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Los retos de este año: terminar la guerra y elegir un gobierno para el cambio

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Oto Higuita1BisEl principal reto de la sociedad colombiana es terminar la guerra, pues es innegable que sigue existiendo. Pero para lograrlo hay que trascender al gobierno y al Estado mismo, sin embargo, éstos son fundamentales para llevar a cabo este fin histórico.  

Más aún, cuando el gobierno y el Estado colombiano con uno de los ejércitos más poderosos y numéricos del continente, mienten descaradamente ante la comunidad internacional - ya le da lo mismo mentirle a la sociedad colombiana- afirmando que aquí no se están asesinando impune y sistemáticamente líderes sociales, precisamente los más expuestos y vulnerables y cuyas únicas armas han sido la razón de ser de sus luchas por el derecho a una vida digna, que han dado a lo largo de décadas.

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Quienes vienen denunciando y enfrentando con la palabra libre y la protesta social que el gobierno y el Estado incumplen lo acordado y se niegan a restituir sus tierras, a protegerles sus vidas, la de las comunidades, a respetar los derechos adquiridos con lucha y sangre, a proteger los bienes comunes de la naturaleza; y a asumir la verdad y el costo de la guerra para que paguen todos, civiles y militares, los que en ella participaron y ayudaron a que se fraguara y mantuviera.

Pero para vencer la guerra hay que tener en cuenta que el ELN, la segunda guerrilla del país, aún no está convencido de la conveniencia de llegar a un acuerdo con el gobierno debilitado y a punto de terminar su mandato, de Juan Manuel Santos. No tanto porque crean en el triunfo por medio de las armas, ya la época dorada de la lucha guerrillera ha pasado y ellos lo saben bien, sino por las condiciones desventajosas que le esperan, que no serán las mismas sino tal vez peores que las que consiguió la anterior guerrilla de las FARC, que contaba con un ejército numéricamente superior y de mayor incidencia. ¿Si no le han cumplido a éstas, a las comunidades campesinas y a las víctimas, que eran el centro y razón de ser de los acuerdos, qué pueden esperar ellos? ¿Una amnistía a sus comandantes y prisioneros políticos? ¿Unas curules en el Congreso, un salario mínimo para la guerrillerada, recursos para cooperativas y para participación política? Porque sin duda la sociedad civil participa, pero cuando ha adquirido consciencia de porqué y para qué y no porque una guerrilla insista en ello en la mesa de negociaciones.  

El segundo reto político, y tal vez el de mayor incertidumbre, es elegir entre un gobierno para el cambio o uno para la continuidad. ¿Qué programa, legislatura y presidente escoger para gobernar en adelante a Colombia, en un contexto de implementación, reconciliación y posacuerdo? ¿Uno que continúe con el mismo modelo económico y ejerciendo el poder de clase sin que nada cambie, y como si lo único importante del gobierno de Juan Manuel Santos hubiera sido desarmar y desmovilizar las FARC, como el que quieren Uribe-Pastrana-Vargas-Fajardo? ¿O uno que no deje morir el acuerdo con éstas, acelere su implementación y sea capaz de sacar al ELN del nudo gordiano en que se encuentra? ¿Un gobierno para el cambio y la prosperidad de todos, o uno para la continuidad y los privilegios de una minoría?

Veremos si pueden más las ambiciones personales de los y las aspirantes presidenciales y sus particulares intereses partidistas, o el interés nacional y el bien común para dar comienzo a un cambio político, que ponga los pilares para gobernar de forma cualitativamente diferente un país caracterizado por la corrupción, el saqueo de los recursos naturales y bienes comunes de la naturaleza, el incumplimiento con las víctimas y los asalariados, el mal gobierno y la guerra.

¿Será capaz la nueva generación de ser la protagonista del cambio y reclamar su lugar en la historia hoy? Por supuesto, con consciencia de lo que quiere y puede hacer. Entendiendo que en la nueva generación hay clases, tendencias, orígenes, estilos, formas de ser, pensar y actuar que no la asemejan a una masa amorfa. Pero es posible que tenga en común la idea de liquidar definitivamente la guerra y emprender un nuevo rumbo.

Esperemos que no se hagan realidad las palabras del ex presidente uruguayo Pepe Mujica, cuando dijo recientemente que: “Si la paz de Colombia fracasa, fracasa la historia de América Latina”.

Añadidura: Donald Trump parece delirar, no se ha dado cuenta que Juan Manuel Santos cumplió con el objetivo trazado por ellos y las elites colombianas, desde el Plan Colombia que a lo mejor ni conoce, de desarmar y desmovilizar a las guerrillas más antiguas y poderosas de Colombia. Y que así despejó más el camino para que los capitalistas y sus trasnacionales se acaben de comer las riquezas naturales, generando miseria y violencia para los colombianos. Porque lo del narcotráfico, es un cuento que desde hace 60 años nos echaron para invadir e inundar el país de bases militares y tutelar la soberanía colombiana. ¿Qué más querrá el “furioso”?

Oto Higuita* para La Pluma, Medellín, 10 de enero de 2017

Editado por María Piedad Ossaba

*Oto Huiguita: Licenciado en Historia Económica y de las Ideas de la Universidad de Estocolmo, Suecia.Estudios en inglés del University College of London (UCL). Escritor de artículos de opinión y ensayista en diferente medios de comunicación

Artículos y ensayos de Oto Higuita publicados por La Pluma

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Alerta: En Colombia, una nueva pacificación disfrazada de paz




Palabras clave:Colombia  retos  sociedad colombiana  político  elecciones  violaciones DDHH  impunidad  asesinatos selectivos  lideres sociales  protesta social  revueltas lógicas  Abya Yala  Oto Higuita  

Actualizado ( Domingo, 14 de Enero de 2018 20:58 )  

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