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2017: El mundo del revés y sus intríngulis de luchas

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photo_auteur_nonEra de esperarse: en el mundo al revés, todo al revés. Los malos ganan, los buenos pierden, los ricos, más ricos, los pobres, más pobres. El 1% de la población con todo, el 99% araña el resto. En Colombia, ese mundo loco se tomó hace tiempo la palabra: la corrupción dirige nuestros destinos, a los líderes sociales los asesinan por líos de faldas según la novísima teoría del faldólogo ministro de guerra, Carlos Villegas. Los guerrilleros cumplen la palabra, se ciñen al acuerdo de paz, se desarman, se agrupan, estudian, no los amnistían, los matan, los amenazan, y la extrema derecha, codirectora de la guerra sucia y la injusticia, los tacha de criminales que les hará pedazos su acuerdo de paz.

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La historia del revés es la historia al derecho, la misma que ni siquiera nuestros estudiantes la conocen y, peor, menos aún la geografía: nadie sabe dónde está parado hoy en día, y qué significa ser colombiano; estudiante que se respete no sabe de soberanía ni de fronteras, mucho menos de Patria; claro, Patria no existe, pero la noción mínima de sueño patriota no se tiene porque no se conoce esa historia que murió hace muchos años, que fue sacada a patadas de los textos oficiales después de la caída del muro de Berlín. El neoliberalismo no la necesitaba.

Así como desapareció la golosina del Estado de Bienestar en el mundo capitalista, así desapareció de nuestras cátedras de bachillerato el mínimo conocimiento identitario: las anteriores cátedras de geografía e historia pasaron a llamarse sociales, cosas de fiestas y fechas patrias, de bambucos y fanfarrias, de disfraces y jolgorios, que si bien no es malo vivirlo o gozarlo, es terrible cuando todo ese folclor reemplaza la verdadera cátedra crítica.

Los trabajadores de la educación pelean por los derechos de supervivencia pero no pelean por el logro de un mínimo de identidad histórica, lo que redunda en el crecimiento del estado de opresión y coadyuva a la expansión de la ignorancia política, la cual es un mal endémico en Colombia. Los maestros no combaten por este mínimo pues no lo consideran de importancia nacional, o, mejor, no lo requieren para llenar el buche.

Las peleas en la educación se instalaron en la economía, en los ingresos mínimos y en la estabilidad laboral, que si bien son derechos básicos, no son los únicos. Mueren pues las gestas de José Antonio Galán, Guaicaipuro, Tupac Amarú II, Bolívar, la Pola, Melo, y todos los héroes que dejaron páginas y páginas de historia escritas para los futuros combates libertarios. Como caso clínico que demuestra lo anterior, les cuento que ante las palabras de una “intelectual” del partido de extrema derecha proparamilitar, Centro Democrático, María Fernanda Cabal, que afirmó recientemente que no hubo “la tal masacre de las bananeras de Ciénaga en 1928”, no hubo respuestas contundentes desde el rincón educativo. Y todos tranquilos, pues casi nadie se siente llamado a responder.

Para todos es claro que el cometido manifiesto de la oligarquía es revisar la historia como otra trinchera en donde se combate o se puede extender el escenario de la lucha de clases. A este paso mañana aparecerá hablando, la ignara señora, de que a Jorge Eliécer Gaitán, el gran caudillo liberal, lo asesinaron en abril de 1948 por robarle el celular. Y, como vamos, ni siquiera se le responderá con una sonora risa.

Las recientes generaciones de colombianos no distinguen a Bolívar de la carrera Bolívar; el pantano de Vargas les convoca una imagen de un estancamiento de aguas, la Guerra de los Mil Días se les hace harta por larga, y la violencia terrorista de Estado es simplemente la respuesta que nuestro Estado “democrático” dio por lustros a los “narcoterroristas” de las FARC, tal como siempre lo explicaron los medios de comunicación. Pura parafernalia de circo.

