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Colombia - Prohibido olvidar: La masacre de Trujillo y el asesinato del padre Tiberio

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El 12 de diciembre se entrega el Premio Internacional DDHH Ayto de Siero a la AFAVIT asociacion de victimas de Trujillo.

El asesinato del padre Tiberio Hace 21 años lo decapitaron y lo arrojaron a las aguas del río Cauca en una infinita masacre que acabó con la vida de al menos 342 personas. Prohibido olvidar.

La desaparición y asesinato del padre Tiberio Fernández Mafla el 17 de abril de 1990 fue el momento más aciago de los vividos por la población de Trujillo durante los días de la masacre.

Fue la culminación momentánea de una seguidilla de crímenes —hoy, jurídicamente llamados “Hechos centrales de la masacre de Trujillo”— iniciados a finales de marzo de ese año por una alianza regional y temporal entre el Ejército, la Policía, paramilitares y narcotraficantes, supuestamente como acciones contrainsurgentes, que también sirvieron para perpetrar asesinatos de “limpieza social” y de testigos y para apropiarse de tierras y del control político del municipio.

El padre Tiberio había trabajado formando líderes comunitarios en la Universidad Campesina de Buga, hoy Fundación Instituto Mayor Campesino, y había cursado en Israel una especialización en cooperativismo. Después de estudiar en la Universidad Javeriana y en seminarios, y de ser párroco en Tuluá y en Andalucía —municipios colindantes— llegó a la parroquia de Trujillo en 1985.

Tenía 42 años de edad. Allí comenzó a alentar a los trujillenses para que se unieran en torno a lo que llamó Empresas Comunitarias, unidades de producción dirigidas por campesinos: panaderías, ebanisterías, tiendas, cerrajerías, cultivos de mora, de lulo, de café, entre otros. A finales de 1989, el padre Tiberio había conseguido préstamos para 20 de estos emprendimientos.

El proceso se desarrollaba en medio de numerosos asesinatos selectivos no sólo en Trujillo, también en Riofrío, Bolívar, el Dovio, Toro y municipios cercanos del centro y norte del Valle. Buena parte de los crímenes, manifestaciones del naciente cartel de la región. Como en el resto del país, líderes de la Unión Patriótica eran ultimados.

Trujillo tenía en ese entonces unos siete mil habitantes, dependía del monocultivo cafetero y era disputado políticamente por dos corrientes del conservatismo: lloredistas y holguinistas.

. A finales de abril de 1989, los campesinos de Trujillo organizaron una marcha de protesta por las precarias condiciones de vías rurales, por la carencia de servicios básicos en no pocas viviendas veredales y por la creciente amenaza del conflicto armado. Pero llegado el día de alinear a los tres mil campesinos que salieron a marchar, nadie de la ANUC apareció; los campesinos, desarbolados, fueron hasta la parroquia y le pidieron al padre Tiberio que les sirviera de vocero ante la administración local. El padre aceptó. Al llegar a la Alcaldía, varios militares lo recibieron y comenzaron a decir que los campesinos de la marcha eran guerrilleros. El alcalde permanecía en silencio. Tiberio les dijo: “No son guerrilleros, yo los conozco y sé que son campesinos”.

Cuando le conté al padre Tiberio que el Ejército estaba desapareciendo campesinos de la Sonora, me dijo: ‘¡Hay que informarle a Amnistía Internacional!’”, me contó un antiguo miembro de la Empresas Comunitarias. “Finalmente, no supe si lo hizo, pero le empezaron a llegar amenazas de muerte al padre”. Varios habitantes de Trujillo me explicaron que su aspecto cambió, se le veía preocupado, nervioso, porque sabía que lo iban a matar.

En la misa de media mañana del domingo de resurrección, el padre se jaló un sermón duro.. “Ese sermón lo cerró con la frase que lo hizo mártir: ‘Si mi sangre contribuye para que en Trujillo amanezca y florezca la paz que tanto estamos necesitando, gustosamente la derramaré’. Cuando terminó la misa, conversé con él y le dije: ‘Padre ¡váyase! Váyase que usted vale más vivo que muerto’. Y me dijo: ‘No mijo, no los voy a abandonar en este momento’”.

