajo Traoré cuando la corrupción empezó a afectar seriamente a la administración pública. Tan pronto como la junta militar tomó el poder sus miembros empezaron a enriquecerse. Traoré no era un corrupto, pero su familia y su séquito llegaron a tener una gran influencia. Otro legado importante fue el desarrollo del aparato militar: Traoré creó y equipó un auténtico ejército nacional, muy respetado en África occidental, a diferencia de lo que sucede con el actual. Malí libró dos guerras fronterizas con Burkina Faso a mediados de los años setenta y de los ochenta, en las que la desproporción entre las fuerzas era evidente debido a la inversión que Traoré había hecho en el ejército.[3]

Fue también bajo Traoré, en los setenta, cuando la gran sequía del Sahel azotó al país. ¿Cómo perturbó el destino económico de Malí?

Después de que la junta tomase el poder hubo una cierta mejora económica, pero el Estado siguió siendo pobre. Los ingresos para el presupuesto del Estado eran insuficientes y eso dejaba al gobierno con muy poco margen de maniobra, algo similar a lo que ahora sucede en Grecia. La sequía produjo mucha hambruna en 1973 y Malí entró rápidamente en crisis económica. Fuimos uno de los primeros países que se sometieron al programa de ajuste estructural que nos impuso el FMI a partir de 1980. El gobierno se vio obligado a cerrar, una tras otra, las empresas públicas que se habían creado bajo el mandato de Modibo Keita y muchos empleados estatales fueron despedidos. Traoré era cada día más impopular. Había un malestar social generalizado que preparó el camino para el estallido de la revolución de 1991. En aquellos años hubo en África una serie de levantamientos nacionales, en Benin, Zaire y Congo entre otros países. En marzo de 1991 la población de Malí se echó a la calle para exigir una democracia multipartidista, no sólo en Bamako, sino en todo el país. No menos de trescientas personas murieron a manos de la policía. Al final, los militares depusieron a Traoré y la presión popular los obligó a prometer unas nuevas elecciones.

Martyrs Monument -

Monumento a los Mártires de marzo de 1991, Bamako

Éstas se celebraron en abril de 1992 y las ganó Alpha Oumar Konaré, candidato de la Alianza para la Democracia en Malí (ADEMA), surgida de la lucha contra el régimen militar. En 1997 fue reelegido para un segundo mandato, prácticamente sin oposición. ¿Cómo caracterizaría usted a Konaré y a su presidencia?

Es verdad que yo formé parte dos veces de su gobierno, pero voy a tratar de ser lo más objetivo posible. Konaré es un historiador, un hombre muy culto que hizo un doctorado en arqueología en Varsovia. Su mujer, Adame Ba Konaré, es también historiadora, ha escrito sobre el imperio songhai. Él es bambara por parte de padre, pero su madre es fulani. Aunque es un intelectual, se implicó en la lucha política contra Traoré durante mucho tiempo, es un político nato y gobernó como tal. En general, el estilo de gobierno de Konaré no fue un asunto familiar, como a menudo suele suceder en África. Ninguno de los miembros de su familia, de la de su mujer o de sus amigos estaban cerca del poder, no había nepotismo de ese tipo. Creo que Konaré aprendió la lección de lo que había sucedido en Malí antes de la democratización. En el plano social logró muchas cosas: los indicadores del país en los ámbitos de la educación, la salud y las infraestructuras mejoraron. En lo económico, progresamos mucho bajo el gobierno de Konaré, con tasas medias de crecimiento promedio de en torno al 5%.

¿En qué se basó ese crecimiento?

Las principales exportaciones de Malí son el algodón y, sobre todo, el oro. Muchos de los estudios geológicos se habían realizado antes de que Konaré llegase al poder, pero fue sólo con la democratización cuando las empresas mineras empezaron a explotar los yacimientos de oro, que están en el sur del país, en las regiones de Sikasso y Kayes, cerca de la frontera con Senegal y Costa de Marfil. Las minas son privadas, las explotan compañías anglosajonas casi en su totalidad. Es verdad que el impacto económico global del sector de la minería es limitado, ya que sólo da empleo a una pequeña fuerza de trabajo, pero los ingresos tienen un poderoso efecto en las cifras de crecimiento. Aparte del oro y el algodón, Malí exporta una gran cantidad de ganado a Costa de Marfil, Senegal y Ghana. Y tenemos un gran sector agrícola, que produce para el consumo interno: cultivamos arroz, mijo, etc. y somos casi autosuficientes en alimentos.

