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«Un perfume de lacrimógenos, de amor y de revolución»: Túnez, 7 años más tarde; Retrospectiva y testimonios

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Capture_jenny__varios_autoresBisUna toma de pulso

Cuando aterricé en Túnez, en mayo de 2014, no sabía en absoluto a qué atenerme. El país era un centro turístico oriental para numerosos griegos, hasta antes de la crisis económica. Pero, para la mayoría, entró completamente en nuestro mapa el 17 de diciembre de 2010, el día en que el pobre vendedor de verduras,

Mohamed Bouazizi, se inmoló con fuego, en la plaza pública, en Sidi Bouzid. Une ciudad olvidada dónde las personas vivían olvidadas, como en todo el interior tunecino. El joven Mohamed, 26 años de edad, murió el 4 de enero de 2011 y fue el primer mártir de la «Primavera árabe», como los medios de comunicación occidentales se apresuraron a bautizar lo que, para los Tunecinos, siempre será su Revolución.

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Las calles no se habían inflamado en una noche. Tres años antes, en enero de 2008, los obreros de las minas y  los diplomados desempleados  se sublevaron en Gafsa, una «ciudad-infierno» industrial, contaminada, dónde los maestros no querían ser nombrados, ya que el calor tórrido y el desempleo récord (40%) vuelven a la gente loca. Era pan, trabajo y  dignidad que la gente reclamaba en Gafsa. Les movilizaciones duraron seis meses enteros y se consideran las premisas de la revolución de2011. Tres muertos, decenas de heridos y centenares de detenciones fueron el balance de la violenta represión del régimen de Ben Ali. “Pero en ese entonces, no había las redes sociales, ni Al Jazeera. Por lo tanto, ustedes nunca fueron informados de este levantamiento”, me dice un activista tunecino.

 

Fred Dufour/AFP

La revolución de 2011 liberó los espíritus, las lenguas y a la gente. Los tunecinos vivieron la fuerza irreprensible del levantamiento de masa. Los periodistas y los blogueros pudieron firmar por primera vez sus textos; los grupos sociales, como los tunecinos  negros, comenzaron a hacerse visibles, jóvenes músicos se unieron para cantar la democracia, un caricaturista político durante mucho tiempo perseguido, hizo una exposición junto al palacio presidencial mientras que nacía el primer medio independiente de investigación y que medios de comunicación independientes de jóvenes periodistas prohibidos por el antiguo régimen  volvían a tener voz. Cualquiera que sea el tunecino a quien se le plantea la cuestión, le dirá que el acervo más grande de la revolución, es la libertad de expresión, las bocas que se liberaron y activaron los músculos del pensamiento.

Probablemente oíste decir  que Túnez es la success story de la «primavera árabe», pero para los hombres y mujeres jóvenes que viven en ella, la ven a menudo como una «prisión abierta» y a veces muy a menudo que el sueño está muy cerca de la fuga. La palabra harga, que significa «quemar», es una palabra constantemente pronunciada por los tunecinos. Quemar las fronteras, quemar sus documentos, en cualquier caso,  habla del viaje sin documentos con destino de «Eldorado».    Recién llegada al país, me había parecido extraño escuchar que la mayoría de quienes abandonaron el país sin documentos con destino a Europa, fueron registrados en los primeros días tras la caída del dictador Ben Ali. Solamente para el año 2011-12, se estima que 1.500 tunecinos han desaparecido en el mar. El sueño y la libertad estaban identificados por Europa. Los tunecinos no se sentían  ciudadanos en su propio país y no fue hasta después de la revolución que reivindicaron con fuerza el derecho a la ciudadanía.

Fethi Belaid/Getty Images

Durante los dos años y medio que viví en el país, encontré tunecinos que, comiendo nada desde hacía varios días, habían robado melones en los campos de Evros; escuché la música de Zorba el Griego muy bien tocada   en un kiosco cuyo dueño debía casarse con una griega, pero ella lo estafó;  Fued me ofreció la comida, él que había abandonado el «cementerio de los sueños» para un mejor futuro y terminó convirtiéndose en  traficante de emigrantes en las montañas de Grecia del Norte.