Al otro día, lunes, fue asesinado el mejor amigo de Tiberio —papá de la actual alcaldesa de Trujillo—, don Abundio Espinoza en el centro de Tuluá. Y el martes al final de la tarde, cuando Tiberio regresaba del sepelio de Espinoza, en la vía Tuluá-Trujillo, fue desaparecido junto con su sobrina y dos acompañantes. Una semana más tarde, su cuerpo mutilado y decapitado apareció en una pequeña bahía del río Cauca, en la vereda El Hobo en Roldanillo. De su sobrina y los otros dos no se han encontrado restos hasta el momento.

. Desde esa época, muchos habitantes de Trujillo conservan fotos ampliadas del padre que cuelgan de las paredes de sus casas. Se lo ve junto al papa Juan Pablo II, en fiestas familiares, en medio de liturgias. Le prenden velas, le piden milagros.

Junto a la entrada del parque monumento a las víctimas de la masacre hay un pequeño recinto dedicado exclusivamente a la memoria de Tiberio: allí reposan sus sotanas, su Biblia, fotos, el atril y un libro de  más de 800 páginas escrito a mano por los trujillenses donde narran anécdotas con el padre y se despiden de él como no pudieron hacerlo en vida. Un visitante que entró al recinto conmigo, me dijo: “El pueblo nunca se podrá recuperar de la pérdida de Tiberio; espero que pueda perdonarnos”.

¿Otro proceso camino a la impunidad?

La versión del Grupo de Memoria Histórica

Se debe convocar la solidaridad ciudadana y mostrarle al país que los hechos de Trujillo pertenecen al pasado nacional. Es preciso interpelar no sólo al Estado, sino también a la sociedad por los silencios y olvidos... los homicidios, torturas y desapariciones produjeron el desplazamiento y desarraigo de pobladores; la destrucción e incluso liquidación de núcleos familiares; la desarticulación de las organizaciones campesinas y hasta la muerte  (incluso por ‘pena moral’) de sobrevivientes y sus familias. La masacre cumplió los múltiples objetivos de los perpetradores: bloqueo a la estrategia insurgente, neutralización de la potencial acción colectiva de los campesinos e instauración de un contrapoder que continúa hoy día. A 20 años de la masacre y 10 de la aceptada responsabilidad del Estado, la violencia continúa y los compromisos del Estado con la comunidad local y de víctimas siguen inconclusos... siguen registrándose numerosas víctimas y la comunidad es constreñida por viejos y nuevos actores criminales, como las conocidas bandas del norte del Valle, Los Machos y Los Rastrojos... la memoria de las víctimas sigue siendo atropellada: cuatro atentados ha sufrido el Parque Monumento a las Víctimas. El último de ellos fue la profanación de la tumba del padre Tiberio Fernández, considerado el gran pastor y líder comunitario de la zona”.

*Fragmento introductorio del libro ‘Trujillo: Una tragedia que no cesa’ (2008), del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

El padre Tiberio vive en la memoria de la martirizada Trujillo.  

El deber de Fenster enfrenta a Colombia al olvido de la masacre de Trujillo

La masacre de Trujillo (Colombia), donde murieron 342 personas a manos de narcotraficantes y paramilitares, en connivencia con la Fuerza Pública, entre 1989 y 1992, es el punto de partida de la obra teatral El deber de Fenster.

Escrita por Humberto Dorado y Matías Maldonado, y dirigida por Nicolás Montero y Laura Villegas, la obra, que fue presentada hoy, recorre la travesía emocional de Edel Fenster, un editor ficticio que recibe el encargo de armar un documental sobre uno de los episodios más horribles de la historia colombiana.

En la obra, Fenster (Jairo Camargo) es una metáfora de la sociedad colombiana. A partir de la declaración manuscrita de Daniel Arcila, testimonio real de primera mano de aquellos hechos, el editor se sumerge en el rompecabezas del genocidio, planteándose si debe revelar la verdad.

Arcila fue aquella voz ignorada por la Justicia que relató las espeluznantes prácticas de las que el río Cauca fue el otro testigo silencioso, rebautizado como el cementerio clandestino.

Aquella barbarie alcanzó su clímax en 1990, con el asesinato del sacerdote del pueblo, el padre Tiberio Fernández, quien usaba el púlpito para denunciar esa barbarie.

Tras recibir siete disparos, fue mutilado de pies y manos, castrado, decapitado y lanzado río abajo. Se sumó así a los más de trescientos colombianos que sufrieron el mismo final trágico.

