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Indios, suicidios y el “Jai” que circula por la ribera

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En los afluentes del río Atrato las adolescentes indígenas y de cuando en cuando algún varoncito, se suicidan a solas, ahorcados con un bejuco llamado Guasca en el cuello. No se dieron a esperar las versiones de espíritus, “jais” malignos que inducían a las jóvenes a cometer dicho atropello contra sí mismos, inclusive un cura de origen hindú llegó a comentar que podría ser un “asesino en serie” de las comunidades indígenas(1).

Mientras tanto la “normalidad”, aquella foto forzada de 500 años atrás cuyos marcos ya no soportan la realidad actual de las Embera Katios, verdaderos barrotes que apenas contienen la corriente intempestuosa del pasar del tiempo, entre el silencio de la miseria, la discriminación, la corrupción y la ignorancia; oprimen el espíritu fresco y esperanzado de la juventud indígena.

Las investigaciones demuestran que las plagas de los colombianos no han sido heredadas de nuestros ancestros Amerindios, ellos antes de la llegada de los españoles surtían la solución de sus necesidades por la rica naturaleza que los rodea. Por ello defendieron a sangre y fuego su territorio, cientos de veces invadido por la espada y la cruz occidental. En la región chocoana, por cada veinte levantamientos violentos de los Embera Katios se presentaba uno por parte de los esclavos negros, definitivamente tenían estrategias diferentes para obtener la independencia del yugo Ibérico, unos por el combate, otros con la “Operación Tortuga” en las minas que arruinaron a la final a sus amos, junto a las enfermedades y el mal clima.

Los Emberas Katios, pueblo seminómada orgulloso de la forma que con propiedad absoluta, dominaban los agrestes rincones de una de las selvas más insalubres del mundo. Su libertad inmersa en los músculos marcados de sus piernas, hijos de la Madre Monte que les enseñó el conocimiento de todos los “jais” o espíritus de la serpiente, del caimán, del zorro, del mico, etc. La acumulación por décadas de esos saberes hacen del médico tradicional el Jaibaná, más sabio y respetado, poderoso y capaz.

 

Pero tanto tiempo en cercanía de los españoles hicieron mella en su cultura. Centenares de los Emberas sobrevivientes fueron sirvientes, esclavos de los blancos. A su regreso a las comunidades transmitieron a sus congéneres costumbres españolas que, hoy aún, se confunden como propias de la cultura indígena. El maltrato y servilismo contra la mujer, la distancia y desconfianza ante los afrodescendientes.

Es obvio que el servilismo femenino no es propio de su cultura, pues este maltrato y la mortalidad infantil que conlleva no les daría para sobrevivir como etnia antes de la invasión europea. Hoy son ellas las que cargan con toda la responsabilidad del sostenimiento de la familia, con todo el maltrato físico, con todo el hambre, con la muerte por malnutrición de sus hijos, con una anemia crónica, con la indiferencia de la mayoría de los maridos ante sus quejas y dolores y ellos a su vez matan sus frustraciones cuando pueden con el excesivo consumo de alcohol.

No es extraño que hoy las adolescentes se suiciden, ya el suicidio era una salida digna en siglos anteriores ante la opresión extrema de sus amos. El caso de la joven de 17 años embarazada por su padrastro, Alberto Siniguí, que luego fue premiado por la Organización Indígena de Antioquia (OIA) con una beca de estudios en España, conllevó a la joven al suicidio por ahorcamiento cuando ella ya cumplía 8 meses de embarazo, es quizás uno de los ejemplos más claros de esta angustia generacional que hoy viven las mujeres de esta población.

Porque los hombres de esta etnia no solo les dejan toda la carga familiar a sus compañeras, también vienen de la gran ciudad contándoles, humillándolas como dicen ellas, con leyendas de una vida “bacana”, en las reuniones de su organización, bacanales de varios días, fiestas a lo grande para llegar al tambo, donde viven sus hijos sin una libra de sal. Ese contraste entre el mundo “paradisíaco” de consumismo occidental y la miseria real en las comunidades no puede pasar desapercibido para ellas que también quieren vivir, quieren caminar, porque en sus piernas está adherida la libertad, envenenada hoy por sus propios líderes con el fetiche del capital.

Paradójicamente, mientras bajo los efectos del licor alaban en las comunidades la gran vida que se dan los líderes durante las actividades de la OIA, venden hacia afuera y sobre todo obligan hacia dentro a que los integrantes de las comunidades asuman la “vida indígena” como los curas el celibato. Nos referimos más específicamente a hacer creer que “vida indígena” es negarse al mejoramiento económico, saboteando o ignorando los proyectos que a ello conlleven, mantener el atraso de los jóvenes quitándole sentido a ser una nueva generación y por ende con nuevas expectativas que bien podrían apoyar la misma cultura; la ausencia de los derechos de las mujeres y niños que son los que más se enferman, sufren de hambre y se mueren.

