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El otoño del general Rafel Reyes Prieto. Memoria histórica

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El Atentado: El sol inicia su ascenso por entre la bruma que sale de los caballetes de los techos de teja de barro de las casonas bogotanas, y aún se oye el repique de las campanas de las iglesias cercanas llamado a misa matutina.

En la casa del presidente don Rafael Reyes, el rustico campesino boyacense, viejo empresario y aventurero exportador de caucho, quien ha recuperado su fortuna de negociante en la guerra civil del 1885, y ha sido elegido presidente de Colombia, 8 meses atrás, con tan solo los 12 votos de mayoría que el cacique Iguarán de Riohacha le entregó previamente firmados en blanco para que los llenara a voluntad; mira tras el cristal de la ventana el cielo celeste de la luminosa mañana, antes de sentarse a firmar los “decretos ejecutivos” de ese día 10 de febrero de 1905. Hace 2 meses, en diciembre de 1904, ha cerrado el congreso de la república y convocado a una Asamblea Nacional y ahora gobierna dictatorialmente mediante “decretos ejecutivos”.

El otoño del general Rafel Reyes Prieto

Mañana 11 de febrero, será la boda de su hija Amalia Reyes Angulo, con el prestante miembro de la alta sociedad capitalina, Don Daniel Holguín Arboleda. El Sr presidente se soba las manos de regocijo por el entronque venidero. Pasa revista a los demás papeles: El decreto ejecutivo por el cual se nombra al comandante general de la policía, Juan C Ramírez, a quien apodan “toto” como cónsul colombiano en el gran puerto alemán de Hamburgo, se ha comunicado ayer y no quedan conspiradores en su contra sueltos o en libertad. Los doctores y generales conservadores que se reunían en el exclusivo Jockey Club de la carrera séptima bogotana a tomar Wiski, jugar naipe y conspirar con el jefe policial “toto”  Ramírez  para tumbarlo, están siendo procesados y son defendidos por quienes lo iban a remplazar con una junta de gobierno:

Al doctor Felipe Angulo llamado el tuerto, lo defiende con latinajos, citas bíblicas y versos chuscos su amigo el expresidente Miguel Antonio Caro. Al general Eutimio Sánchez lo asiste ese dechado de humildad republicana llamado Marco Fidel Suárez. Al doctor Luís Martínez Silva  don Nicolás Esguerra, y a los generales Jorge Moya Vázquez y Manuel María Valdivieso, don Antonio José Cadavid. No hay contratiempos. Todo fluye

A las 11 de la mañana, hora de costumbre, de ese 10 de febrero de 1906, el presidente con la escolta del capitán Faustino Pomar, llama a su hija Sofía, para que lo acompañe a dar el rutinario paseo de exhibición cotidiana en la carroza presidencial, por la carretera que conduce a Usaquén hasta la casa quinta del industrial cervecero alemán Leo Kopp, ubicada en lo que hoy es la calle 72. Al pasar por la iglesia de San Diego en un ventorrillo del camino, tres jinetes “enruanados”, veteranos de la guerra civil de los mil días que acaba de terminar, beben chicha fermentada en totuma, montados sobre sus caballos. No hay dinero para la cerveza alemana fabricada por Herr Kopp. Miran con atención el paso del carruaje, lanzan entre los dientes imprecaciones campesinas, se limpian con el dorso del brazo la boca y dan vuelta a sus cabalgaduras para seguir de cerca el carruaje. Apuran el trote y lo alcanzan en el sitio barranco colorado justo donde hoy está la universidad de la Compañía de Jesús. Se ubican uno atrás y los otros a los lados de la carroza presidencial.

 A la media hora de paseo, según el horario establecido, el presidente entorchándose sus bigotes da por concluida la exhibición. Ordena al cochero dar vuelta para regresar a la casa de gobierno, pero uno de los jinetes que venía detrás  se adelanta y trata de detener los caballos del coche, mientras   los otros dos por un lado de la carroza, descargan apresuradamente sus revólveres contra sus ocupantes. El escolta Pomar responde el fuego y los rústicos jinetes huyen atropellados por la ruta de Chapinero. Nadie sufre un rasguño. Y en medio de las varias manifestaciones de desagravio que de inmediato la alta sociedad bogotana y el cuerpo diplomático ofrecen en la casa al presidente; la alta autoridad eclesiástica y rector vitalicio de la universidad del Rosario monseñor Carrasquilla, hace un típico chascarrillo bogotano: -“¡Dios, protege a Reyes de manera descarada!

El habilidoso comisario Marcelino Gilibert puesto en reemplazo del conspirador “toto Ramírez, se mueve con rapidez. El 13 de febrero son detenidos varios sospechosos de haber fraguado el atentado, entre ellos el ex ministro y poeta José Joaquín Casas. El célebre y sanguinario vengador conservador y jefe de la policía nacional, ex ministro del gobierno conservador anterior de Marroquín general Arístides Fernández. Los doctores Benjamín Uribe, Joaquín Uribe y Pantaleón Camacho. Se ofrece una recompensa de cien mil pesos-oro de la época, por los informes que permitan la captura de los rústicos jinetes que dispararon, Roberto González, Marco Arturo Salgar, Juan Ortiz y Fernando Aguilar, más doscientos mil por el instigador don Pedro León Acosta.