Aunque el Estado colombiano fue condenado en 1995 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), lo que obligó al entonces presidente Ernesto Samper a pedir excusas públicas, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) sigue denunciado la impunidad y la ausencia de un fallo condenatorio por esos crímenes.

El padre Javier Giraldo,   (premio Juan María Bandrés, de la CEAR) en la ceremonia de Inhumación de los restos del párroco de Trujillo..  decía cosas como éstas:

.. esta colina subvierte el texto social de la muerte. Aquí las víctimas dialogan intensamente con el país y con el mundo y nos explican con riqueza y variedad de lenguajes, lo que NUNCA MÁS debe volverse a tolerar.

Querido Hermano Tiberio, que ahora nos escuchas desde la otra frontera del misterio:

Venidos hoy desde muchos rincones de la patria y algunos desde otros pueblos del mundo, marchando junto a este pueblo de Trujillo que fue tu última grey, hemos rodeado y venerado lo que quedó de tu cuerpo con profundos sentimientos.

No lo hemos hecho con ninguna pretensión supersticiosa que buscaría sacralizar lo efímero y revestirlo de fuerzas imaginarias. Paradójicamente, lo que le da mayor fuerza simbólica a estos restos de tu cuerpo, es tu aceptación conciente de perder ese cuerpo, en la flor de la vida, para afirmar en esa pérdida, valores que consideraste patrimonio imprescindible de la humanidad.

Hoy depositamos tus restos incrustándolos en otra materia, o en otro gran cuerpo vivo que es este parque monumento, donde tu voz vuelve a cobrar fuerza, en otras dimensiones que ya no son vulnerables al dolor ni a muchas otras industrias del poder.

Háblale desde esta cátedra silenciosa e imponente a nuestro país y al mundo; háblale con fuerza a los peregrinos que visitarán este parque en los años por venir y que vendrán angustiados desde los numerosos Trujillos de Colombia donde el pueblo sigue siendo masacrado; háblales desde ese silencio que desenmascara los torrenciales y vacíos discursos sobre la justicia y la paz que solo encubren y disfrazan las violencias institucionales; háblales desde la sencillez y la alegría de tus gestos y tus bromas que no pudieron apagar los más duros momentos de la persecución; háblales desde tu fe insobornable en un Dios que no legitima los poderes injustos sino que hace causa común, hasta la muerte, con los excluidos; háblales desde tu cuerpo destrozado y desde tu sangre derramada, que desde el Río Cauca se levantaron como fuerza moral incuestionable, que desenmascara la podredumbre de los poderes que nos rigen.

No te decimos que descanses en paz, porque queremos verte más activo que nunca en el proceso de humanización de nuestra historia. Más bien te decimos que camines siempre con nosotros en nuestros tortuosos y ensangrentados caminos que van en pos de un mundo menos inhumano, hasta siempre y hasta siempre!

Magdalenas por el Cauca es una exposición-procesión inmersa en los conceptos del Arte Efímero, introduciendo el tiempo real como coordenada plástica, y la naturaleza como soporte de la obra. Concebida en el año 2008 como una Residencia Artística del Ministerio de Cultura de Colombia, los artistas Gabriel Posada y Yorlady Ruiz realizaron 9 obras de gran formato y diferentes técnicas interpretando la desolación, la angustia y la tristeza de las mujeres colombianas sobre telas de costales de fique y plástico navegando sobre balsas de guadua llevando las pinturas Cauca abajo desde Cartago (Valle) hasta La Virginia (Risaralda) el 2 de noviembre de 2008, día de los muertos.. Allí se abandonaron a los rápidos y a los meandros de la corriente…

Esta primera experiencia artística llevó a sus creadores junto al fotógrafo Rodrigo Grajales a conocer cara a cara Las Magdalenas de Trujillo, valerosas mujeres que luchan por la reivindicación de la Verdad, La Justicia, el no Olvido y la Reparación integral de sus derechos como víctimas de esa masacre que dejó entre los años 1989 y 1994, 342 asesinatos comprobados por la alianza funesta entre el Estado, el narcotráfico y el paramilitarismo.

"Porque venimos a expresar una sincera contrición, a nombre de todos los colombianos, por este caso de sacrílega violencia".