Numerosos europeos viven en Túnez, sobre todo los franceses y los italianos. Vienen a trabajar en las ONG, aprender el árabe y realizar investigaciones para su tesis doctoral, puesto que Túnez es ahora el tema preferido de las ciencias sociales y humanas. Si se viaja de Norte a Sur, las fronteras están abiertas. Para ser más preciso, por 300 euros, incluso no hay necesidad de visa, y, en algunas horas, vas de Atenas a Túnez. Para viajar desde Túnez a Europa, las millas náuticas son pocas pero, el pasaporte verde – y no, el tan «deseado» pasaporte europeo rojo bordó- dificulta obtener una  respuesta  favorable a la solicitud de visa  o incluso la imposibilita.

Grafiti  sobre la revolución en la conservadora ciudad de Kairouan. Junio de 2014. Foto Jenny Tsiropoulou/ThePressProject

Políticas a la Ben Ali, en el envoltorio democrático

Es el 7 de noviembre de 1987 que Ben Ali coge las riendas de Túnez, tenidas desde 1956 por el  presidente Habib Bourguiba, por un «golpe de terciopelo». Cambió la Constitución para prolongar su mandato, mientras que era elegido, unas veces sin adversario, otras con el 90% de los votos.

El 14 de enero de 2011, diez días después de la muerte del pequeño comerciante de legumbres, los tunecinos lloraban de alegría en las calles gritando ¡Vete! Ben Ali se embarcó en un avión y huyó hacia el exilio dorado de Arabia Saudita, después de haber pasado 23 años en el poder.

Después de la caída del dictador, el gobierno del país pasó al partido islamista Ennahdha - cuyo jefe estaba exiliado en Londres desde 1989. ¿Pero, por qué un partido islamista (cercano del partido AKP de Erdogan) adquirió un 37% de los votos en las primeras elecciones libres, después de una revolución que pedía la libertad? En este artículo no analizaremos la cosa en detalle,  pero la respuesta podría buscarse en el hecho de que, desde 1956 – año en que Túnez obtuvo su independencia de Francia - el país había sido gobernado por las élites francófonas  sometidas a los modelos occidentales. El primer Presidente, Habib Bourguiba, controvertido (para algunos, un dios, para otros, un dictador) aparecía en la televisión durante el Ramadán, bebiendo a sorbitos un refresco de naranja a la hora del ayuno. Luego, durante décadas, el régimen de Ben Ali arrojó a la cárcel o torturó los islamistas. Las barbas y el velo estaban prohibidos. Y todo lo que estaba prohibido, estalló generosamente después de 2011. «El velo pasó a ser la moda», me repitieron, preocupadas, numerosas tunecinas.

Jenny Tsiropoulou/ThePressProject

En octubre y noviembre de 2014, los tunecinos metieron de nuevo el dedo en la tinta azul de las elecciones, en un ambiente de euforia, para las primeras elecciones parlamentarias y presidenciales libres del país, convencidos de que, en adelante, debían descartar los islamistas. Y lo lograron. Los centristas laicos de Nidha Tounes ganaron las elecciones parlamentarias, mientras que su dirigente, 87 años de edad, se convirtió en  presidente. Los grandes medios occidentales, demostrando una vista verdaderamente corta, escribían: «La transición de Túnez a la democracia  se ha completado».

La fiesta en las calles perdió bruscamente su respiración. En efecto, rápidamente, el paisaje recordaba la era Ben Ali y los que osaban perturbar el «no altere mi calma» del gobierno, denunciando las violencias de la policía, del ejército o de funcionarios, se encontraban en prisión, en un guiño de ojo. Era además especialmente habitual que los activistas conocidos fueran acusados «por un golpe de varita mágica» de detención de marihuana, delito cuya pena no es convertible en multa pecuniaria, en Túnez.

Para consolidar los escépticos, en septiembre de 2017, el gobierno aprobó una ley de amnistía para los oligarcas y los polítiqueros de Ben Ali que fueron acusados de corrupción, a cambio de la repatriación de su dinero en Túnez y de una determinada multa.