¿Hay también un pequeño sector manufacturero?

Inicialmente, las industrias de Malí eran de propiedad estatal. Luego fueron privatizadas durante la década de los ochenta, pero el sector privado se encontró con serias dificultades. Contrariamente a lo que muchos piensan, nosotros también sufrimos la competencia china. Por ejemplo, en el sector textil: es imposible trabajar en él, ya que nuestros costos de producción son más altos que los de la República Popular China, por lo que la mayoría de las fábricas textiles han cerrado. Hace poco una compañía china se hizo cargo de la planta COMATEX en Ségou, que ahora está en marcha de nuevo. El sector privado ha logrado desarrollar unidades menores como las prensas de extracción de aceite vegetal o las plantas de procesamiento de alimentos. Pero hemos sufrido una desindustrialización con respecto a la época de Modibo Keita.

Izquierda: ¡Democracia ya!". Derecha: "Atreverse a luchar, atreverse a vencer"

Obedeció Konaré más o menos las directivas del Banco Mundial y el FMI?

Sí, fue un alumno aventajado. También recibió una gran cantidad de ayuda internacional, ya que Malí estaba considerado como un país democrático. Konaré le vendió al mundo esa imagen, incluso mejorada con respecto a la realidad. Tal vez no era una democracia tan sólida como parecía, a juzgar por lo que estamos viendo ahora. Por ejemplo, en la educación: Konaré se implicó mucho en las escuelas, pero también fue uno de sus puntos débiles, ya que la calidad de nuestro sistema educativo disminuyó durante sus diez años en el poder, por dos razones: la primera se remonta a los programas de ajuste estructural que llevó a cabo Traoré: cerró las escuelas normales para la formación de maestros y las instituciones terminaron por tener que contratar a personas poco cualificadas, con lo que empeoró incluso la calidad del personal. Cuando luego creó una gran cantidad de escuelas nuevas para aumentar las tasas de matriculación, resultó que no había suficientes buenos maestros para proveerlas de personal. Tanto el gobierno como las agencias internacionales de ayuda pusieron mucho énfasis en las tasas de matriculación en las escuelas primaria y secundaria, lo que hizo que aumentasen bastante, desde el 23% cuando Konaré llegó al poder hasta quizás el 110% cuando se fue.[4] Sin embargo, no estaba dispuesto a invertir en la educación superior, de manera que cuando los estudiantes llegaron a la universidad, no había suficientes plazas o profesores. La Universidad de Bamako tiene ahora 100.000 alumnos y un número insuficiente de aulas o bibliotecas.

File:Alpha Oumar Konare.jpg

Konaré con Bush, Junio de 2011

Otra de las razones para los problemas del gobierno en la educación se debe al propio movimiento democrático. Los estudiantes jugaron un papel importante en el derrocamiento de Moussa Traoré, lo cual significaba que llegaron a tener un peso político real después de la democratización. Estaban siempre de huelga, pero Konaré no fue capaz de enfrentarse a ellos, ya que eran los aliados clave de su régimen. Éste fue otro punto débil. Por el contrario, por razones ideológicas Konaré no dio tanta prioridad al ejército como sus predecesores, ya que no era militarista y no se imaginaba a Malí yendo a la guerra contra otro país. Esto hizo que las cuestiones de seguridad se descuidasen un poco durante su mandato y ahora quizás lo estamos pagando nosotros.

26 mars 1991- 26 mars 2013 : Il y a 22 ans, 19 officiers chassaient un général

ATT, marzo de 1991

Después de Konaré le llegó el turno a Amadou Toumani Touré, que ganó las elecciones presidenciales de 2002 en la segunda vuelta y fue reelegido para un segundo mandato en 2007. Era un soldado. ¿Era también un demócrata?