El ex jefe de la policía “toto”  Ramírez, para evadir las miradas acusadoras, conoce la finca en Suba donde se esconden los jinetes y se lo comunica al general Carlos Sarria jefe del estado mayor del ejército de Colombia, quien disfrazado de sacerdote y al mando de una patrulla armada, 19 días después, los captura.

-“Señores, les dice el general- sacerdote a los ignorantes y crédulos campesinos. Ustedes intentaron cometer un magnicidio horripilante que a los ojos de Dios no tiene ningún perdón. Así que lo único que puedo es oírlos en confesión y darles la absolución espiritual para aminorar el castigo eterno que se han ganado”. Luego en un falso rito católico los confiesa, detalladamente, uno a uno, para proceder a entregarlos a la patrulla armada que los conduce a los cuarteles de Bogotá. Cuando llegan, el general Sarria vistiendo nuevamente sus arreos militares  le dice a su amigo el Sr presidente: -“Listo Don Rafael, todos confesaron todo”.

Ese dos de marzo de 1906, al atardecer sabanero, cuando la luz de la mañana bogotana empezaba a disminuir, don Rafael redacta otro de sus famosos “memorándums”, con los que también se conocieron sus decretos ejecutivos,  convocando una corte marcial inapelable cuyo veredicto debe ser el fusilamiento público de los magnicidas en el sitio mismo donde se realizó el atentado. Lo más pronto posible. Los detalles dados al general Sarria son la base del implacable fiscal y los cuatro autores materiales del atentado son condenados a muerte y ejecutados tres días después el 5 de marzo de 1905. En el mismo sitio donde perpetraron el atentado. Amarrados a un botalón y sin miramientos ni contemplaciones. Como deben ser los escarmientos públicos:

Aún no hay explicación del porqué los encumbrados conservadores, autores intelectuales capturados no sufrieron ningún castigo y quedaron impunes. Ni cómo Pedro León Acosta el instigador directo del atentado, alquilado como peón de estribo del conocido presbítero Pedro María Rebollo, pudo viajar con él hasta Cartagena y embarcarse allí hacia Panamá, en un barco bananero de la United Fruit Company. Menos aún cómo el ex jefe de la policía colombiana “toto” Ramírez hizo efectivo su nombramiento de cónsul en Hamburgo y con un adelanto de los viáticos oficiales llegó a Venezuela para continuar sus conspiraciones contra el Sr presidente.

La caída: tres años después de los fusilamientos, el 12 de marzo de 1.909, en las calles bogotanas cercanas al palacio presidencial hay estridentes marchas estudiantiles y demostraciones de trabajadores contra los Tratados y el ambiente mefítico Nacional. El descontento va en aumento y se le pierde el miedo al dictador y a su policía. El viejo dictador de Colombia, sentado en la gran poltrona presidencial hace llamar al implacable jefe de la policía Marcelino Gilbert. Cuando este llega, atusándose su bigotico retorcido en las puntas hacia arriba, le clava penetrante su mirada glauca y le pregunta

“¿A qué se debe todo ese bochinche en la calle?”  El policía carraspea y tartamudea. –“General, le dice, los estudiantes, con algunos artesanos y, la plebe; protestan por los Tratados Internacionales que se presentaron a la Asamblea Nacional. Alguien filtró sus textos y se ha generado una gran repulsa incluso nacional. Además, vuelve a carraspear, el sr presidente sabe la cantidad de calumnias y barbaridades que sobre su gobierno dicen sus opositores”. Reyes, baja la mirada aparentando ignorarlo, responde secamente: -“No. Dígame de que se trata”. El jefe policial saca una pequeña libreta de bolsillo y lee:

Se dice que el sr presidente manda torturar a los presos políticos e incluso a los presos comunes que están en las cárceles de la nación. Que su Excelencia se entiende por debajo de cuerda con las potencias extranjeras para vender nuevos pedazos del territorio nacional; que manda depositar sumas fabulosas en bancos del exterior, que regala acciones del Banco Central a quienes le prestan sus servicios políticos caracterizados, que otorga concesiones para la construcciones públicas y se hace expedir acciones a nombre de su excelencia y sus hijos. Que su señoría, ha hecho cambiar el trazado del ferrocarril de Girardot para que los trenes pasen por frente a la finca de su compadre Aparicio; que ciertos allegados a la presidencia de la República, se enriquecen con el monopolio de la sal. Que las subvenciones concedidas a los contratistas de los ferrocarriles y a algunas industrias nacientes, son repartidas entre el sr presidente y sus beneficiarios, y que su secretario, el sr Camilo Torres Elicechea, maneja una chequera milagrosa con fondos inagotables, por medio de la cual el general presidente Rafael Reyes, a quien llaman el dictador, compra conciencias y doblega voluntades (1)