2015 fue un año sangriento en que la historia del país fue escrita por tres atentados terroristas, en el Museo del Bardo, en la cosmopolita playa de Susa en el centroriental y en un autobús de la guardia presidencial que se encontraba en el centro de la capital. Tras los atentados, el gobierno impuso un toque de queda y la gente tuvo que encerrarse en la casa, a menudo a partir de las 6 de la tarde hasta la mañana siguiente. En marzo del mismo año, el Estado instauró «restricciones arbitrarias» denunciadas por organizaciones internacionales relativas a las mujeres y los hombres menores de 35 años, prohibiéndoles dejar el país sólo  a causa de su edad. Todos eran considerados como terroristas potenciales que podrían  probablemente buscar refugio en Libia, para seguir su entrenamiento. Esta violación del derecho internacional y del sentimiento de justicia social hizo estallar la cólera de los jóvenes que eran devueltos a sus hogares de las fronteras y aeropuertos, incluso si disponían del documento necesario de consentimiento paterno, cancelando así incluso sus estudios en el extranjero.

Jenny Tsiropoulou/ThePressProject

Pero, los tunecinos no abandonaron. «No debemos hacerles regalo de nuestra libertad, porque  luchamos para conseguirlo. Somos la vida», me dijeron, cubiertos con banderas rojas y blancas.

En Túnez, conocí a jóvenes que organizaban debates filosóficos en los parques, artistas que organizaban festivales de música en las granjas, jóvenes directores de cine que ganaron premios en festivales como el de Atenas, gays que luchaban públicamente, sin importarles el precio, para despenalizar la homosexualidad, obreras que se autorganizaron para  mantener abierta una fábrica en quiebra, mujeres impacientes de casarse con su novio no musulmán-derecho apenas conquistado en 2017, mientras que para los hombres no había restricción similar-y vi a los adolescentes enamorados, pasearse de la mano, contra las costumbres del espacio público. Escuché historias en barrios pobres, contadas por padres ateos cuyo hijo se convirtió en yihadista debido a la decepción y a la marginalización económica y social.

“Vivíamos siempre libremente, éramos como un país europeo. ¿Cómo habíamos llegaron allí? ”, se preguntaba Khalifa. Para una persona que vivió en Túnez con las iglesias, las sinagogas y su gente que te desea «Feliz Navidad » ofreciéndote al mismo tiempo dátiles, independientemente de su confesión, y cuscús al pescado, en el Ramadán, en la primera lectura, esto parece muy paradójico, que el país sea el primero en términos de exportación de yihadistas.

Jenny Tsiropoulou/Magazine METRO 

En este país mediterráneo donde dominan los olivares y las palmares, la gente es educada, con la mente abierta y acogedora. Le abren las puertas de su casa y ponen sobre la mesa su mejor servicio para el extranjero. Las muchachas y muchachos se divierten, beben Celtia – la cerveza local – en abundancia y bailan en los bares hasta la madrugada. Las muchachas que llevan el velo toman té y hablan fuerte con muchachas sin velo, mientras que los cafés, tradicionalmente ocupados por los hombres, están todo el día llenos de asiduos que discuten de política, como para recuperar todos estos años de silencio.

Christopher Furlong/Getty Images

Murieron 338 personas y 2.147 resultaron heridas, en 2011, en nombre de la Revolución y de la libertad. 2 sobre 3 fueron asesinadas a balazos y 8 sobre 10 eran menores de 40 años. La gente y las calles de Túnez no serán nunca más como antes.

 Testimonios

“El lema escrito sobre una empalizada de la avenida Bourguiba - «Túnez, sola democracia del mundo árabe» - desapareció desde hace mucho tiempo: en su lugar se yergue el edificio aplastante de un banco. Este símbolo lo dice todo. Túnez, como Grecia, está a merced de la ley de los bánksters”

Rim Ben Fraj, 33 años periodista precaria

Ese viernes 14 de enero de 2011, en medio de la muchedumbre que se había concentrado en la avenida Bourguiba, delante del Ministerio del Interior, encontré a mi profesora de árabe y a mi profesor de filosofía del liceo. Ella me  dijo: «Recordad bien estos momentos, vosotras se lo contaréis a vuestros hijos». Me había levantado hacia las 9, despertada por el ruido de los helicópteros que giraban sobre el barrio. Vivíamos entonces detrás del Ministerio del Interior. Nos habíamos dormido la víspera con el ruido de fondo de los «manifestantes» que a pesar del toque de queda, habían barrido la avenida Bourguiba para aclamar a Ben Ali, que acababa de hacer su último discurso televisado, lanzando el famoso «Los he comprendido».