El consumo como anestesia general

El mundo del revés domina nuestros días y nuestros sueños. El consumismo enfermizo, que se tomó nuestras 24 horas, con las rebajonas en todo el mundo –el tal Black Friday es una muestra de ello– evita pasar del chateo enfermizo del celular, a la revisión de las terribles noticias que nos llegan de Europa por ese mismo medio; las mismas que tienen que ver con los miles de inmigrantes ahogados en el Mediterráneo intentando llegar a ese continente que los expolió durante siglos –y que sigue haciéndolo– y que ahora se disculpa de no recibirlos, pues son más los males que causan que los aportes que le hacen a esas sociedades como para abrirles los brazos, de acuerdo a las novedosas posiciones de la extrema derecha fascista en franco ascenso político.

Ahora la Unión Europea paga a Turquía, y a Libia –nación que despedazó la OTAN implantando allí decenas de bandas armadas, cuál más terrorista– para que a esa jauría de refugiados ambientales, de guerras y económicos, provenientes de Asia y África, no los dejen pasar de un límite determinado, así los esclavicen, los torturen, los maten o los desaparezcan.

Del chat a la información veraz hay un clic, pero en el mundo del revés eso no se da porque la posverdad se instaló con unos disfraces difíciles de reconocer. El incauto, el inconsciente, no tiene ni el espíritu ni las herramientas para llegar por sí solo a la verdad, pues además, ¿cuál es ésta en un mundo de pesadas tinieblas informativas, en un mundo tan manipulado y descompuesto ideológicamente?

Llegó al escenario el abanderado capitalista, el empresario presidente

En este año se instaló America First, con el basto Donald Trump, y la posverdad se hizo viral. Este personaje de pacotilla, que pretende poner el sistema capitalista otra vez en el camino de la realización mundial –volverlo casi que vitalicio a pesar de la recesión permanente que golpea su anarquía y que impide mundialmente avanzar al ritmo agorero que el capital quiere– y volteó todo el orden internacional: los mínimos derechos humanos, si no son funcionales a la acumulación, no se respetan; el Derecho Internacional Humanitario(DIH), pasó a ser cosa del pasado; la paz se impone con la guerra. Cuba: tiene que acabarse el castrismo so pena de perpetuar el bloqueo. Unesco: tiene que dejar de sabotear a Israel si quiere más presupuesto. Los inmigrantes son cosa del pasado. Ah, y de acuerdo a la novedosa teoría trumpesca, no existe ningún cambio climático mundial, y por ello la industria de los fósiles seguirá intocable haciendo de las suyas y por ello renunció al tibio acuerdo COP 21, firmado en 2015 en París por el gobierno del “asesino en jefe” –como lo llamaba Fidel Castro por sus múltiples asesinatos cometidos con drones en todo el mundo– Barack Obama.

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Para más detalles, véase la última medida prosionista de reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, país que fue fundado expulsando y masacrando palestinos y que lo sigue haciendo hasta el día de hoy y que obedece a la penetración del capital en el Medio Oriente, a la naturalidad del control geopolítico de dicha región y a la necesidad de darle un impulso impetuoso a la industria de guerra norteamericana. Y para asegurar poca oposición a tan lamentable suceso diplomático, amenazó con cortar ayudas económicas a los países que en la ONU votaran en contra de la medida imperialista, cosa que lo llevó a un rotundo fracaso, pues 128 votaron contra ese chantaje imperialista. Y antes, en la apertura de sesiones de la ONU en septiembre, amenazó con destruir a Corea del Norte, país que ha desarrollado una política defensiva con base en la detente nuclear contra ese imperialismo agresivo y sus agentes en el Asia. Todo un matón de barrio posicionado en la ONU con dos garrotes: uno atómico y otro económico, y con unos socios que no quieren hacer nada para disgustarlo: China y Rusia.

Trump lanzó la madre de todas las bombas en Afganistán –nunca se dijo certeramente cuál fue el número de muertos ocasionados allí –que llevaba en su regazo hasta 10 toneladas de explosivos y que nadie antes se había atrevido a hacerlo en una guerra convencional. Seguramente hizo, aparte de un enorme cráter lunar, un terrible daño social, extrañamente no fotografiado o por lo menos no mostrado en ningún medio de comunicación occidental. ¿Y quién sabe de esto en un mundo de miles de millones de celulares y tablets? ¿Ese lejano ser que chatea, que babosea supo de esto? No y no le interesa. El mundo al revés, o del revés, le llenó la cabecita de tantas necesidades superfluas, de tan prescindibles cosas, que no le queda tiempo de ocuparse de noticias tan mundanas.