Sí, siempre estuvo vinculado a los círculos democráticos, incluso bajo Moussa Traoré. Era coronel de paracaidistas y también fue jefe de la Guardia Presidencial durante un tiempo. Pero estaba claro que nunca aprobó las exacciones de los militares, nunca quiso tomar parte en ninguna represión. Cuando en 1991 tuvo lugar el levantamiento contra Traoré, fue Touré –la gente lo conoce por sus iniciales, ATT– quien arrestó al presidente y, al año siguiente, supervisó la transición hacia las elecciones y un nuevo gobierno civil. Bajo Konaré ya no estaba en servicio activo, y no ocupó ningún puesto oficial, pero tenía el estatus público de un ex jefe de Estado.

¿Cuál fue su hoja de servicios como presidente?

Quería que su nombre pasase a la historia, pero también era muy sensible a la situación de los pobres y los desposeídos. Quizás lo que más marcó su administración fue un gran programa de construcción de viviendas sociales individuales que, en el contexto de Malí, no estaban nada mal. También continuó la construcción de escuelas, dispensarios, infraestructuras; hizo mucho, tanto como Konaré o tal vez más. Pero había mucha más corrupción bajo ATT que bajo su predecesor. No hay indicios de que él estuviese implicado personalmente, pero permitió que su entorno hiciera más o menos lo que le daba la gana. También fue culpable de cierta demagogia: quería ser demasiado popular, quería complacer a todos, lo cual siempre es malo.

Pero ¿siguió creciendo la economía?

Sí, las tasas de crecimiento se mantuvieron en una media del 5%, justo hasta que ATT fue destituido de su cargo a principios de 2012. Cualquiera que hubiese conocido Malí bajo el gobierno de Moussa Traoré y regresase bajo Konaré o ATT habría pensado que no era el mismo país. Realmente ha cambiado. Con Traoré la economía estaba paralizada. En lo que respecta a infraestructuras, las cosas han mejorado mucho desde entonces.

Pero, al mismo tiempo, el Estado maliense parece ser cada vez más frágil, como pusieron de manifiesto las crisis de 2012. ¿Cuáles fueron las causas de esta vulnerabilidad y de qué momento se originaron?

Hay varios factores a tener en cuenta. Hasta cierto punto, las debilidades del Estado maliense se remontan a los programas de ajuste estructural de la década de los ochenta, que redujeron drásticamente el margen de maniobra del Estado y, a largo plazo, socavaron el funcionamiento de las instituciones públicas. El daño fue especialmente grave en la educación, la salud y los servicios públicos. Los planes de jubilación voluntaria dieron lugar a que una gran cantidad de administradores dejasen su cargo al mismo tiempo que la contratación en el sector público se congeló durante diez años; y ya he mencionado el efecto que los programas de ajuste estructural tuvieron sobre la educación. Pero la erosión del Estado maliense también se debe en gran parte a nuestra práctica de la democracia a partir de 1991. He escrito en otros medios acerca de la forma en que nuestro sistema político evolucionó desde el «poder concertado» durante el gobieno de Konaré hasta el «poder consensuado» durante el de ATT.[5] En el primero, el gobierno implicaba a otros partidos en el ejercicio del poder, pero dentro del marco de una democracia republicana, con un gobierno mayoritario y una oposición. Por el contrario, con ATT no había una mayoría clara y, al final, todos los partidos políticos se vieron absorbidos en el gobierno; había, por lo tanto, una ausencia total de oposición, de debate o de contradicción. Esto trajo no sólo una competencia estéril entre la elite política para acceder a puestos en el sistema dominante, sino también la desmovilización de la ciudadanía. El abismo entre la elite político-administrativa y la población empezó a ensancharse.

