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Jerusalén: ¿cómo se construyó la capital de Israel?

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aut_5930BisNo sería posible el reconocimiento, por parte de la Administración usamericana, de Jerusalén como la capital de Israel sin la estructura fundamental que los israelíes imponen en el terreno.  La estrategia israelí resulta evidente: modificar la realidad al tiempo que se reformula la legislación de acuerdo a la nueva realidad creada, para después (sirviéndose de la situación legal “nueva”) consolidar y ampliar la injusticia.

Israel se encarga de crear en el terreno realidades que llevan la legalidad a un lugar donde carece de toda lógica y contacto con la realidad. En este sentido, tensa hasta romper la línea que separaría el “De jure” (por derecho) del “De facto” (por hecho), convirtiendo la legalidad en algo ridículo.

Con estas palabras, por ejemplo, explica el presidente usamericano su decisión: “Jerusalén es la sede del gobierno israelí actual, es donde están el parlamento, la Knéset, y el tribunal superior de Israel. En Jerusalén, se encuentran las residencias del primer ministro y del presidente, así como diferentes ministerios gubernamentales”. Mediante estas palabras, el presidente de los EEUU describe la realidad como si se tratase del destino de la ciudad, y no el producto de las estrictas medidas que aplican los israelíes metódicamente, las mismas que enmarcan la injusticia dentro de la legalidad. De esta forma, nos quedamos colgados entre, por un lado, el menosprecio a declaraciones que consideramos que nada cambian porque la situación ya es mala de por sí, y, por otro, las que exageran su importancia, considerando que tendrán un efecto fatal en el mundo.      

El reconocimiento trae consigo varias circunstancias que requieren un extenso debate; o, tal vez, iniciativas y acciones radicales que movilicen, de una vez, el estado exánime de la política palestina. El desastre no es únicamente la vergonzosa reacción de los dirigentes palestinos, los mismos que han convertido el lamento en su política y estrategia, sino el abandono de Jerusalén y su población, mediante una acción política paralizada en complicidad con la devastación social que impone Israel, de forma efectiva y sistemática. El desastre real, a día de hoy, no es la resignación y el servilismo ante la decisión de los USA, sino la prolongada muerte clínica ante los manifiestos proyectos israelíes, en Jerusalén, y los evidentes logros que Israel alcanza sobre el terreno; como son la expulsión de los palestinos de la ciudad, el robo (en el sentido más cobarde y vil de la palabra) de casas, propiedades y tierras, la demolición de casas, la construcción del muro de separación, la conexión de la ciudad con las colonias israelíes de Cisjordania y la consolidación de un sistema político, económico y legal que convierte el regreso de los palestinos en algo imposible.

 


1948: El año de la ocupación de Jerusalén

Los sionistas consideran Jerusalén la capital de su estado desde la ocupación de los barrios palestinos de la zona occidental de la ciudad, en 1948. En barrios como Qatamon, Talbiya o Mamilla, entre otros colonizados por los sionistas, la población fue desalojada, como en los pueblos de Deir Yassin o Al-Qastal, en los alrededores de Jerusalén. El sionismo modificó la zona occidental de la ciudad y consumó el proceso de judaización adueñándose de las propiedades de los refugiados, mediante la aplicación de la ley de “Propiedad de Ausentes”, aprobada en 1950. Ley que permite la confiscación, por parte del estado, de las propiedades de cualquier persona que saliese del “Estado de Israel”, después de noviembre de 1947, a un “estado enemigo”, o a alguna zona de la “tierra de Israel” bajo el control de una “fuerza enemiga”. Por lo tanto, esta ley se aplica a cualquier palestino que se refugió en Líbano, en Siria o en Jordania, en su momento, o, incluso, en Cisjordania o la Franja de Gaza. En Jerusalén, la aplicación de esta ley, insólita e injusta, ha proliferado hasta la actualidad.

El lado oriental de la ciudad fue considerado, por Israel, como zona “enemiga” después de la Nakba, de forma que cualquier palestino que viviese en una casa de algún barrio oriental de la ciudad perdía, automáticamente, todas sus propiedades en los barrios occidentales sin la necesidad de desplazarse de Jerusalén. A los jerosolimitanos se les dibujó una línea de armisticio (en el año 1949, y que se ha denominado “frontera del 67”) entre su casa y su terreno de enfrente, existiendo entonces la posibilidad de perder el terreno si éste se encontraba en la parte occidental de la línea del armisticio y el propietario en el lado oriental. Es digno de mención que el Tribunal Superior israelí aprobó, en 2015, la aplicación de esta ley a las propiedades de los barrios orientales de Jerusalén, ocupados en 1967. Mediante este juego legal, los habitantes de Cisjordania perderían, por ejemplo, todas sus propiedades situadas a unos metros de distancia… en Jerusalén.