Las cosas no tienden a cambiar, las leyes del criollo hijo de Santander obliga que para recibir los ingresos de la ley indígena debe llevarse un censo, conformar “comunidades” que para el occidente son asentamientos o caseríos. Solo así se concibe que se puedan dar los rubros para educación, salud, vivienda, etc.; no tienen en cuenta estos criollos racistas, que son seminómadas por un lado, y por el otro, que esas comunidades carecen de infraestructura de alcantarillado, de acueducto, de luz eléctrica, escuelas sin sillas, centros de salud sin herramientas, etc. Trajo como consecuencia una masacre por hacinamiento de niños y viejos que fueron muriendo, y aun es así, de enfermedades contagiosas por malas condiciones de salubridad y por hambre, cosa que sucedía menos cuando la población era dispersa.

Igual las tierras de resguardo son casi siempre montañosas, poco aptas para el cultivo y el cerco de vivir en “comunidades”, les ha restado territorio, salvo hacer grandes recorridos, para asegurar sus alimentos con siembras de pan coger, cosa poco práctica. Las condiciones los han llevado a dedicarse a la tala de madera y a la burocracia al interior de la OIA por parte de los hombres - ¿y las mujeres?- cuando no siembran o cuidan la cosecha y tal vez algunos animales domésticos, viven en la casa por cárcel, teniendo al marido y a sus hijos por carceleros.

Hoy esta organización tiene al pueblo indígena para exhibición, como un museo, se exhibe por conveniencia de sus “dueños” a entidades extranjeras y nacionales para recolectar ingresos en nombre de la miseria y la degradación que ellos mismos promocionan y les conviene. Esos ingresos jamás llegan a las comunidades y si por accidente pudiesen llegar uno que otro peso, se desentienden del control y verificación del uso de los mismos, promocionando un desorden con los recursos que los líderes ya empezaron a dilapidar.

De la cultura Embera solo quedan rastros de su gloria y rebeldía, una foto borrosa de 500 años de antigüedad donde todos los fotografiados le dan la espalda al mundo. Nos quieren hacer creer estos falsos líderes - que por cierto muchos de ellos permanecen o viven en Medellín, con baño embaldosado, carro, comen en restaurantes buenos y sus hijos estudian en buenos colegios- que defecar en el rio es esencial para su cultura, que comer plátano sin más nada es lo que siempre han comido, que la ignorancia es propia de su cultura. Reducen a la resistencia indígena de comunidad sobreviviente a museo ruinoso y triste donde, claro que sí, la mujer Embera, la adolescente, la niña, se suicidan, pues las fotos no llevan grabadas las imágenes del futuro de sus hijos ni resaltan la dignidad en su pecho.

En conclusión la corrupción es parte de la cultura de muchos de los líderes de la OIA, esa corrupción en una comunidad con tantas carencias producen efectos de escándalo, desastrosos, como el suicidio de las adolescentes; no es un problema de “jais”.

Se debe colocar en la agenda del problema indígena el asunto del desarrollo socio económico inmerso dentro de su contexto cultural, a largo plazo de forma estratégica.

El tema de las costumbres puede perfilarse desde el lema bolivariano del “mayor bienestar posible.” es esencial hablar con los jóvenes y mujeres para que ellos planteen su situación y mejores alternativas de existencia.

Por último se llama a las nuevas generaciones para que con miras al mantenimiento de lo mejor y esencial de la cultura Embera, revolucionen su realidad, destituyan o expulsen a los líderes corruptos y construyan un mañana mejor, libre y orgulloso como se lo merece esta etnia guerrera.

____________

[1.] Para una población no mayor de 5000 habitantes Embera Katios en 1992 se han presentado 80 suicidios cerca de 8 por año aunque se presentan por picos; 95% mujeres adolescentes indígenas. cerca de unos quince suicidios se presentaron desde el 2006 en el municipio de Murindó donde solo hay 1600 Embera actualmente.

Ursula Iguarán para La Pluma, 25 de julio de 2012.
 
*Ursula Iguarán es médica de la Universidad de Antioquia, militante del Movimiento Patriótico; durante 11 años trabajó como médica de brigadas en las comunidades indígenas y afrodescendientes; antigua líder estudiantil de la Universidad de Antioquia, Medellin, Colombia. Colaboradora de La Pluma

Palabras clave:Ursula Iguarán  Colombia Indigenas Embera Katios  derechos humanos  

Actualizado ( Miércoles, 25 de Julio de 2012 13:42 )  

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