Esto se debe a la aceleración del ritmo de estrés de la vida profesional y alto costo del tratamiento de los problemas sexuales psicológicos comprar-rx.online
Inicio Articulos Cultura Educacion


Colombia: Peripecias del muñeco de Año Viejo

E-mail Imprimir PDF

reinaldo-spitalettaBisUn recuerdo de infancia me lleva a vislumbrar en una esquina de fin de año a un hombre sentado. Bueno, en rigor no es un hombre, es su representación, vestido de ropas viejas, con tripas de trapo y pólvora (lo supe después), con ojos vacíos que miran sin mirar el tiempo último, los minutos contados. Su saco desvaído, sus zapatones desvencijados, recuerdan a un payaso obsoleto. Es una figura tristona, junto a la cual, un tipo de verdad, con traje de mujer y pañoleta oscura, llora sin consuelo como si fuera la viuda del muñeco de Año Viejo.

El_muneco_de_ao_viejo

Los muñecos de fin de año, parte de una cultura popular, hoy degradada, a veces daban la impresión de ser beodos en trance de irse al piso, con su botella de licor vacía en un bolsillo roto. El barrio giraba en torno a la confección de aquel símbolo del tiempo que moría el último día del año, con recolección de ropas de segunda, o quizá de tercera, en un ritual que aunaba muchachos y señoras, en una demostración de sociabilidad, alegría y teatralidad.

Los diseñadores del muñeco, que iban de puerta en puerta, también solicitaban monedas para la compra de explosivos y fuegos de artificio para rellenar el estómago del hombre de trapo que moriría (sin posibilidades de resurrección) a las doce de la noche del 31 de diciembre, en medio de llamaradas purificantes y detonaciones, con gritos desaforados de celebración. Con restos de sábanas blancas, ya curtidas, se formaba la fisonomía. Había expertos en pintar la boca, que en ocasiones tenía un rictus mortuorio, y en buscar sombreros viejos entre los señores de la barriada.

Había muñecos de fina estampa. A veces, según la imaginación y los recursos de los hacedores, se les ponía una rosa o un clavel rojo en el bolsillo de la chaqueta, que por raída que estuviera, con ese toque alcanzaba a darle al personaje dimensiones de dandi extemporáneo. O al sombrero se le ataba una cinta nueva, o se adornaba con alguna borla, quizá un sobrante de la ornamentación navideña. No faltaba el de gusto distinto que conseguía guantes para el muñeco. El caso es que, con el esperpento listo, se armaba una juerga callejera, de ires y venires —sin hacer “retenes” a veces amenazantes como los que hoy se estilan en ciertos sectores de la ciudad—, con una mezcla de ingenuidad y creación colectiva. Los preparativos comenzaban desde el treinta, para tener lista, por la mañana del treintaiuno, la representación final del tiempo viejo.

muneco_de_ano_viejo

Para algunos, muy avisados, el muñeco era como una suerte de golem, de materia prima con la que se podría, de acuerdo con la capacidad inventiva, darle vida a esa figura que adornaba el paisaje urbano de fin de año. Y, de hecho, en su construcción había una especie de creación divina, de soplo secreto, hermético, que era como la de la aparición mítica del primer hombre. El muñeco de Año Viejo pudiera parecerles a algunos un Adán anciano, que al fin de los tiempos había perdido el paraíso y terminaría en la nada y los ostracismos en la Nochevieja.

Tal vez sin saberlo, el rito con el muñeco de Año Viejo revivía una antigua inquisición, porque, sin condena explícita, el hombre de trapo finalizaría en el fuego, observado por multitudes vociferantes que gozaban viéndolo consumirse junto con el calendario. Y en la medida que se tornaba en cenizas, crecía el fragor de las explosiones de despedida al tiempo viejo y de bienvenida al nuevo año. Y en ese punto, el muñeco iba quedando en el olvido, se convertía en otra ausencia, en la nada, en lo que ya no es. Un adiós de lágrimas secas.

Aquellos muñecos de año viejo le daban razón al poeta que afirmaba: “el tiempo es la única verdad”. Una verdad que se diluía en el último segundo del año, para resurgir al segundo siguiente con una novedad, que a lo mejor seguía siendo vieja, el tiempo de siempre, el intranscurrible, el eterno. ¿Envejece el tiempo? ¿Rejuvenece acaso? Y a todas estas especulaciones, estaba a la vuelta de las hojas de calendario un interrogante fundamental: ¿qué es el tiempo?

Pero en aquellos días en que los relojes poco significaban, el muñeco de Año Viejo nos ponía a disfrutar de la luminosidad del fin del año, que era (o es) como la terminación de una etapa y el comienzo de otra. No pensábamos en incertidumbres ni azares. La vida transcurría, casi siempre en medio de juegos y algazaras. Eran día felices sin pensamientos en torno al incierto porvenir.

Una memoria de infancia me transfiere a espacios idos, a calendarios que ya no son, para ver en una esquina de fin de diciembre un muñeco de Año Viejo, que cuando lo miraba, me guiñaba un ojo, como diciéndome que algún día sabría lo que significaba el tiempo, pero entonces ya sería demasiado tarde.

En el muñeco fin de añero, hay una tristeza irreparable. Se le ve, exánime, sin esperanza ninguna, a la espera de su destino fatal. Su condena es ineludible. El patíbulo lo espera sin conmiseraciones. Y su muerte transcurrirá en medio de detonaciones y los alaridos festejantes de los demás.

El muñeco de Año Viejo, símbolo de lo efímero, de lo que es y dejará de ser, es o puede ser una manera de exorcizar el pasado, un ajuste de cuentas con un calendario que toca a su fin. Y, en medio del fuego final, la apertura a azarosos días que se envejecerán hasta convertirse, de nuevo, en un muñeco de trapo y zapatos viejos.

muneco_de_ano_viejo1

Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 31 de diciembre de 2017

Editado por María Piedad Ossaba

Artículos, ensayos y crónicas de Reinaldo Spittaleta publicados por La Pluma



Palabras clave:Muñeco Año Viejo  Tradiciones populares  Colombia  Abya Yala Reinaldp Spitaletta  

Actualizado ( Martes, 02 de Enero de 2018 22:34 )  

Otros artículos relacionados

Colombia : Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños...   

 Colombia: Manifiesto por la paz, hasta la última gota de nuestros sueños

Existe en el corazón de América un refugio humano abrazado a tres cordilleras, arrullado por exuberantes valles, frondosas selvas, y bañado por dos océanos... Leer / firmar manifiesto

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy4757
mod_vvisit_counterAyer75008
mod_vvisit_counterEsta semana143207
mod_vvisit_counterSemana precedente480170
mod_vvisit_counterEste mes1713469
mod_vvisit_counterMes precedente2043764

We have: 1185 guests, 69 bots online
Tu IP es: 54.234.45.10
 , 
Hoy es el 23 de Ene de 2018