El incremento de la corrupción fue otro factor clave que contribuyó a la deslegitimación del Estado a los ojos de sus ciudadanos. Por supuesto, esto no es un fenómeno nuevo en Malí –de hecho, fue uno de los catalizadores de la revuelta democrática de 1991–, pero ha crecido de manera constante y alcanzó proporciones muy graves en los últimos años. El caso «Air Cocaine» de 2010, cuando un avión colombiano cargado de droga aterrizó en el desierto de Malí, al parecer con la complicidad de las autoridades, ilustra hasta qué grado estaba corroído el Estado maliense. La corrupción también tuvo un efecto terrible en las fuerzas armadas, que están plagadas de clientelismo. Esto es especialmente manifiesto en los ascensos de grado: según un informe que Le Monde publicó la primavera pasada, Malí tiene más de cien generales en un ejército que, sobre el papel, cuenta con sólo 20.000 soldados, mientras que el ejército francés tiene ciento cincuenta generales y es seis veces más numeroso. Desde la democratización, el ejército maliense también ha carecido de recursos y está mal gestionado. Luego están los sucesivos acuerdos de paz firmados con los rebeldes tuaregs en 1991 y 2006, que llevaron a la retirada del ejército nacional de partes del territorio al mismo tiempo que hacían un llamamiento a la integración de los ex combatientes en las fuerzas armadas. Las condiciones en que esto se hizo, por decirlo suavemente, no contribuyeron a la cohesión: hubo mucha desconfianza y resentimiento mutuos, así como deserciones. En parte a causa de las disfunciones existentes en las fuerzas armadas, las autoridades de Malí empezaron a crear milicias árabes y tuaregs separadas en el norte, lo que complicó aún más el panorama.

Al parecer la rebelión que estalló en el norte de Malí a principios de 2012 estuvo directamente relacionada con la caída de Gadafi unos meses antes. ¿Puede hablarnos sobre los orígenes del conflicto en el norte? ¿Por qué la intervención de la OTAN en Libia dejó una huella tan profunda en Malí en comparación con el resto del Sahel?

Es necesario destacar dos aspectos de la situación en el norte. Hay una historia de rebelión de los tuaregs en Malí que se remonta al colonialismo francés. Después de la independencia, hubo otra revuelta tuareg que Keita redujo militarmente con la ayuda de Argelia. Keita había ayudado a los argelinos en su lucha contra Francia –Bouteflika había situado su base en Gao cuando dirigía el frente sur del FLN–, de manera que en 1963 los argelinos le devolvióeron el favor cerrando la frontera. En aquel tiempo no existía el acceso a los medios que hay ahora y se habló muy poco de la represión, pero en muchos casos los hijos de los rebeldes tuaregs que fueron aplastados en 1963 se fueron a Argelia y, más tarde, la sequía de los setenta también hizo que mucha gente abandonase el norte de Malí para pasar a Libia. La diferencia principal entre Malí y otros países en la región está en que el ejército de Libia y, en particular, las tropas más leales al coronel Gadafi, incluían a un gran número de tuaregs malienses. Durante la intervención de la OTAN algunos de ellos empezaron a regresar, pero la mayoría lo hicieron después de la muerte de Gadafi en octubre de 2011; trajeron consigo enormes cantidades de armamento que habían tomado de los depósitos del ejército libio. Fue su presencia lo que reavivó el viejo conflicto con el Estado maliense.

En sí misma, la rebelión de los tuaregs no era peligrosa: no pueden desestabilizar Malí por sí solos, son muy poco numerosos. Pero luego está el segundo aspecto, la dimensión islamista, que es un fenómeno totalmente importado. En Malí, salvo por unos pocos adeptos al wahabismo saudí en el norte, en la región de Gao y en otros lugares, no solía haber bases islamistas. Pero cuando el gobierno argelino tomó medida drásticas contra los islamistas, cruzaron la frontera norte de Malí. En Argelia se los llamaba Groupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), pero en 2007 se cambiaron el nombre por el de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Se establecieron en los desiertos del norte de Malí, que se convirtió en una especie de lugar donde pueden acogerse a sagrado junto con narcotraficantes, contrabandistas y todo tipo de delincuencia organizada. Los jihadistas se financian tomando rehenes para pedir rescate. Eso les ha permitido reclutar gente entre los marginados, los pobres, los tuaregs y otros grupos en el norte de Malí y en los países vecinos. Touré no hizo nada para contrarrestarlos y eso es algo por lo que ha sido muy criticado.