Ese inculto habitante del planeta, que es el soporte básico del dominio imperialista y que seguramente no pierde una misa de domingo, no sabe dónde está parado, ni cuándo le van a dar el próximo balazo ideológico en la cabeza. Es una creación ideológica a imagen y semejanza de los dueños del poder en el mundo. Y es el mejor defensor del actual statu quo: cada cuatro, cinco o seis años sube al nuevo verdugo local o nacional. Claro que no le importa mientras pueda chatear y su ignorancia política pueda acrecentar.

De regreso en Colombia

Acá las cosas van de mal en peor. Los tres poderes públicos están infiltrados por bandas criminales, similares a las de México. El revés es la cotidianidad histórica. Los malvados, empoderados, hacen de las suyas. Ni Odebrecht, ni los falsos positivos, ni los narcoparamilitares, ni los billones de pesos robados al erario público, ni los robos a ojos vistas de Reficar e Isagen, ni los múltiples vestigios de robos de tierras a comunidades campesinas de parte de empresarios prestantes que acuden y acudían (y acudirán) al cómodo brazo paramilitar, mueve a este país a una protesta continua, porque así debería ser. Los criminales manejan el Estado a su manera, de la mano de la corrupta justicia que cuenta sus reales a ojos vistas, conformando el cartel de la toga, un nuevo y siniestro clan que organiza la impunidad tradicional con miles de millones de pesos a bordo, en la misma casa de justicia.

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Y el penúltimo paso, todo bien pensado: el acuerdo de paz. Planificado detalladamente para desarmar a la insurgencia pero también para ser burlado, para que su letra menuda fuera borrada, para que al final quedara transmutado en lo que es actualmente: una suma corta de cosas cumplibles sin que se afecte la base de la injusticia centenaria. Con plebiscito a bordo, innecesario para ratificar un acuerdo de Estado, pero necesario para ponerlo en los mínimos, este fue llevado a límites insospechados: ni cumplimiento de la amnistía, ni Jurisdicción Especial para la Paz que nos lleve a la verdad, ni circunscripciones especiales de paz que le dieran curules a las víctimas, ni combate al paramilitarismo pues ahora el faldero ministro de guerra alega que los asesinatos de los líderes sociales a lo largo y ancho del país se deben mayoritariamente a líos de faldas y a cuentas pendientes personales. Se multiplica el irrespeto a las víctimas.

A los ricos de este país les alcanza el cinismo para seguir con el otro proceso de paz con el ELN, a sabiendas que estos se miran en el espejo de las FARC. Hacen doctorados en neurolingüística engañosa y viajan a Quito, se toman la foto, cambian de negociadores cada determinado tiempo, y aquí sigue el cruel calvario de las víctimas y los defensores de derechos humanos. Circo y opereta.

Venezuela y la derecha ordinaria

2017 fue un año difícil para el gobierno de Maduro. Movilizaciones a granel, guerra sin cuartel con muertos a bordo desde abril, y, es correcto decirlo, esto ha sido así desde el momento mismo en que llegó Chávez al gobierno en 1999. No ha pasado un día en que no aparezca la derecha hablando de que “…este año sí vamos a sacar en bombas de fuego al gobierno bolivariano”. También se lo dijo a Maduro la Asamblea Nacional cuando la mayoría absoluta la obtuvo la derecha. 2015 fue para ellos el bastión tras 16 años de saboteo, pero su ordinariez fascista le impidió ver el bosque de la resistencia desde el gobierno y desde las bases chavistas, y se equivocaron en el ABC de la política: no aseguraron con medidas legales, acordes a la constitución venezolana, su enorme poder, lo que les valió que el Tribunal Superior de Justicia los dejara por fuera de la legalidad y sus medidas políticas fueran enclenques, obsoletas.

La oligarquía venezolana sumada a la colombiana, la peruana, la argentina, la chilena y la mexicana, son las más proimperialistas de este continente y se mueven al unísono en todos los foros regionales y mundiales. Pero, como la venezolana, ninguna: esta se encuentra liderada por una élite burda y estúpida, pues anteponen intereses personales a proyectos colectivos y son figurines de distintos políticos colombianos y norteamericanos, lo que les ha valido el repudio del pueblo venezolano, el cual a pesar del sufrimiento que vive por la carencia de muchos productos de primera necesidad y la hiperinflación, no acepta que estos bufones importen consignas extranjerizantes para apropiarse malamente, de la mano de las grandes transnacionales, de los bienes comunes.