El sistema legal que hace imposible la división de Jerusalén

Los israelíes culminan el proceso de ocupación de Jerusalén en el momento que pasan a controlar los barrios orientales de la ciudad, en el año 1967. El gobierno israelí, el 28 de junio de 1967, adoptó una resolución para aplicar la legislación israelí al conjunto de barrios de la ciudad, o lo que se conoce como la “anexión” de Jerusalén Este. Tras la resolución, Israel concedió a 65000 palestinos del este de la ciudad la “residencia permanente”, sin otorgarles la nacionalidad. Desde entonces, y pese a las críticas internacionales que supuso este paso, Israel ha consolidado una legislación que tiene como objetivo claro preservar la “situación actual” e impedir cualquier  amago de renuncia a Jerusalén.

El parlamento de Israel promulgó, en el año 1980, la ley fundamental “Jerusalén capital de Israel” (en Israel, las “leyes fundamentales” tienen el estatus de “constitucionales” debido a la ausencia de constitución); ley fundamental que establece a Jerusalén, “en su totalidad y unificada”, como capital de Israel y sede de la presidencia, del gobierno, del parlamento y del tribunal superior (por lo que parece, Trump se ha aprendido al dedillo la legislación israelí).

Por otra parte, y después de la firma de los Acuerdos de Oslo, el parlamento israelí añadió tres cláusulas a la ley fundamental. La primera impide el traslado a Jerusalén de cualquier jefatura, gubernamental o política, extranjera. La segunda reconoce como superficie de Jerusalén la superficie que se delimitó el 28 de junio de 1967 (que incluye Jerusalén Este y Oeste); y la tercera protege a las dos anteriores e impide su modificación únicamente por encima de los 61 votos en el parlamento (de un total de 120), siendo un procedimiento casi excepcional en el derecho constitucional en Israel.

En 2014, se agregó un nuevo estatuto para asegurar la adhesión de Jerusalén a Israel, “el Referéndum General”, que condiciona la cesión de cualquier territorio bajo la soberanía de Israel a un referéndum. Además, el parlamento de Israel blindó esta ley, con una condición excepcional por la que se necesitaría una mayoría de 61 votos para su revocación. El mes de julio de 2017, la Knéset aprobó la primera lectura de una ley que dificultaría aún más la renuncia a alguna zona de Jerusalén, en el caso de una hipotética “partición de Jerusalén” se necesitaría una mayoría de 80 diputados, de un total de 120 que forman la cámara. Estas leyes que imposibilitan la partición de Jerusalén, o la transferencia de algunas zonas para beneficio de la Autoridad Palestina, le quitan todo el sentido a las negociaciones.

Desplazamiento, demolición y colonización: los clásicos israelíes

Recientemente se han planteado numerosos proyectos de ley, como el de “la Gran Jerusalén” o “Jerusalén y sus hermanas”, que aspiran a conectar las colonias israelíes, que rodean Jerusalén en Cisjordania, con zonas que se adentran en la ciudad. El objetivo de estos proyectos de ley es, abiertamente, sumar el número de israelíes judíos, 230000, que viven estas colonias a los habitantes de Jerusalén.

Mientras tanto, paralelamente, a 14595 palestinos se les ha retirado la residencia permanente, desde el año 1967 hasta el final de 2016; hecho que no implica únicamente la expulsión de estas personas de Jerusalén, sino que conlleva el abandono de sus familiares de la ciudad y la expropiación de sus propiedades, de acuerdo a la ley de “Propiedad de Ausentes”, que el Tribunal Superior israelí permite que se aplique en los barrios orientales de la ciudad. Existe una ley, de “Ciudadanía y Admisión”, por la que se impide la reunificación familiar a las familias palestinas, en el caso de que uno de los cónyuges sea de Cisjordania, y el otro u otra de dentro de la línea verde[1]. Dicha ley rompe los vínculos de miles de familias palestinas, en especial en Jerusalén, dada la proximidad geográfica, social y vital de la ciudad con Cisjordania, lo que conduce a que miles de palestinos se vean obligados a abandonar la ciudad y trasladarse a Cisjordania para poder vivir con sus familiares. Finalmente, de esta forma, pierden la residencia permanente en la ciudad, puesto que han “modificado su espacio de vida”.

Proyectos de ley, como el de “la Gran Jerusalén” o “Jerusalén y sus hermanas”, que van de la mano de otras medidas que, en el terreno, conectan las colonias de Jerusalén entre ellas y con el centro de la ciudad, como la red de tranvía o la construcción y ampliación de diferentes autopistas que facilitan la conexión entre las colonias situadas en Jerusalén y las que se encuentran en Cisjordania, al norte (Ramallah) y al sur de Jerusalén (llegando a Belén y Hebrón). Al tiempo se dificulta la articulación de la vida palestina en la ciudad, mediante innumerables medidas y mecanismos, como son las “zonas verdes”, los “parques nacionales” y las zonas militares, o el muro de separación, denominado  “envoltura” de Jerusalén, que separa el campo de refugiados de Shuafat y Kefer Aqab del resto de los barrios de Jerusalén (¡con una población de aproximadamente 140000 personas!).