Ha mencionado el crecimiento económico de Malí y la transformación del país en las dos últimas décadas. ¿Sería justo decir que el sur se ha beneficiado mucho más que el norte y que dicho desequilibrio incita poderosamente a la rebelión?

No, todo el país se benefició. Es cierto que, para los estándares de Malí, el sur es más desarrollado que el norte:, pero es que tiene un clima mucho más benigno y la población está en su mayoría concentrada: el 90% del total vive en las seis regiones del sur y en la capital, mientras que el 10% restante vive en la región de Tombuctú, Gao y Kidal. Pero muchos de los rebeldes tuaregs ni siquiera conocen Bamako; algunos de ellos proceden de Libia, a la que comparan con Malí; están convencidos de que el sur es tan desarrollado como Trípoli, lo cual no es verdad. También es cierto que durante mucho tiempo el gobierno no se ocupó del norte, pero desde que Konaré tomó el poder hasta hace poco el gobierno ha estado tratando de corregir ese desfase histórico. Por ejemplo, la carretera que va a Tombuctú estaba siendo asfaltada; se iba a construir una presa y una planta de procesamiento de manganeso en Gao. Todo eso está paralizado ahora.

En abril de 2012 debían celebrarse nuevas elecciones presidenciales, pero en marzo hubo un golpe militar que derrocó a Touré, justo al final de su mandato. ¿Hubo alguna relación entre el golpe y el ciclo electoral?

No, creo que fue una coincidencia. No fue un golpe de Estado planeado de antemano, sino un motín ligado al problema del norte, donde la rebelión había estallado de nuevo en enero de 2012. Los soldados estaban indignados por la manera en que el gobierno se había ocupado de la rebelión tuareg y pensaban que Touré no les proporcionaba medios suficientes para combatir a los grupos armados. En enero hubo una masacre en Aguelhoc, en el norte, cerca de la frontera con Argelia, donde una coalición de rebeldes tuaregs y grupos islamistas había rodeado una base militar. El ejército maliense se quedó sin municiones y los refuerzos no llegaron, porque era demasiado lejos. Hubo informes según los cuales los islamistas entraron en la base y mataron a docenas de soldados desarmados como zorro en gallinero.[6] El ejército culpó al presidente Touré por la falta de armas y suministros. Poco después, otro contingente debía ir al frente, pero cuando probaron las municiones se encontraron con que estaban caducadas. Los soldados de la base militar de Kati, cerca de Bamako, anunciaron una protesta que estaba prevista para el 22 de marzo y un día antes, el 21, Touré envió a su ministro de Defensa para que calmase los ánimos. Pero la situación se le fue de las manos, porque los insultó y ellos le respondieron a pedradas. Más tarde, ese mismo día, los soldados tomaron el control del palacio presidencial de Bamako y, al día siguiente, el Comité Nacional para la Recuperación de la Democracia y la Restauración del Estado (CNRDRE) anunció la suspensión de la constitución. Hubo motines en otras unidades en todo el país, ya que la Junta ordenó la detención inmediata de todos los oficiales al mando en el frente, a los que tachó de corruptos. Eso hizo que toda la cadena de mando se rompiese al instante. En la confusión que siguió, las fuerzas islamistas y tuaregs tomaron el control de la totalidad del norte. Los acontecimientos dieron un giro verdaderamente dramático.

¿Qué efecto tuvo la rebelión en el norte sobre la población local?

A finales de 2012, unos 150.000 refugiados árabes y tuaregs habían abandonado el norte, la mayoría para cruzar a Mauritania, Argelia y Burkina Faso en vez de ir hacia el sur de Malí, por temor a que se tomaran represalias contra ellos. Muchos se fueron incluso antes de que se iniciara la rebelión, ya que los dirigentes tuaregs, que temían las exacciones del ejército maliense, les aconsejaron que se fuesen. Unos 100.000 refugiados negros del norte también huyeron de los salafistas y del grupo Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y se fueron a Bamako o a Mopti. Pero el resto de la población negra se quedó. En el campo la vida cambió muy poco, pues como los salafistas son escasos y no pueden controlar por completo esa zona, los campesinos nunca los han visto y siguieron trabajando sus tierras. La verdadera base de los salafistas está en las ciudades grandes, Tombuctú y Gao, que tienen una población de 60.000 y quizá 100.000 habitantes. En los pueblos ya no había ninguna autoridad administrativa, pero la gente se quedó allí, pues podran viajar a Bamako y regresar. Incluso hubo refugiados que llegaron a Bamako y, cuando el ejército empezó a cometer abusos, decidieron regresar al norte con el pretexto de que allí estarían más seguros.