Mi padre llamó hacia las 10: «Chicas, estoy en  la avenida Habib Bourguiba, estamos manifestando contra Ben Ali, encontrémonos allí». Nos precipitamos a la calle, con una mezcla de miedo y entusiasmo. Una chancleta azul marina yace en medio de la calle. Dos polis nos dicen: «Prohibido pasar». Grito: “¡Vamos a pasar, vamos a encontrarnos con nuestro padre!”
Nuestro padre está delante del Hotel África, gritando consignas con la muchedumbre. Al Jazeera filma. Veo a muchos amigos y conocidos.  Las horas que siguen son de una confusión total: avanzamos, retrocedemos, cambiamos de acera, nos  refugiamos en tiendas, huimos  por las calles perpendiculares a la avenida, volvemos de nuevo, todo ahogado en las nubes de gas lacrimógeno. Por último, en la tarde, la noticia se extendió en todo el país: «Tomó el avión, se fugó».

La imagen que guardo  de este día 7 años después, es la de mi padre, surgiendo con su largo abrigo de una nube de lacrimógenos, como Superman, para salvarnos de la furia de los tombos. Nunca había visto tal rabia. Y continuaron con la misma rabia en los meses que siguieron a la fuga del dictador.

¿Dónde estamos nosotros, la generación que hizo esta revolución?

La mayoría, como yo, seguimos siendo precarios, acumulando experiencias y decepciones. Una pequeña minoría se hizo su lugar en la burocracia de las ONG subvencionadas, otra minoría emigró.

Nuestra experiencia nos hace pensar que la gente en el poder - que son casi los mismos que los de antes de la revolución, simplemente «actualizados» - hacen  todo lo posible para asquearnos  y empujarnos a tomar el avión para ir a  otros lugares. El número de estudiantes tunecinos que se beneficiaron de Erasmus triplicó, pero los visados Schengen siguen siendo difíciles de obtener.

El lema escrito sobre una empalizada de la avenida Bourguiba - «Túnez, sola democracia del mundo árabe» - desapareció desde hace mucho tiempo: en su lugar se yergue el edificio aplastante de un banco. Este símbolo lo dice todo. Túnez, como Grecia, está a merced de la ley de los bánksters.

Por supuesto, hoy se puede decir y escribir (casi) todo, pero la actitud de la mafia en el poder se resume a: «Sigue hablando, tú me interesas.»

Rebeliones locales se suceden ininterrumpidamente. Rara vez dan resultados tangibles.

Hay movimientos que intentan bloquear las iniciativas más monstruosas del nuevo régimen - una extraña coalición de antiguos benalistas,  de «tecnócratas», de «demócratas» y de islamistas -: por una parte la ley de reconciliación financiera, destinada a blanquear los crímenes económicos cometidos bajo el antiguo régimen, por otra parte el proyecto de ley dando más poder a la policía. Dos colectivos se crearon contra estos proyectos. El combate sigue, en Túnez como en Grecia, contra los que aplican el proverbio otomano «Besa la mano que no puedes morder». Y a los que tienen la nostalgia del antiguo régimen - «al menos había orden» -, solo podemos responderles una cosa: El desorden de las multitudes es siempre preferible al orden de los cuarteles y las prisiones.

“Las personas que no están acostumbradas a la libertad de expresión ni a  la democracia, ven con mucha nostalgia los períodos de Ben Ali y Bourguiba. Están a la búsqueda del «padre» protector”

Anis Mokni, 36 años, profesor de lenguas extranjeras y traductor

Tras la fuga del dictador tunecino, los medios occidentales y principalmente los medios franceses, pretendieron asignar un calificativo a la revolución/cambio/revuelta tunecina tal como ocurrió con la de los claveles (Portugal), los tulipanes (Kirguizistán), las rosas (Georgia) o naranja (Ucrania). Así es que no encontraron nada mejor que el jazmín para calificar nuestra revolución, lo que no le gustó a mucha gente que creía firmemente en el cambio de régimen y que cree haber sacrificado un montón de cosas para ver  por  fin este día, sacrificios que no pueden asimilarse a la finura del jazmín. Vimos en esta denominación, el reflejo del Túnez-tarjeta postal que la reduce a un destino turístico “Mar-sol” a 2 centavos. Estas personas necesitaban un calificativo que las proyecta en la era de las revoluciones donde la sangre corría a mares y el pueblo daba sus hijos para conocer un día mejor. Otros encontraron esta denominación  más bien «burguesa».