No han mostrado coherencia política, ante lo cual el gobierno bolivariano les ha roto la unidad de babas que muestran ante los medios de comunicación. Pasaron las matanzas que corrieron de abril hasta julio con toda la impronta norteamericana, y la Asamblea Nacional Constituyente va navegando sin presencia de la derecha y cogobernando con el presidente. Después vendrían las elecciones de gobernadores, y solo quedaron 3 rebeldes de la derecha en distintos estados; y en diciembre acaeció la hecatombe, cuando de una manera desafortunada –seguramente esperando que el premio Sájarov de la Unión Europea, los presentara en el escenario mundial como la clase oligárquica más violentada del planeta por la “tiranía” bolivariana y les diera un gran espaldarazo– decidieron no participar en las elecciones de alcaldes. Pues ya tienen los bolivarianos gobernadores y alcaldes para tirar de jura, como decimos en Colombia, así se revuelque la Unión Europea y golpee el gobierno norteamericano las finanzas de Venezuela.

Claro que esta oligarquía bastarda tiene todo el apoyo de los países nombrados arriba, del bestial Trump, de la arrodillada Europa, y cuenta además con el paramilitarismo como buena herramienta que le presta la oligarquía colombiana, pero no cuenta con el apoyo de ese pueblo que le está apuntando a la soberanía nacional y al antiimperialismo. Con todo, no se debe dejar de reconocer que el gobierno actual tiene que hacer mucho para combatir la corrupción que ahora se destapa y aterra, que tiene que voltear la estrategia de cogobernar con la derecha por la de gobernar con los sectores más avanzados del pueblo, y de lograr la soberanía alimentaria como mínimo, para lo cual tiene que implementar una verdadera reforma agraria. En los 18 años de gobierno bolivariano son muchas las cosas que están pendientes y el paso del tiempo puede cobrar si no hay un vuelco estratégico, si al pueblo y a sus sectores más avanzados, sin verticalismo alguno, no se les empodera en todos los terrenos de la producción, la lucha política y social, y si ideológicamente no se vuelca la concepción burguesa de “consumo luego existo” que prima tanto en la sociedad venezolana. Todo está por hacerse, hasta convocar a sectores medios a que participen democráticamente en la construcción de una sociedad más justa.

¿Y Ecuador? Muy mal, muchas gracias

Salió Correa del gobierno y continuó, en apariencia, el movimiento Alianza País. Hasta ahí todo bien. La derecha de nuevo había sido arrinconada, pues alegremente pusieron un candidato ultra, y perdió ante Lenín Moreno. Este último lleva siete meses en el gobierno y suma algunos apoyos populares e indígenas, pero lo que más recuerda quien se haya informado medianamente, son las peleas cotidianas que éste sostiene con su antecesor, Rafael Correa, al cual se atrevió a caracterizar como el jefe de un gobierno corrupto. Jorge Glas, su actual vicepresidente, un hombre muy querido del expresidente Correa, fue condenado a seis años de cárcel por presuntos delitos de corrupción asociada a la constructora Odebrecht. Ahora se le viene encima el juicio político que lo sacaría de la vicepresidencia. Acusaciones van y vienen, y la verdad aún no sale a flote.

Glas aduce que todo se debe a la denuncia que hizo cuando el gobierno de Moreno le entregó al expresidente de derecha, Abdalá Bucaram, la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL). Denunció también que Moreno le retiró las funciones asignadas por pedido de Bucaram, del banquero Guillermo Lasso (anterior candidato), de los grandes empresarios y de los opositores, "traicionando de esta manera la voluntad popular que dio el triunfo al binomio Moreno–Glas con un plan de Gobierno, con una ideología", según información aparecida en el portal telesurtv.net el 14 de diciembre.

Correa amenaza con llevar el caso a la vetusta OEA, y Lenín responde que eso no es elegante, que Glas está donde debe estar por el tema de la corrupción. La paradoja es que la derecha ecuatoriana aplaude todo lo que lleva a efecto el actual gobierno. Sospechoso por cierto.