Hoy por ejemplo los ánimos se han exasperado, al saberse que en los Tratados Internacionales que se venían negociando en secreto y que en enero pasado fueron firmados en Cartagena, entre el Secretario de Estado Norteamericano Eliuh Root y Enrique Cortés y que han sido presentados a la Asamblea Nacional para su aprobación, figura que el gobierno de los Estados Unidos no da a Colombia ninguna indemnización por la separación de la provincia de Panamá y en cambio, si se obliga al gobierno colombiano a que reconozca las fronteras de ese nuevo país. Y a que acepte de ese gobierno la suma de 2 y medio millones de dólares, como aporte en pago a la deuda pública colombiana, renunciando a cincuenta mil acciones en litigio de la Compañía Francesa del Canal, que nunca Panamá ha poseído. (2) Reyes da por concluida la entrevista y se retira pensativo. -“Es un poco lo que percibí en mi última gira”, se dice.

En la Asamblea Nacional que él había conformado a su antojo en Marzo de 1.905, exactamente cuatro años atrás con el fin de legitimar su gobierno ejecutivo, ahora uno de sus turibularios y aduladores más reconocido Luis Cuervo Márquez, grita para la historia este docto aunque poco convincente argumento: “O imitamos a Grecia que solo vino a reconocer a Persia 2.000 años después de la invasión de Jerjes, o imitamos a Inglaterra que reconoció la separación de los Estados Unidos seis años después. Y concluyó: ¡Así proceden los pueblos grandes!”(3)

Sin embargo la repulsa popular continúa. Al dictador no le tiembla el pulso y ordena emplazar ametralladoras en palacio y detener a los dirigentes estudiantiles y populares “revoltosos”, como cuando en marzo de 1905 ordenó sin pestañear el fusilamiento de los atacantes que le habían disparado un mes atrás en barro colorado “en las goteras de Bogotá”.   

 Al día siguiente 13 de marzo de1.909, cita un concejo de ministros que encuentra la fórmula salvadora: Rafael Reyes presenta renuncia a su cargo de presidente de la república y deja encargado a su “compadre” Don Jorge Holguín, quien a su vez retirará los Tratados de la Asamblea Nacional y le dará tiempo para escabullirse a Santa Marta y tomar el primer barco con destino a Europa.

Días después durante su silencioso viaje hacia el mar que lo llevará a Europa, recordando sus peripecias en las selvas del Putumayo como cauchero exportador e inmisericorde explotador y esclavizador de indígenas; hace una única parada en Puerto Wilches con el fin de entrevistarse con su viejo amigo y copartidario el general conservador de la guerra de los mil días Ramón Gonzáles Valencia, con el fin de advertirlo y ponerlo al tanto de la situación, pero por sobre todo, para garantizar la continuidad del poder teocrático instaurado por su protector Rafael Núñez  .

Ya lo había advertido en la Asamblea Nacional, en una de esas discusiones sobre los Tratados, un asambleísta perspicaz, el diputado Tavera cuando gritó iracundo: “¿Qué quieren? Ya no son ni Andrés Bello, ni Calvo, ni Blunstchli quienes rigen en materia de intereses internacionales: Ahora son los cañones y las rémingtons” (4). Había descrito en pocas palabras la doctrina Monroe, bajo la cual se le amputaba a Colombia la provincia de Panamá, y, mediante “decretos ejecutivos” la introducía a la fuerza, en el actual capitalismo industrial y financiero internacional. (5).

Alberto Pinzon Sánchez

Notas:

1) Eduardo Lemaitre. Rafael Reyes. Editorial Espiral Bogotá 1967. Pág. 356

2) Lemaitre, ob cit, pág. 370

3) Lemaitre, ob cit, pág. 372.

4) Lemaitre, ob cit, pág. 373.

5) Darío Mesa. La vida después de Panamá. (1903-1922). Manual de Historia de Colombia. Colcultura. Bogotá 1982. TIII.

Alberto Pinzon Sánchez

Fuente: Blog de Alberto Pinzon Sánchez, 19 de septiembre de 2015

Alberto Pinzón Sánchez, Médico - Antropólogo. Participó en la Comisión asesora de los diálogos de paz de San Vicente del Caguán, entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, durante el período 1998-2002

Artículos de Alberto pinzón Sánchez publicados por La Pluma:

 

Gonzalo Jiménez de Quesada, creador del “alma” colombiana. Memoria Histórica

Colombia: Y la guerra contrainsurgente continúa

Reflexión de las elecciones en Colombia: “Lucha de masas y nada de aventuras”

Colombia: El dolor de muelas

Colombia: La bajeza de su alteza

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Conferencia debate: Dialogos de Paz, Tierra y Territorio (Video)

Tierra, Territorialidad y proceso de Paz

Colombia: Desmobilización, carcel o tumba

 

Palabras clave:Colombia  memoria histórica  general Rafael Reyez  dictador  Tratados Internacionales  corrupción  torturas  asesinatos selectivos  estudiantes  artesanos  plebe  Panamá  Alberto Pinzon Sánchez  

Actualizado ( Domingo, 04 de Octubre de 2015 21:02 )  

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