En cuanto a la denominación  de «primavera árabe», allí ya se está en una fase cronológica avanzada de las revoluciones/revueltas que ocurrieron en estos países llamados«árabes». Aquí, ya, incluso aquellos de apoyaron o adhirieron a la revolución tunecina, rechazaron este calificativo e incluso lo sustituyeron por «primavera hebrea». Ta sea por razones ideológicas (solidaridad de los nacionalistas árabes con los regímenes de Gadafi y Bachar al Asad, posición antiimperialista de izquierdistas tras los ataques de la OTAN en Libia) o por desencanto después de la llegada de los islamistas al poder (Túnez, Egipto) y el ascenso del integrismo islamista.

En los primeros días después de la fuga de Ben Ali, había muchas sensaciones inexplicables que la gente debió sentir por primera vez. Había un aire de amor, confianza y orgullo expresado en los rostros de la gente. Los primeros días, la gente salió voluntariamente a proteger sus barrios contra las amenazas de los bandidos y criminales que quisieron aprovecharse de la situación porla ausencia total de vigilancia. Recuerdo que la gente y sobre todo los jóvenes se organizaban espontáneamente para barrer las aceras de la avenida Habib Bourguiba y todo el mundo se encontraba para discutir. En estos primeros días, el pueblo sintió que podía realmente ser parte del mundo democrático, que podía hablar libremente y tener una vida política digna de los países occidentales. La gente respetaba espontáneamente los paneles de señalización en la carretera, los polizones pagaban ahora sus billetes en los transportes públicos, expresando así su «buena ciudadanía», los jóvenes y menos jóvenes comenzaron a organizar visitas «de agradecimiento» en las ciudades del interior por sus sacrificios humanos y su lucha diaria en los días de la revolución contra los agentes y la policía del régimen. A raíz de eso, las excursiones hacia las regiones del interior se multiplicaban cada fin de semana para visitar «su país, su patria» organizadas por jóvenes sedientos de conocer “el otro” Túnez.

Había un impulso patriótico que dio mucha esperanza en  un Túnez mejor, una voluntad pura y sincera de mejorar las cosas. Sin embargo, la inmadurez política del pueblo, el control “de la retaguardia” y los hombres de la sombra del antiguo régimen en los medios, “la adolescencia” política y el egoísmo de los antiguos opositores que se convirtieron en los nuevos protagonistas de la escena política, eran todos los factores de incumplimiento de las expectativas y por lo tanto de una gran desilusión de muchos jóvenes. Se ven a cada vez más jóvenes, diplomados o no, con trabajo o desempleados, todos con  un único deseo: abandonar el país hacia cualquier destino

Mi sentimiento es sobre todo una sensación de decepción tras el regreso del mismo sistema, con nuevas caras pero utilizando las mismas prácticas como la propaganda mediática, las mentiras, las falsas promesas y sobre todo la reaparición de las prácticas “policiales” (violencia contra los ciudadanos, chanchullos, impunidad…).

La lucha contra la corrupción y los chanchullos (aduana, policía, funcionarios de ministerios, ausencia de transparencia en los contratos de explotación de hidrocarburos), la reducción de las desigualdades y las discrepancias entre las regiones, la débil infraestructura. Todos estos expedientes permanecen abiertos y sin un verdadero tratamiento por los gobiernos. El gobierno actual llegó al poder gracias a una campaña basada en el temor popular al terrorismo y no verdaderamente en un programa electoral razonable (ninguna promesa se realizó).