Se viene una consulta popular que el sector de Correa en la organización Alianza País rechaza, porque, de acuerdo a su versión, viola la constitución. Piedras van y vienen y al pueblo no le convienen, es la verdad, pues se ve llegar a la derecha, en un futuro no muy lejano, como la salvadora del caos generado por el viejo movimiento de la Revolución Ciudadana. Lenín es todo un enigma: sus realizaciones lo desnudarán para bien o para mal.

Gran Colofón

El calvario de los pueblos y sus luchas están servidos. Nada se ha alcanzado estratégicamente como para lanzar bengalas de colores a la negra noche. El progresismo de nuestro subcontinente está en franca decadencia, pero la derecha no la tiene fácil. Si bien el objetivo del progresismo no fue propiamente la movilización anticapitalista, sino más bien el control político paternalista y la dirección vertical de los movimientos sociales, el resultado final fue la comprensión dialéctica de los pueblos de que los derechos se conquistan a fuerza de movilización, con la lucha política como su primera herramienta de mano.

Macri creyó que la tenía fácil, y si bien su gobierno lumpen burgués, como lo define Jorge Beinstein, ha logrado coronar cosas terribles como la disminución violenta de puestos de trabajo oficiales, la devaluación estruendosa de más de un 40% y subir la pobreza en más de diez puntos, las últimas salvajadas –el asesinato de Santiago Maldonado, la gran represión contra el pueblo mapuche y el robo de las pensiones– le obligaron a violar derechos humanos con esa gendarmería que no escatima disparar a quemarropa cuando el pueblo argentino se levanta contra la injusticia(se cayó su discursito democratero en contra de Venezuela). La más reciente acción popular fue el volcamiento a las calles en el momento en que el parlamento daba la última puntada neoliberal contra el sistema pensional al aumentar la edad y la rebaja de éstas. Casi se observó una pequeña insurrección en Buenos Aires: ese día, 18 de diciembre, la pólvora fue el principal olor en la capital.

Tampoco la tiene fácil Temer, el corrupto político brasilero que tumbó a la presidente Vilma Roussef con el impeachment de un parlamento manejado por corruptos –un gemelo del colombiano– que declaró indigna a dicha gobernante por un caso de mala información contable. Allí también las trompetas del raponazo a las pensiones y a las viejas negociaciones colectivas sonaron estruendosamente, solo que los trabajadores empiezan a movilizarse en contra de ellas. El capital quiere descorrer el velo de la resistencia como si la caída de los regímenes progresistas hubiera significado, de nuevo, el fin de la historia. Pero están equivocados, así no lo sepan los millones de funcionales e ignorantes políticos ahítos de celulares y modelos de última generación informática que bailan al ritmo de la actual crisis capitalista, pues los pueblos tienen claro sus viejos logros y sus derroteros.

Los de abajo, los nadies para estas oligarquías, empiezan a movilizarse por todos los confines de Latinoamérica, a la cual ve Trump como su reserva estratégica de minerales tanto como su objetivo para la imposición geopolítica. Y si no lo creen, pregunten por el pueblo hondureño y su movilización de varias semanas en contra del fraude electoral; o pregunten por los vastos sectores del campesinado y de los indígenas y víctimas colombianas que empiezan a creer en su fuerza, así les quiten una y mil veces las posibilidades de participación electoral y maten a cientos de sus líderes.

Con todo, debemos hacer esto, así vayamos muy bien en las cuentas o en las encuestas, como lo dice un amigo mío: “levantémonos temprano que está todo por hacerse”. El sueño de los justos sólo lo tendremos cuando las talanqueras impuestas por este mundo del revés sean sobrepasadas o por lo menos avistadas por los pueblos conscientes de sus derechos, para su pronta destrucción. Todo está en nuestras manos. Los pueblos tienen la palabra.

Álvaro Lopera especial para La Pluma, 26 de diciembre de 2017

Editado por María Piedad Ossaba

Álvaro Lopera: Ingeniero químico. Editor de El Colectivo, Colaborador de La Pluma.

Artículos de Álvaro Lopera publicados por La Pluma



Palabras clave:« Balance 2017 »  Mundo al revés  historia al derecho  consumo  anestesia  capitalismo  neoliberalismo  política  economía  America First  Trump  Colombia  Venezuela  derecha  Ecuador  Macri  

Actualizado ( Lunes, 01 de Enero de 2018 19:00 )  

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