Cuando los rebeldes tuaregs se apoderaron del norte proclamaron unilateralmente la independencia de un nuevo estado, Azawad. ¿Qué significa ese nombre?

Yo, que soy del norte, escuché por primera vez ese nombre a finales de los ochenta, cuando se creó el Movimiento Popular para la Liberación de Azawad.[7] Y todos nos preguntamos, “¿qué es eso de Azawad?” Lo que había sucedido fue que los diferentes grupos tuaregs se reunieron para ponerse de acuerdo con un nombre que fuese aceptable para todos y eligieron Azawad, que significa “cuenca” o “cuenco”. Describe un área del Sáhara que se extiende desde el noreste de Malí hasta el oeste de Níger y el sur de Argelia y que es la cuenca de un río seco que en el pasado solía drenar en el Níger. Los tuaregs empezaron a utilizar ese nombre para designar todo el norte de Malí, lo cual es algo que el resto de la región nunca aceptó, ya que no significaba nada para nosotros.

¿Los tuaregs han reivindicado siempre la independencia o es un fenómeno reciente?

Ésa fue la primera vez que pasó a primer plano de la actualidad. Nunca antes había estado en su programa, porque los tuaregs lo que que querían era mejorar las condiciones en el norte, lo cual es algo con lo que los demás pueblos de la zona estaban de acuerdo. Ignoro por qué la idea de la independencia surgió precisamente en 2012, a menos que se debiese al rumor de que hay petróleo en su subsuelo. ¿O es que hay otres planes? Es algo muy extraño, ya que el norte no es viable como Estado, a menos que tenga petróleo. Las tres regiones del norte de Malí sólo tienen en conjunto 1,2 millones de habitantes, repartidos en un territorio más grande que Francia. Y eso incluye a todas las etnias, songhai, fulani y tuaregs. Contrariamente a lo que la gente cree, los tuaregs son minoritarios en el norte. Así que es un poco raro que el MNLA insista en la independencia.[8] Entre otras cosas, a los tuaregs les sería imposible crear un Estado en el norte si la mayoría de la población local no aceptase la idea. Otro detalle a tener en cuenta es que en las zonas donde los tuaregs tomaron el control se dedicaron al pillaje del equipamiento de las escuelas, del mobiliario, de las neveras, de todo. Cuando los islamistas asumieron el control de Tombuctú y expulsaron al MNLA, invitaron a algunos periodistas al aeropuerto para que viesen el daño que los tuaregs habían hecho. Los del AQMI son más disciplinados en eso, nunca roban los bienes de la gente, si bien cometieron muchos abusos.

¿Diría usted que ninguna de las dos fuerzas rebeldes, ni los salafistas ni los tuaregs, son fenómenos sociales profundamente arraigados?

Claro, yo diría que no lo son. Por ejemplo, la región de Kidal es un bastión tuareg, pero la población total es de sólo 100.000 habitantes. Ansar Dine, el grupo liderado por el veterano rebelde tuareg Iyad Ag Ghaly, ha abandonado Kidal.[9] Sin embargo, la mayoría de los tuaregs practican una versión muy relajada del islam y yo añadiría que el islamismo no es un elemento integral de la sociedad. Es un fenómeno artificial. Sin duda hay algunos malienses a los que cabría describir como wahabíes, pero de eso a que sean la base para un estado islámico fundamentalista... no lo creo.

Da la impresión de que la sociedad tuareg está dividida en varios sentidos: socialmente estratificada, regionalmente diferenciada y políticamente fragmentada.