Un sabor de inacabado para una revolución tan prometedora pero que no alcanzó ningunas de sus promesas, de sus ambiciones. Hay una amargura que se ve sobre los rostros, engendrada no sólo  o principalmente por las dificultades económicas sino y sobre todo por el regreso del mismo sistema (rutina administrativa, burocracia, clientelismo, aduana corrompida, ausencia de un campo propicio a la inversión, ley de la reconciliación económica y administrativa que fomenta la impunidad y la corrupción, incapacidad de realizar transacciones con el extranjero como el servicio paypal, lo que retrasa y hace incluso imposible cualquier iniciativa de comercio exterior etc.)

Yo personalmente, estoy decepcionado por los tunecinos, o al menos una buena parte que demostró una falta de madurez, una ingenuidad y un egoísmo que no es digno de un pueblo que se dice portador de una civilización y adelantado respecto a sus vecinos en el ámbito de la educación y la cultura. Sobre todo aquellos que vivieron durante el período de los 2 primeros presidentes, dos períodos de dictaduras, las personas que no están acostumbradas a la libertad de expresión ni a  la democracia, cosa que los empuja a ver con mucha nostalgia los períodos de Ben Ali y Bourguiba. Están a la búsqueda del «padre» protector.

 “¿Cómo enorgullecerse de ser el único país donde la “primavera árabe” ha logrado cuándo a su alrededor todo está en ruinas?”

Abir Gasmi, 31 años, escenarista

Mi primera reacción cuando me propusieron hablar de la revolución fue la sorpresa. Tengo la impresión que ya hace mucho tiempo que no he escuchado esta palabra, ni en los medios de comunicación, tampoco en la boca de los políticos, ni en en la de la gente, en la calle, o incluso de los amigos que salían a manifestar, como también lo hice yo, antes y después de la partida de Ben Ali. De golpe esta palabra se guardó en un lugar oscuro de mi memoria, literalmente olvidada. Olvidada porque, si quiero ser totalmente honesta, está ahora vinculado a una mezcla de amargura y vergüenza. Vergüenza porque la gente pobre y perseguida de este país son aún más pobres y perseguidos que antes. Vergüenza porque el segmento del pueblo que no parecía estar molesto por la dictadura de Ben Ali nos acusa de haber perturbado su tranquilidad y hecho sus vidas difíciles. Vergüenza del comportamiento de algunos conciudadanos, que solamente el miedo del dictador mantenía bajo control. Vergüenza y rabia ante una clase política imbécil, incompetente, codiciosa y que no tiene ningún sentido de la patria. Por ultimo vergüenza y culpabilidad frente a lo que pasó en Siria, Libia, Yemen, Egipto. ¿Cómo enorgullecerse de ser el único país donde la “primavera árabe” ha logrado cuándo a su alrededor todo está en ruinas? (“Primavera árabe”, término inventado por Occidente que viene a sustituir a la revolución de la libertad y la dignidad…)

¿Por qué tengo dificultades a admitir cierto éxito a pesar de todo? Porque después de la fuga de Ben Ali, todo parecía posible, TODO. Un nuevo Túnez, el que nosotros, contestatarios e idealistas, habíamos soñado durante años y años. Un Túnez igualitario, pionero, creativo y audaz. Debíamos salir del yugo, saltar en el futuro. Había allí una brecha, que no se reproduciría nunca, y debíamos tragarnos, nosotros, los soñadores, con todo este impulso de vida y amor y de esperanza y… Y la brecha se volvió a cerrar, con demasiada rapidez, antes de que retomáramos nuestra respiración de las carreras en las calles del centro urbano de Túnez cuando los policías nos perseguían...