"Acepto como Presidente de Colombia la responsabilidad que corresponde al Estado Colombiano por la acción u omisión de servidores públicos en la ocurrencia de los hechos violentos de Trujillo, sucedidos entre los años 1988 y 1991...".

"El Gobierno Nacional desarrollará, en memoria de los desaparecidos, una acción social amplia en la zona de Trujillo y levantará un monumento en la memoria de ellos y de todas las víctimas de la violancia tal y como lo propone, en sus recomendaciones, el informe de la Comisión que hoy he recibido". E. Samper, Presidente de la República.

(Tardaron 20 años, hasta octubre del año pasado, en condenar al coronel Urueña, a 44 años por la masacre de Trujillo.)

Una de las características más brutales y difíciles de comprender del conflicto colombiano es el empleo del terror para buscar la subordinación, el exterminio o la desestabilización de las poblaciones.

El uso del terror como estrategia, hace de Trujillo un caso emblemático de la violencia contemporánea de Colombia. Una de las consecuencias más importantes del despliegue del terror como parte de dicho conflicto, es la de no permitir que las víctimas elaboren sus duelos, dejando las heridas abiertas: las familias que esperan indefinidamente a los desaparecidos; los cadáveres que nunca pudieron ser recuperados para sus honras fúnebres, y los cuerpos profanados, torturados y mutilados, producen un sentimiento de indefensión total y permanente entre la población.

Por esto, recuperar la memoria y la dignidad de las víctimas es un paso indispensable para la superación de los traumas colectivos que genera el terror en esta guerra.

Entre las asociaciones de Víctimas, algunos colectivos han tenido que sobrevivir como "agroecológicos": ASOAESCA  Asociación agroecológica Esther Cayapu, ASAVIP  Asociación agroecológica de victimas de Playa Rica, y Aso-Koinonia..  Las víctimas de las familias de ASOAESCA Y ASAVIP, son parte de los 34 casos  por los que el estado colombiano fue encontrado responsable en los hechos de Trujillo.

En Trujillo continúa la situación de violencia, se repiten las desapariciones, los asesinatos, las amenazas, debido al control paramilitar de Machos y Rastrojos a nivel urbano y rural, mientras que los beneficiarios como el caso de la Multinacional Smurfit Cartón de Colombia continúa adueñándose de veredas enteras donde avanza el monocultivo de pino y eucalipto.

Otras masacres que han recibido condena y sentencia parcial, a la espera de una Justicia de mayor calado que implique a quienes dieron las órdenes son:
 
Trujillo del 86 al 94: 352 personas asesinadas
El Salado  año 2000.  100 personas asesinadas por paramilitares durante tres dias..
Las Bananeras-1928. de 800 a 3mil asesinados por ejercito.
Mapiripan 1997. numero indeterminado campesinos.(más de 50)  paramilitares y ejercito
la Rochela-1989  12 funcionarios judiciales asesinados por paramilitares
san José Apartadó. casi 200 personas asesinadas (hasta el presente).
Jamundí  2006 policias asesinados por el ejercito (por orden de narcos)
Chengue 2001- 27 asesinados por paramilitares
el Aro- 1997  15 muertos por paramilitares
el Nilo-1991. 21 indigenas asesinados por la policia
Segovia. 1988  43 personas asesinadas por paramilitares
Macayepo  año 2000 16 campesinos asesinados por paramilitares
Caño Sibao 1992  alcalde y concejales El Castillo asesinados
la Mejor Esquina 1988  27 campesinos asesinados
el Tomate .1988 16 campesinos muertos .
Alto Naya  200137 campesinos asesinados
Caño Jabón  1998 20 personas
 
Naciones Unidas reportó que en el 2009 hubo 27 masacres con 139 víctimas, el año pasado el número de matanzas repuntó a 38 con 179 masacrados,
lo que supone
un incremento de masacres en un 40%.
La mayoría de esas masacres fueron atribuidas a grupos armados ilegales a los que la Oficina de DDHH de la ONU denominó como “grupos postparamilitares”
"que cuentan en ocasiones con la aquiescencia, tolerancia e incluso connivencia, ya sea por corrupción o amenazas, de algunos miembros de la fuerza pública”.        

pachakuti | Colombia

Fuente: Kaosenlared, 26 de noviembre de 2011

Palabras clave:Memoria  

Actualizado ( Lunes, 28 de Noviembre de 2011 23:13 )  

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