Sí, le sucede lo mismo que a otras sociedades separadas por líneas étnicas o tribales. Por ejemplo, la sociedad tuareg está atravesada por distinciones de casta: hay nobles, artesanos, hombres libres y esclavos, y algunas más. Existen diferencias religiosas entre los que tienen una inclinación más laica y una minoría más islamista, algunos de cuyos miembros se incorporaron a los grupos salafistas antes de que estallara el conflicto. En fechas recientes ha habido otras discrepancias internas, por ejemplo, las que surgieron con los muchos tuaregs que regresaron de Libia y que, como desconocían el funcionamiento de la sociedad tuareg local, no estaban dispuestos a respetar las viejas jerarquías establecidas. Además está el impacto de la globalización. Se podría decir que la tuareg es una sociedad sorprendida en medio de una revolución.

En enero de 2013 Laurent Fabius, el ministro de asuntos exteriores de Francia, declaró que la intervención francesa en Malí duraría sólo “varias semanas”. Ha pasado un año. ¿Cuantos soldados franceses permanecen en Malí?

No sé exactamente cuántos, entre dos mil y tres mil. Está previsto que en 2014 sólo queden mil hombres, pero estoy seguro de que esos mil no se irán a corto plazo. Me sorprendería si lo hicieran. Una de las razones es que en el noreste los franceses han ocupado la base militar de Tessalit, cerca de la frontera con Argelia, una antigua base de la OTAN que Malí recuperó tras la independencia y que está situada en un lugar muy estratégico, desde el cual Francia puede desplegarse en todo el territorio del Sáhara.

¿Qué papel desempeñan en este momento las tropas de la MINUSMA de Naciones Unidas en Malí?

Que yo sepa, no hacen gran cosa. No son una fuerza de combate, más bien parecen actuar como una especie de amortiguador entre el ejército de Malí y los tuaregs en Kidal.

http://s1.lemde.fr/image/2013/08/15/534x267/3462069_3_a6b7_ibrahim-boubacar-keita-dont-la-victoire_91be4e70597c7085b6330f0041e13428.jpg

Ibrahim Boubacar Keita, alias IBK

En julio y agosto se celebraron las elecciones presidenciales, que ganó en la segunda vuelta Ibrahim Boubacar Keita, un antiguo primer ministro de los noventa. ¿Cuáles fueron los principales asuntos que se debatieron en la campaña electoral y cómo describiría usted el programa político de Keita?

La cuestión central fue la crisis en el norte y Keita convenció claramente a los malienses de que es capaz de resolverla. Su campaña giró en torno a un eslogan patriótico básico –“Malí en primer lugar”– y a la idea de poner de nuevo en pie el Estado maliense, de restablecer el orgullo de la población. Pero no presentó ningún programa detallado de gobierno, su campaña se centró más en su persona que en el programa.

¿Cuál es la situación actual en el norte?

Hay muchas tensiones entre el gobierno de Malí por un lado y la MINUSMA y las fuerzas francesas por el otro. Da la sensación de que las tropas de la Operación Serval y de la misión de Naciones Unidas están ahí para impedir que el ejército maliense vuelva a entrar en Kidal, actúan como una especie de protectores de los tuaregs rebeldes, algunos de los cuales, como el SHL, rápidamente se alinearon con los franceses contra los islamistas. El presidente Keita ha acusado a la “comunidad internacional” de obligar a su país a “negociar en su propio territorio con quienes se han levantado en armas contra el Estado” y ha calificado de “inaceptable” la situación en Kidal. Entre tanto, muchos de los salafistas que huyeron a otros países ahora están de regreso, se introducen en Malí para montar ataques y desaparecen de nuevo. Pero a diferencia de otros países como, por ejemplo, en Afganistán, la población local no los protege.

La “hoja de ruta” para después del conflicto que la Asamblea Nacional adoptó en Bamako en marzo de 2013 preveía la creación de una Comisión para el Diálogo y la Reconciliación. ¿Qué ha hecho hasta la fecha y a qué obstáculos se enfrenta?