En la actualidad, no nos gusta nada, como dice el poema de Mahmoud Darwich. Sin embargo hoy podemos decirlo. Podemos decir muchas cosas, casi todo. Podemos crear, sin restricciones, sin miedo, por lo menos no del poder político. Podemos discutir de muchas cosas, de cosas inimaginables en otros países de la región, hasta el punto en que nos lo reprochan. Llevamos a cabo combates justos, perdemos a veces, pero también ganamos a veces. Y sobre todo, estamos por fin en nuestro país y no cederemos más. Por supuesto, hay violencia, tensiones, incluso terrorismo. Por supuesto, hay una fuga de cerebros, y emigración clandestina hasta no contar más los muertos en el Mediterráneo. Por supuesto hay miseria, injusticia, desigualdad. Por supuesto que eso hace mal, mucho mal, ya que en nuestro Túnez soñado eso podría haberse evitado. Pero hay también una juventud ardiente, asombrosa, inteligente, creativa, tenaz, que no se detiene ante los obstáculos. Se crean nuevas iniciativas todos los días, y todos los días se buscan soluciones, y todos los días se crece. Hay una sociedad civil extremadamente activa e influyente. Hay debates fundamentales, delicados y a veces generadores de conflictos, pero esenciales e inéditos para un país árabe. Hay leyes que pasan, y que son victorias incuestionables.

Termino a pesar de la amargura mencionando a un amigo que cita la película Gladiador:

« - Marco Aurelio:¿Y que es Roma, Máximo?

 - Máximo: He visto parte del resto del mundo. Es brutal y cruel, y oscuro. ¡Roma es la luz!»

Cartago es la luz.

“Es mejor vivir hoy en una sociedad libre enfrentada a problemas económicos que prosperar bajo un régimen fascista”

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Aymen Abderahmen, 29 años, periodista

Casi 7 años después de la revolución tunecina, las heridas permanecen abiertas y las preguntas permanecen sin respuesta. Como militante asociativo originario de la ciudad donde todo comenzó (Sidi Bouzid), he visto cambiar tantas cosas en mí y en todo el país, en todas partes, salvo en Sidi Bouzid, la cuna de la Primavera Árabe.

Sus habitantes hicieron todo lo que estaba a su alcance, pero parece que el gobierno central de Túnez no aprendió la lección. Persiste en favorecer la inversión en sectores poco rentables como el turismo balneario, descuidando al mismo tiempo este pilar fundamental de nuestra economía que es la agricultura. Cuando la gente del Sur protesta, se les trata de salvajes, de ingratos y de extremistas. Estas medidas condujeron y conducirán siempre al mismo resultado: la inestabilidad y el marasmo. Lo que no es sorprendente cuando se sabe que el partido dirigente no es más que la versión «actualizada» del régimen contra el cual los tunecinos se rebelaron.

Hace algunas semanas me di cuenta de algo divertido pero triste observando una de mis fotografía con dos amigos en una manifestación contra la corrupción en Túnez. Actualmente vivimos todos tres en el extranjero en 3 continentes diferentes. Tristemente, a pesar de los sacrificios hechos, la corrupción continua  sólidamente anclada en Túnez, varios años después de la revolución.

El gobierno finge capturar algunos « peces gordos », pero luego de algunos meses de silencio en los medios, los libera discretamente. Según sondeos y encuestas recientemente realizadas en Túnez, la gente tiene la impresión de que la corrupción está aún más presente hoy que antes de la revolución. Lo que es peor ahora, es la fuga de cerebros de los jóvenes tunecinos instruidos  y socialmente activos. No se les deja alternativa.

Los polítiqueros de hoy son idénticos a los de antes. Heredaron los mismos problemas y son igualmente incapaces de comprender la situación. El futuro de Túnez se basa en su sociedad civil, en sus jóvenes militantes políticos, que se encuentran en Túnez o en el extranjero, y en sus esfuerzos para abrir nuevos horizontes y para crear nuevos partenariados para el país.

Estar en las primeras filas de la revolución impone más altas exigencias. Tengo la sensación de que Túnez no ha logrado mucho por el momento, ¿pero lamento lo que pasó? Absolutamente no. Es mejor vivir hoy en una sociedad libre enfrentada a problemas económicos que prosperar bajo un régimen fascista.

Jenny Tsiropoulou Τζένη Τσιροπούλου

Various Authors - مؤلفين مختلفين - Auteurs divers- AAVV-d.a.

Original: «Μύριζε δακρυγόνα, έρωτα και επανάσταση»: Η Τυνησία 7 χρόνια μετά

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 13 de enero de 2018

Editado por Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Traductions disponibles : Français  English  Italiano 


Palabras clave:Revolución tunecina 2010-2011  Túnez  Jenny Tsiropoulou  

Actualizado ( Viernes, 19 de Enero de 2018 04:10 )  

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