Quizás una de las políticas más peligrosas es la expoliación de la Ciudad Vieja de Jerusalén, que se incrementa a diario por medio del desalojo de casas y locales comerciales, bajo supervisión militar, y su posterior transformación en colonias (siendo Ariel Sharon uno de los primeros colonos de la Ciudad Vieja). A lo que hay que sumar el cierre de cientos de locales comerciales, lo que supone más de 300 locales cerrados en el centro económico, social y geográfico de la ciudad. Dicha política incluye, obviamente, la usurpación del al-Haram ash-Sharif, o la explanada de las Mezquitas, como símbolo primordial de la presencia palestina en Jerusalén.

Las autoridades israelíes, en el año 2016, demolieron 136 edificios de palestinos, de los que 88 eran viviendas, y continúan las demoliciones metódicamente, la mayoría de ellas, bajo el pretexto de que fueron construidas sin los permisos necesarios. Cabe mencionar que la abrumadora mayoría de las solicitudes rechazadas por el ayuntamiento son de palestinos. En una entrevista al sitio web Arab 48 el presidente de Markaz al-Quds, Ziyyad al-Hammuri, advierte de las 20000 órdenes de demolición a edificios e instalaciones de palestinos, así como estima que los palestinos de Jerusalén necesitan, a día de hoy y para para dar fin a la asfixiante crisis que padece la vivienda, algo más de 40000 viviendas. Por otro lado, las autoridades israelíes proporcionan ventajas tributarias y económicas fantásticas a los colonos israelíes, cuyo número asciende actualmente a cerca de 530000, de estos, 250000 en la zona oriental de Jerusalén, el número de colonos, en esta zona de la ciudad, se reducía a cero en el año 1967).   

¿Qué significa que Jerusalén sea la capital de Israel?

Lo mencionado anteriormente no es más que una parte del crimen perpetrado por Israel en Jerusalén, para profundizar en los detalles (como son la catástrofe educativa, la denigrante pobreza, el trabajo infantil, la situación de las instalaciones sanitarias o la abominación que suponen las penas de cárcel de años que se imponen a niños y jóvenes sin haber cometido ningún crimen, éstas y otras situaciones que son inconcebibles para la razón) necesitaríamos extensos volúmenes para definir el impacto del desastre.

La terrible multitud de procesos legales, en diferentes ámbitos y como prueba evidente de lo que viene practicando Israel en Jerusalén, es el resultado de la habilidad del régimen sionista para construir una complicadísima red de políticas, de una pasmosa precisión en los detalles, en el conjunto de ámbitos de la vida diaria desde la ciudadanía a la vivienda, la educación, el trabajo, las antigüedades y la cultura. Para esto, Israel, perspicazmente, cambia a su gusto aplicando el derecho internacional o leyes constitucionales u ordinarias, reglamentos administrativos u órdenes militares, decisiones judiciales o prácticas no referidas ni documentadas. Con lo que Israel crea una realidad que imposibilita, prácticamente, una respuesta legal a este sistema.  

Esta extensa red de crímenes se comete contra la gente, por esta razón el debate, en torno al reconocimiento de los USA de Jerusalén como capital de Israel, debería trasladarse al lugar que merece en la vanguardia del discurso político. Quizás, el peligro más inminente, directo y terrible sea la luz verde que significa la decisión de Trump, para seguir adelante con las prácticas que viene implementando Israel. Pese a lo que argumenta Mahmoud Abbas respecto a la declaración de los EEUU, “de que no cambia nada”, al contrario, cambia y mucho. El alcance del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, no es simbólico, ni legal ni algo que impida las negociaciones (como alega la comunidad internacional, y a lo que nosotros respondemos con sencillez), es una cuestión que concierne a la vida de la gente, a sus casas y a su permanencia en la ciudad, al futuro de los niños que padecen, a diario y en su piel, “el esfuerzo de Israel por mantener la unidad de Jerusalén” mediante el asesinato, la demolición de viviendas, la expulsión, el terrorismo, la cárcel y la ausencia de esperanza.

NdT

[1] Refiriéndose al territorio ocupado por Israel en el año 1948.

Majd Kayyal مجد كيّال

Original: القدس: كيف تُبنى العاصمة الإسرائيليّة؟

Traducido por Miguel Llabrés García

Editado por Ana Abarquero

Fuente : Tlaxcala, 18 de febrero de 2018

 

Palabras clave:Jerusalén/Al Qods  Ocupación sionista  Palestina/Israel  Capital de Palestina  USA  Majd Kayyal مجد كيّال  

Actualizado ( Viernes, 23 de Febrero de 2018 22:20 )  

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