Normalmente, ese tipo de comisiones investigan los crímenes que se han cometido y tratan de reconstruir los hechos y de establecer la verdad. Pero yo no creo que esa comisión haya encontrado su voz todavía. Su importancia en la arena política es muy escasa. Parte del problema es que fue creada por el gobierno de transición y creo que la nueva administración quiere reorganizar y cambiar los parámetros de su misión. Uno de los obstáculos a los que se enfrenta es que a la sociedad maliense no le interesa la neutralidad. Otro motivo de polémica es el de las órdenes de arresto internacional que se emitieron contra varios dirigentes de los tuaregs, del MNLA, de Ansar Dine, AQMI y otras milicias, varias de las cuales han sido anuladas en el marco del proceso de negociación. Va a ser bastante complicado.

Notas de New Left Review

[1] Modibo Keita (1915-1977): figura prominente del Reagrupamiento Democrático Africaino a finales de los años cuarenta, luego alcalde de Bamako en los cincuenta antes de servir en la Asamblea nacional francesa. En 1959 se convirtió en presidente de la Federación de Malí –que incluía a Senegal y al Sudán francés– y, tras el colapso de la Federación al año siguiente, en presidente del estado independiente de Malí.

[2] Bagayoko y el ministro de Defensa Kissima Doukara fueron arrestados en 1978.

[3] Las dos guerras de la Franja de Agacher tuvieron lugar en 1974 y 1985; en 1986, un fallo de la Corte Internacional de Justicia dividió el territorio más o menos uniformemente entre los dos estados.

[4] Las tasas de matriculación computan a los alumnos como un porcentaje de los niños en edad escolar, por lo que pueden sobrepasar el 100% si se matriculan adultos.

[5] Sidibe, “La déliquescence de l’Etat: un accélérateur de la crise malienne?”, en Doulaye Konaté, ed., Le Mali entre doutes et espoirs, Alger 2013, pp 171-91.

[6] Los detalles de este episodio no están claros. Según el ejército maliense, entre 85 y 200 soldados y civiles fueron asesinados, al parecer en ejecuciones sumarias, por nacionalistas tuaregs aliados con el grupo islamista Ansar Dine. Sobre la importancia simbólica de los acontecimientos de Aguelhoc y las condiciones del ejército maliense, véase Eros Sana, “L’armée malienne, entre instabilité, inégalités sociales et lutte de places”, en Michel Galy, ed., La guerre au Mali, Paris 2013, pp 106-20.

[7] Fundado en 1988, el Movimiento Popular para la Liberación de Azawad (MPLA) se dividió en tres grupos en 1991; uno firmó un Acuerdo Nacional con Bamako al año siguiente y los otros fueron incluidos en un armisticio oficial en 1996.

[8] MNLA: Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad, grupo tuareg formado en 2011 de varios contingentes de combatientes, incluidos los repatriados de Libia.

[9] Iyad Ag Ghaly: fundador, en 1988, del Movimiento Popular para la Liberación de Azawad, figura destacada en la rebelión tuareg de 1990-1991. Nombrado cónsul general de Malí en Arabia Saudita por Amadou Toumani Touré en 2006 y expulsado por Riad en 2010, regresó a Malí donde, incapaz de alcanzar una posición de liderazgo en el MNLA, creó Ansar Dine a finales de 2011.

New Left Review

Original: The Malian Crisis
Malian legal scholar Ousmane Sidibe discusses his country’s trajectory since independence in 1960

Traducido por  Manuel Talens

Fuente: Tlaxcala, 11 de febrero de 2014

Palabras clave:Malí  África  Moussa Traoré  tuareg  Francia  Operación Serval  Libia  Gadafi  Modibo Keita  Alpha Oumar Konaré  

Actualizado ( Sábado, 15 de Febrero de 2014 01:08 )  

Otros artículos relacionados

Colombia : Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños...   

 Colombia: Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños

Existe en el corazón de América un refugio humano abrazado a tres cordilleras, arrullado por exuberantes valles, frondosas selvas, y bañado por dos océanos... Leer / firmar manifiesto

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy18963
mod_vvisit_counterAyer81351
mod_vvisit_counterEsta semana343382
mod_vvisit_counterSemana precedente558884
mod_vvisit_counterEste mes1832320
mod_vvisit_counterMes precedente2168160

We have: 611 guests, 15 bots online
Tu IP es: 54.81.232.54
 , 
Hoy es el 24 de May de 2018